Cultura

5 cosas sobre 'Interstellar' que molan (y que sus haters odian)

El estreno de la esperadísima Interstellar ha provocado, de nuevo, la ira de los haters de Christopher Nolan. Bien es cierto que él mismo ha alimentado ese odio, ya sea con educadas y altivas declaraciones que enfatizan su ansia de profundidad, como con sus propias películas, siempre alargadas y orgullosas, como él mismo. Interstellar cumple todos los requisitos de Nolan, porque dura casi tres horas y porque todo en ella es simplemente IMPORTANTE y ENORME, así, en mayúsculas. A nosotros nos gusta, pero aprovechando la división de opiniones, tratamos de darle un par de vueltas al tema para averiguar por qué el británico es capaz siempre de encantar a una mitad... mientras enoja a la otra. ¡Despegamos!

El eje Spielberg-Kubrick-Nolan

Interstellaraspira a conmover como Spielberg y a estimular nuestra neurona como Kubrick. Ni que decir tiene que semejante osadía -por no mencionar su afán comercial, ¡qué descarado!- le ha valido al británico las críticas de los fundamentalistas de uno y otro director. Los protagonistas de Interstellar abandonan todo lo que aman porque son idealistas, como en una de Spielberg, pero utilizan una jerga en ocasiones inaccesible para el espectador medio, como en una de Kubrick.

Nolan no lo oculta, y de hecho pisa el acelerador como lo hace siempre, precipitando el aluvión de datos, imágenes, niveles y sorpresas, y provocando cierta saturación, sin que sepamos tampoco el alcance verdadero de su película. Pero sus haters se olvidan de señalar algo: su afán de narrar y su estilo propio se apropian de la función. ¿Encuentros en la Tercera Fase o 2001? Pues un poco de las dos, que tampoco pasa nada.

¡¡¡Spoiler!!!

Todo en Interstellar es carne de ¡¡shhhh!!, algo alimentado por el propio Christopher Nolan desde su misma concepción. Hace dos años, cuando se anunció el proyecto, se nos anticipó una enorme producción de reparto igualmente interestelar que viajaría a través de tiempo y espacio con agujeros de gusano de por medio. Pero nada más.

La presencia de Nolan tras las cámaras nos daba idea de la escala y pretensiones de la idea, y la propia campaña de promoción ha enfatizado esos giros inesperados. Incluso unos días después de su estreno, cada vez que intenten comentar algo en alto sobre la película (o escribir de ella) algún despistado les pedirá silencio. Por no mencionar la existencia de otra tipología, la del colega que dice que al final no es para tanto y que si te gusta eres un pardillo. De modo que ya saben lo que toca si la han visto, que es viajar al espacio tan lejos o más que el pobre Matthew McConaughey.

Cómo suena

La música de Intestellar es de Hans Zimmer y cumple todos los requerimientos de una banda sonora de Hans Zimmer. Mete un montón de ruido, utiliza instrumentos inesperados (en este caso, un órgano) y suena casi todo el tiempo, aunque en el espacio -ya saben- nadie puede oír tus gritos.

El hiperactivo músico fetiche de Nolan, odiado todavía por tantos y tantos pese a su condición de genio y renovador indiscutible en la música de cine, ha aprovechado la ocasión para cambiar de estilo otra vez y obsequiarnos con una partitura novedosa que recoge las particularidades de su trilogía del Caballero Oscuro y algunas otras nuevas, oscilando entre lo sutil y lo aplastante.

Cómo acaba

Nolan se monta un final-twist muy de Shyamalan, y lo cierto es que a nivel de puro enunciado le vemos venir desde el principio. Claro que ese es sólo uno de los niveles a los que trabaja Interstellar, mezcla de filme de ciencia ficción con drama familiar y cine de aventuras, que probablemente requiere de un repaso para averiguar su profundidad. Vale, admitimos que la película podría no ser tan magistral como ella misma se piensa, pero aun así sigue siendo muy buena. Aléjense de Twitter y no supediten el valor de la cinta a ese tercer acto.

El cameo

Ese cameo, que-no-vamos-a-desvelar, de un actor tan famoso o más que el del que encabeza el cartel, Matthew McConaughey, y que aparece más allá de la mitad de la película amenazando la existencia del Universo y la Raza Humana, así con mayúsculas. Un cameo que-no-vamos-a-desvelar que ha despertado ríos de tinta, cejas arqueadas hasta más allá de la frente y no pocos bombines tocando el techo.

Lo ha hecho por los vehementes intentos de Warner Bros de preservar la sorpresa de esa aparición especial, no acreditada y guardada en el más riguroso de los secretos, y porque -y esto ya forma parte de las maquinaciones de Nolan- el actor del-que-no-vamos-a-hablar socava su imagen de niño bueno interpretando a un tipo con mucha trastienda (espacial). ¿Quién será?


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