Cultura

Woody Allen también hace bodrios

El neoyorquino Woody Allen lleva ya más de una década larga alternando películas interesantes con mediocridades que sus admiradores prefieren denominar “obras menores”. Actores perdidos, chistes autocomplacientes, cierto aire intelectual que resulta confortable pero que no divierte ni conmueve, y en definitiva, un buen puñado de películas sobrevaloradas recibidas con laureles en este lado del charco.

Vamos a decirlo claro, porque a estas alturas no es ningún secreto: por cadaBlue Jasmine, el bueno de Königsberg nos cuela dos malas películas, sacadas de algún guion guardado en el cajón durante años o rehecho de sus propios descartes, y los inversores europeos se lo comen encantados. ¿SeráMagia a la luz de la luna, con los habitualmente maravillosos Emma Stone o Colin Firth, otra de las contadas excepciones, o tendremos que recurrir a la docena y media de clásicos en DVD del director?

A continuación os dejamos cinco mediocridades de Woody Allen que sirven de ejemplo a esta deriva, y que de todas formas, no evitan que sigamos queriendo y admirando a Woody y su inmenso corpus cinematográfico (quizá demasiado inmenso).

Cachitos Picantes (2000).

En contadas ocasiones el neoyorquino se ha puesto a las órdenes de otro director, siempre en películas que siguen en parte su propia fórmula: comedias corales más o menos negras y con un reparto de campanillas. La última de ellas fue en Aprendiz de Gigoló, en el que interpretó a un librero que por avatares del destino se convertía en el chulo de John Turturro, pero nosotros preferimos Cachitos Picantes, una pequeña “delicatessen” del mexicano Alfonso Arau que, la vida es así, unos años antes firmó Como agua para chocolate, y que en su momento recibió palos por todas partes. Woody era un carnicero que despieza a su mujer e iniciaba una cadena de absurdos y extraños acontecimientos que cristalizaban... en nada.

Conocerás al hombre de tus sueños (2010)

No nos engañemos: pese a sus homenajes a Bergman, Allen nos gusta más cuando hace comedia sentimental. Y más todavía cuando las protagoniza. La presente sólo cumple una de esas condiciones, pero no puede evitar lo evidente: se trata de una más de su ciclo londinense, nutrido tanto por comedias románticas como thrillers, que ha resultado tan irregular como finalmente decepcionante. El tema que esboza, eso sí, parece coincidir con otras películas suyas, presentando a los videntes, magos o adivinos como puertas hacia a otros lugares, en este caso, la reencarnación.

A Roma con amor (2012)

La vimos hace apenas dos años, pero apenas nos acordamos ya de ella. Estamos ante una comedia de cuatro episodios realizada en esta, su etapa europea, y que -según el propio autor- aceptó hacer a propuesta de unos inversores italianos para conseguir dinero rápido. Y la verdad, se nota bastante: Woody se dedica a explotar el atractivo del marco italiano y el de su estrella Penélope Cruz, que interpretando a una prostituta embutida en un ajustado vestido se erige sin dificultades en lo más recordable de toda la película, la cuarta de más recaudación en toda su filmografía. Pero poco más hay bajo el sol (romano).

Granujas de medio pelo (2000) 

La decadencia comenzó precisamente durante su poco exitoso contrato con Dreamworks Pictures, un período repleto de comedias livianas (en este caso, la particular heist-movie de Allen) no especialmente ocurrentes y que, en este caso concreto, marcó uno de sus puntos bajos más evidentes. ¿Buenos momentos? Sí ¿Ideas espléndidas? Vale. Pero nada nos quita la sensación de que estamos ante un proyecto poco cuidado, resuelto en dos brochazos y en la que Allen abusa de la fórmula patentada para ocultar su propio aburrimiento.

Un final made in Hollywood (2002) 

Un director en decadencia recibe un último gran encargo sólo para quedarse ciego por un hipocondríaco giro del destino. Una trama de cine dentro del cine en manos de Allen debería hacer que se nos hiciera la boca agua, pero el resultado es tan intrascendente que decepciona. La presente se pelearía con La maldición del Escorpión de Jade por ser la más inane del grupo enunciado arriba, es cuestión de gustos elegir una u otra. El reiterado fracaso de sus comedias en EEUU hizo que Allen huyera a Europa, en una huida hacia delante que -pese a alguna excepción- no ha arreglado precisamente las cosas.


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