Cultura

The Fakeband, esperando al gran meteoro

Siempre resultará sorprendente cómo el rock consigue derribar fronteras y nace allá donde un grupo de personas deciden compartir lo que han ido sintiendo a lo largo de su vida mientras ésta era marcada por unas canciones y una música. Así, desde un pueblo de la costa vizcaína, Getxo, adscrito al llamado Gran Bilbao, surge un grupo como The Fakeband, que por calidad, sonido, tradición y miras bien podía estar asentado en alguna de las cunas anglosajonas.

Pero el caso es que The Fakeband acaban de publicar su segundo trabajo, Shining on everyone, de la mano del sello Rock Indiana, y han confirmado todas las expectativas puestas en ellos. Son uno de los principales grupos capaces de revitalizar una y otra vez el rock que tiene su raíz en los sonidos que en el siglo pasado nacieron en Estados Unidos y el Reino Unido.

Sus cinco componentes, los guitarristas Txomin Guzman, Pit Idoyaga y Alfredo Niharra, más el bajo de Juan Uribe y la batería de Iñigo Gil, llevaban años militando en diversas bandas hasta confluir en un proyecto que cosecha elogios allá por donde son escuchados. Y en más de una ocasión repitiendo que su calidad musical y como ejecutantes está a nivel anglosajón. Pero no, son de aquí, y por tanto el placer de cuidarlos aumenta junto al orgullo de disfrutarlos.

La pura melodía de las armonías vocales

Tras su debut de hace un par de años, Too late, too bad, un disco con los sonidos jugueteando entre el mejor rock, country, folk y pop con origen en la Costa Oeste, aquel que encumbraron gente como Crosby, Stills & Nash o Eagles, edificaron gente como Neil Young y mantienen hoy en día Jayhawks o Wilco, la expectación era alta.

Pero en Shining on everyone han decidido abandonar en parte la zona de confort creada, para demostrar que tres guitarras sonando a la vez no pueden tener otro destino que el más directo rock and roll. Su sonido se ha electrificado partiendo de las bases anteriores, se ha energizado a partir de unas canciones que son pura vitalidad. Desde artefactos que beben en el más puro power-pop, como Top of the world o Get you back, hasta el soul de piel blanca y sudor de pub de Healing Time, pasando por el rock chulesco y canalla de She told me o Something about you, como si de unos Rolling Stones aún con acné se tratara.

Y sin olvidar una de sus señas características y que más les distingue del resto de coetáneos: unas irresistibles armonías vocales a cuatro voces, capaces de alcanzar la melodía más  sensible en joyas como Kate, Fool me  o Back on the road. Por si esto fuera poco, tienen la frescura de editar un primer videoclip del disco en el que una lluvia de meteoritos arrasa Getxo y Bilbao mientras ellos dicen sentirse a salvo en la cima del mundo.

De justicia sería que lo consiguieran.


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