Cultura

Keith Richards y David Gilmour: los dinosaurios se niegan a desaparecer

Nadie podrá negar el derecho que asiste a los grandes nombres de este negocio de la música popular de los siglos XX y XXI a seguir al pie del cañón durante el tiempo que estimen oportuno, quieran o puedan. Cierto que la mala vida ha hecho decir adiós antes de tiempo a muchos nombres clásicos del rock and roll, pero hay otros, incluso alguno de manera inopinada, por no esperable, que ahí siguen, inasequibles al desaliento y sorprendiendo incluso a sus más acérrimos fans.

Keith Richards durante un concierto de The Rolling Stones (Gtres).
Keith Richards durante un concierto de The Rolling Stones (Gtres).

Por si alguien tiene dudas, que se lo pregunte a David Gilmour y Keith Richards. El primero, 69 años. El segundo, 71 inviernos llevados a salto de mata pero aún ofreciendo frío y calor. Ambos, guitarristas y compositores de dos bandas históricas cuya mera pronunciación nos lleva directamente a la esencia de los muchos afluentes de la música rock: Pink Floyd y The Rolling Stones. Y ambos, sin abandonar las artes que les han hecho famosos. Gilmour acaba de lanzar el primer single de lo que será su nuevo disco. Un larga duración de nombre Rattle that lock, al igual que la canción adelantada. Y Richards ha hecho lo propio con Trouble, que irá incluida en su inminente Crosseyed Heart.

Más allá de sus bandas madre

Escuchando a David Gilmour, se es consciente tanto del paso de tiempo como de la excelencia alcanzada. Una canción que entra de lleno en eso llamado rock adulto (tampoco debe sorprender, su autor es más que adulto), tan falta de riesgo como bien grabada y desarrollada, en la que todo parece confluir, incluso la espera del oyente,  hacia el momento en el que el de Cambridge comienza su solo de guitarra. Tan reconocible como lo ha sido en canciones eternas, aunque las emociones ya no sean las mismas. Tras demostrar reciente actividad con su banda madre con la publicación el año pasado de The Endless River, aunque fuera un disco de retales, ha sabido rodearse para este su cuarto trabajo en solitario, el primero en casi diez años, de grandes amigos de la talla de Jools Holland o el Roxy MusicPhil Manzanera, además de su mujer Polly Sampson como ayudante con los textos de las canciones.

Por su parte, el StoneKeith Richards también ha sabido rodearse de nombres bien conocidos y fundamentales en la historia del rock, como Spooner Oldham, Larry Campbell, Aaron Neville o su queridísimo y recientemente fallecido saxofonista, Bobby Keys, además de su banda base y algún dueto junto a Norah Jones. Se podría esperar lo habitual en el Kizz solitario (este es su tercer disco, el primero en 23 años), es decir, su mezcla de country, blues, reggae y demás, pero no se debería negar que Trouble es una canción con los reconocibles riffs de guitarra marca de la casa y un sorprendente encanto.

Ahora bien, uno no puede dejar de recordar el famoso microrrelato del guatemalteco-hondureño Augusto Monterroso, y repetir continuamente "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Si evidentemente la supuesta pervivencia de Pink Floyd y The Rolling Stones es piedra filosofal de cada temporada musical, parece que sus guitarristas quieren trascender más allá de lo discutido.

Sí. Y, ¿es necesario?


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