Cultura

El retorno de Pops Staples quince años después de su muerte

Pocas veces será más cierto el aserto sobre la intemporalidad de un disco que en el caso de Don’t lose this. Grabado hace más de 15 años, supone el maravilloso canto de cisne de una de esas personalidades  fundamentales de la música negra norteamericana, Pops Staples. Cabeza, voz y guitarrista principal de la banda familiar The Staple Singers, formada junto a sus hijos, grabó el disco entre 1998 y 1999, ya con las condiciones físicas muy mermadas, que precipitaron su muerte poco antes de las navidades del año 2000.

Desde entonces, su hija menor, Mavis Staples, mantuvo guardadas unas cintas que presentaban un álbum inconcluso, con un sonido rudo y poco apto para su comercialización. Mavis, protagonista de un espléndido renacer artístico en los últimos años de la mano del líder de Wilco, Jeff Tweedy, había ganado el Grammy por su disco You are not alone, producido por aquel. Decidió entregarle a Tweedy las grabaciones tal y como estaban, para ver si podían cumplir el deseo que su padre le transmitió en su lecho de muerte, la petición de que no perdieran aquello. El origen perfecto para el título de un disco histórico.

A través de procedimientos digitales, pero tratando de mantener el espíritu de la grabación original, Tweedy mantuvo y limpió la voz y la guitarra de Pops, algunos bajos y baterías a cargo de Tony Grady y Tim Austin y las voces del resto de la familia. Y añadió su propia guitarra, baterías tocadas por su hijo Spencer, con quien acaba de iniciar una carrera en solitario a pesar de los 18 años del vástago, y teclados y pianos en algunos temas. El resultado es la puesta al día de uno de esos músicos capaces de prestigiar unos sonidos que cubrieron varias décadas y géneros.

Una saga familiar eterna

Roebuck ‘Pops’ Staples nació en 1914 en el estado de Misisipi, y desde joven despuntó en el coro gospel de su iglesia y como guitarrista de blues, antes de trasladarse a Chicago a principios de la década de los 40, donde continuó con su carrera militando en diferentes formaciones de música religiosa. A principios de los 50 formó The Staple Singers junto a sus hijas Cleotha y Mavis y su hijo, Pervis, que años después sería reemplazado por su otra hermana, Yvonne.

Comenzaron con un estilo profundamente arraigado en los espirituales del sur de los Estados Unidos, que durante los años 60 se acercó más hacia sonoridades folk y jazz, con versiones como la de For what it’s worth de Stephen Stills que convirtieran en éxito Buffalo Springfield. Su acercamiento al pop era imparable, pero nunca abandonaron las listas de rhythm & blues que daban salida a los éxitos de la música negra. Durante los años 70 firmaron por Stax, el mítico sello de música soul de Memphis, y en grabaciones realizadas en los históricos estudios Muscle Shoals flirtearon con el funk y ritmos más bailables, con los mismos excelentes resultados de siempre.

Tras la quiebra de Stax, quedaron bajo la protección del sello del cantante soul Curtis Mayfield, y su presencia, contacto e influencia con el mundo del rock y del pop quedaba patente en su participación en el concierto de despedida de The Band, que dio lugar al disco y la película El Último Vals, con su espectacular interpretación de la canción The Weight, o su posterior revisión del Slippery People de Talking Heads.

La muerte de Pops en 2000 y de su hija Cleotha en 2013 tras una larga enfermedad de Alzheimer, dejó su música como recuerdo de una etapa imperecedera de la cultura pop norteamericana. Ahora, la carrera en solitario de Mavis y este disco recuperado de Pops traen a primera plana la maestría de una familia eterna.


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