Cultura

Tres músicos ante el adiós definitivo por enfermedad

Cuenta la leyenda que Warren Zevon, durante la grabación del que iba a ser obligatoriamente su último disco, The Wind, estaba haciendo cola en la caja de un supermercado, cuando una señora se entretuvo más de la cuenta a la hora de pagar. Zevon le apuró, a lo que la buena dama refutó que qué prisa había. “Para mí, toda la del mundo. Me quedan dos semanas de vida y tengo que terminar mi último disco”.

Unos meses antes, a finales de 2002, Warren Zevon había sido diagnosticado de un cáncer abdominal no operable. Poco amigo de los médicos, decidió no iniciar tratamiento alguno, y centrarse en la grabación de su disco de despedida, para el que contó con la participación de amigos tan entrañables para él como Bruce Springsteen, Jackson Browne, Tom Pettyo Dwight Yoakam. Zevon, creador de una obra profunda, compleja, llena de un rock lijoso y una lírica de un humor oscuro, sigue siendo un pozo sin fondo al que acudir cuando uno busca pasión. Murió en septiembre de 2003, a los 56 años, habiendo visto publicado el disco, The Wind. Y aún resuena esa soberbia Keep me in your heart como elegía definitiva.

Glen Campbell ha grabado más de 70 discos, vendido cifras superiores a los 40 millones de unidades, y está considerado como una de las viejas glorias de la música country norteamericana, desde que comenzara en los 60 como músico de sesión para artistas como los Beach Boys, Dean Martin o Nat King Cole. A mediados de 2011 fue diagnosticado de Alzheimer, y decidió encarar el adiós a los recuerdos de una vida de la manera que mejor sabe. Meses después, publicó su discoGhost on the Canvas, y de la misma manera que en el caso de Zevon, lo grabó rodeado de gente de su confianza, más joven que él y que lo consideraban uno de los grandes: Paul Westerberg, Jakob Dylan o Chris Isaak. Como epílogo perfecto, inició su gira de despedida, bajo el nombre de Goodbye Tour, y aun se ha publicado este mismo año un disco con grabaciones adicionales de aquellas sesiones, See you there.

Wilko Johnson siempre será recordado por su manera alocada, enérgica, hipervitaminada de tocar la guitarra. Junto a su compañero Lee Brilleaux, consiguieron que su grupo, Dr. Feelgood, revitalizara la escena rhythm & blues del Reino Unido a mediados de los 70, diera origen al llamado pub-rock, música nacida para ser tocada en sudorosos tugurios, y pusiera la primera piedra de lo que posteriormente sería el punk. Johnson tuvo posteriormente una carrera más que interesante, aunque discontinua, con su propia banda. A principios de este año, anunció que sufría un cáncer de páncreas ya cercano a su fase terminal. Y una vez más, decide despedirse como él sabe. Una gira que ha demostrado que aún es capaz de obtener energía de la música, y un disco, actualmente en proceso de grabación, ayudado por el cantante de The Who, Roger Daltrey. Como él dice, aunque esté ya en tiempo de descuento, no duda que le llegarán las fuerzas para alcanzar la meta.


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