Cultura

Chácharas de escenario: cuando los músicos se ponen pesados

Los anglosajones, que por algo inventaron el rock’n’roll, tienen términos para definir cualquier aspecto que rodea a esta música. Por inventarla y porque su idioma se presta a compactar amplios significados con el uso de muy pocas sílabas. Esa y no otra es la principal razón de que el rock cantado en inglés suene mucho más fluido que en otros idiomas.

Pero no nos desviemos del tema. ¿Cómo podríamos traducir el término stage banter? Si nos atenemos a la literalidad, algo como “cháchara de escenario” sería más que correcto. Y en este caso concreto, estaríamos dando en la diana. Stage banter es el término con el que se denomina a los comentarios, saludos, dedicatorias, arengas, sermones, diatribas, jamadas de coco o literalmente desvaríos que un artista, habitualmente músico, pronuncia desde el escenario, normalmente entre canción y canción. Y decimos que la traducción propuesta es bastante aclaratoria si tenemos en cuenta que el término cháchara viene definido en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua como “conversación frívola. Abundancia de palabras inútiles. Baratijas, cachivaches.”

Ay, qué fácil es que un músico se lance a hablar entre canción y canción y qué difícil que lo que diga sea meramente coherente, tenga algún sentido o, cuando menos, algún interés para la audiencia. Cierto que a partir de la explosión punk muchos grupos abandonaron esta práctica, hasta su completa erradicación, pongamos por caso, en los Ramones. Legendarios son sus conciertos, abiertos con un simple Hi y cerrados, tras cincuenta minutos de canciones empalmadas unas detrás de otras, con un simple Bye. Eso es concreción.

Pero no es algo tan habitual en los grandes fastos musicales de los estadios, sobre todo cuando es el rock el que campa a sus anchas. Sí, los músicos son unos parraplas (entendido el término como vocingleros), y aquí vamos a ver algunos de los casos más vehementes.

Paul Stanley (Kiss)

El carapintada más famoso del rock tiene la lengua aún más larga que lo que sus compañeros muestran en fotografías. Sus comentarios pueden ser tan tediosos como hilarantes, pero tanto Alcohooooooool, dónde están las chicaaaaaaas, uaaaauuuuuu pueden encaminarte indefectiblemente  a una migraña de proporciones gigantes. Si alguien tiene ganas y capacidad de encaje, puede tratar -sólo tratar- de escuchar la recopilación que colgaron en este enlace. Son 45 minutos, ni más ni menos, sin música, uniendo las muchas parrafadas del personaje. Por cierto: de escucharlo, sepan que es bajo su entera responsabilidad.

Bruce Springsteen

Al menos en el caso del de New Jersey, los casi discursos -en ocasiones de bastante más de cinco minutos- que era capaz de pronunciar introduciendo alguna de sus icónicas composiciones tenían cierta coherencia. Sobre todo en su primera época, como queda perfectamente atestiguado en la imprescindible caja Live 1975-85, donde sus ya de por sí descriptivas letras son acompañadas con historias sobre sus padres, sus alienantes trabajos, su infancia, sus inquietudes sociales… Hoy en día ha atemperado bastante estas derivaciones.

Cronos – Venom

Una de las historias más famosas y arquetípicas de las chácharas de estadio. En un concierto realizado en 1986 en una oscura sala de Nueva Jersey, Cronos, cantante de la banda de metal Venom, se dedicó entre canción y canción a lanzar descabezadas diatribas. Algún miembro de otras bandas que participaban en el evento lo grabó todo y lo editó quitando las partes musicales. Los casi diez minutos de insustancialidades resultantes fueron editados en un single por el siempre inquieto Thurston Moore, componente de Sonic Youth. La grabación se hizo tan famosa que incluso los Beastie Boys utilizaron frases para alguna de sus remezclas. Mejor le hubiera valido estar calladito al tal Cronos.

Ian MacKaye – Fugazi

Fugazi fue una de las bandas más intensas y comprometidas que nacieron en los 90. Siempre pelearon por el control del precio de las entradas de sus conciertos y sus discos, para que fueran asequibles para los jóvenes con pocos recursos que les seguían. Pero la intensidad punk de su música hacía que las masas se entregaran en muchas ocasiones a frenéticos enfrentamientos a empujones y saltos sobre las cabezas de los asistentes. A Fugazi esto les sacaba de quicio, y así lo hacían saber. Como no podía ser de otra manera en esta serie, también existen grabaciones en las que pueden escucharse  40 minutos de toma y daca entre Ian MacKaye y su enfebrecida audiencia

Speedo – Rocket From The Crypt

Un caso muy reciente acontecido durante la celebración del Azkena Rock Festival de Vitoria el año pasado. A las tantas de la madrugada, cerraban velada los alocados ritmos entre el rockabilly, el garaje-rock y la fiesta de los americanos Rocket from the crypt. Efectivamente, era una fiesta para los que aún tenían cuerpo de tal, pero su cantante Speedo habló tanto entre canción y canción que, además de romper la continuidad, nos hizo pensar si no habíamos asistido a una especie de homilía.


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