Cultura

Nueve libros (y un videoclip) para comprender la Primera Guerra Mundial

Ya estamos de lleno en el centenario (aunque aún falten meses para su fecha real de aniversario) de la Gran Guerra, aquella que luego se llamaría Primera Guerra Mundial y que en realidad fue la continuación de otra contienda, casi desconocida pero fundamental para entender los conflictos del siglo XX, como fue la Guerra Franco-Prusiana de 1870. Los anaqueles de las librerías empiezan a rebosar de libros sobre aquella carnicería, por lo que hoy en Marabilias seremos tan audaces como para hacer una criba, con lo que ya nos ponemos la venda antes de la herida por dejarnos algún seguro que más que interesante volumen sobre la materia. Y ya puestos, no quedará la cosa sólo en obras de ensayo, sino también novelas y comics. Empecemos:

1914. De la paz a la guerra. Margaret MacMillan, Turner.

Nos encontramos con el libro de moda sobre esta guerra… donde curiosamente menos se habla del aspecto bélico y más del conflicto. Me explico. Esta reconocida historiadora de la Universidad de Oxford intenta explicar en esta más que interesante obra los orígenes y las causas subyacentes que llevaron a Europa al desmembramiento de los imperios y a una guerra que nadie esperaba, ni aún iniciada (la cosa no llegaría a navidades, decían). Geopolítica en estado puro, pero al alcance de todos. Muy recomendable.

1914. El año de la catástrofe. Max Hastings, Crítica.

Una vez que hemos visto las causas, y nos vemos de lleno en pleno fuego de artillería, la obra de Hastings, un auténtico especialista en el tema, nos llevará a revivir lo que fue el campo de batalla. En esta obra también encontraremos un análisis previo a la contienda, y su documentación es verdaderamente exhaustiva y lo suficientemente prolija como para que sea y se convierta, en un libro de referencia.

La Gran Guerra. Grandeza y dolor en las trincheras. Carlos Canales y Miguel del Rey, EDAF.

La Historia vista desde las trincheras mismas como ensayo y estudio de lo que fue una masacre impensable hoy en día. Comentaba uno de sus autores, Carlos Canales, que “después de escribir el libro, he llegado a pensar que es casi hasta mejor que la gente no lo sepa. Creo que en la actualidad algo así es casi inimaginable. Sólo el 1 de julio de 1916, primer día de la batalla del Somme, los británicos sufrieron 57.740 bajas. Todo eso en medio de un mar de barro, sin árboles ni vegetación, barrido por la metralla y con gas venenoso en el aire. Un espanto”. La edición -siempre cuidada por esta editorial de referencia para los amantes de la Historia como es EDAF- estará a la venta el 14 de febrero. Ciertamente recomendable, como todo lo escrito por este tándem de autores patrios.

Atlas de la Primera Guerra Mundial. La Historia Completa. Martin Gilbert, Akal.

Un conflicto bélico no es entendible sin poder visualizarlo de manera gráfica. Akal es una editorial bien reconocida en este campo y Martin Gilbert, una garantía como pionero que fue en esta materia, al margen del reconocimiento que como historiador tiene. Un complemento imprescindible para ver el desarrollo de esta guerra en nada menos que 164 mapas.

La Crisis Europea y La I Guerra Mundial (1904-1918). Pierre Renouvin, Akal.

Un buen ejemplo de lo que debe ser un libro de Historia. En esta obra, publicada por Akal, la relación de hechos no eclipsa el interés de los planteamientos sociales, políticos y económicos de cada una de las naciones contendientes. Su planteamiento de manual nos ayuda a entender mejor la realidad cotidiana del continente europeo en aquellos días.   

El miedo. Gabriel Chevallier, Acantilado.

Un relato crudo y realista que hace honor a su título, que no quiere engañar. Y es que había que ponerse en el pellejo de aquellos hombres, muchos lampiños, en una situación tan límite como los combates de esa guerra. Sí, es cierto, ¿en qué guerra no se pasa miedo? Pero la forma en que nos lo trasmite Chevallier a través del personaje de esta novela es simplemente el más terrorífico que pueda uno sentir. Porque se siente. Olvídense de Stephen King o del maestro Lovecraft. Léanlo. Sabrán de verdad qué fue -y es- la guerra.

Sin novedad en el frente. Erich María Remarque, Edhasa.

Esta obra, por cierto magistralmente llevada también al cine en una cinta altamente recomendable, tiene el valor añadido de ofrecernos la perspectiva del bando alemán. La visión de unos jóvenes llenos de ideas de gloria, de presunto honor y de amor desmedido a la madre patria. Jóvenes voluntarios animados por sus profesores y que vivirán y volverán (¿volverán?) del frente como vuelven los que han visto y vivido ese horror del que nos hablara Conrad en su también famosa novela. Lectura obligada debiera ser en todos los institutos… ¡como poco!

¡Puta Guerra! Jacques Tardi, Norma editorial.

Un excelente cómic que nos narra con un dramatismo genial la crudeza de las trincheras, de los idealismos rotos, del despelleje más salvaje. Todo ello alejado, sin embargo, de cualquier estética gore o similar. Tardi ciertamente nos hace un alegato antimilitarista, aun siendo como era hijo de un militar de carrera. La obra incluye un documentado dossier, realizado por el experto en el conflicto Jean Pierre Verney, en el que de forma concisa se reúnen todos los hechos, fechas y cifras relevantes de esta terrible guerra. Si además se opta por la edición de coleccionista (es la que yo compré; no es necesario, sólo para freaks), nos encontraremos el extra de un DVD con un documental de casi una hora sobre el proceso de creación de esta obra.

La línea de fuego. Manu Larcenet, Norma editorial.

¿Se imaginan al pintor Vincent Van Gogh como corresponsal de guerra y haciendo “fotografías” sobre óleo con sus pinceles en medio de la batalla? Pues esta es la originalísima propuesta por Larcenet para meternos de lleno en esta guerra. Y no, no se me pongan puristas con que el pintor muriera en 1890. No murió. Y vivió en primera persona y en pleno frente de batalla, plasmando en sus pinturas lo que aquello supuso. Humor negro y surrealismo a raudales en esta pequeña goyería, tal vez no para todos los públicos.

Y ya que están delante del ordenador, antes de terminar queda recomendar el vídeo de la canción Pipes of Peace de Paul McCartney. Esperemos que todas las guerras se conviertan en treguas permanentes como esa brevísima de la Nochebuena de 1914, recuperando así la fe en el ser humano, y que no nos la vuelvan a quitar. Nunca más.


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