Cultura

Motörhead y Lemmy: ¿mala salud de hierro?

Hay tópicos en el rock que nunca dejarán de ser ciertos. Uno de los más usados ese que habla de alcohol, drogas, cuero, tatuajes, altavoces saturados, fiereza, honestidad y fe en uno mismo por encima de todo. Lemmy Kilmister, la cabeza visible durante 38 años de la banda inglesa Motörhead, auténtica institución entre el rock más aguerrido, es un claro ejemplo de lo anterior.

Motörhead.
Motörhead.

Ese estilo de vida puede estar, sin embargo, empezando a pasar factura a un Lemmy que este diciembre cumplirá 68 años. Tras la reciente publicación de su vigésimo primer álbum, Aftershock, acaba de anunciar un nuevo retraso, hasta al menos principios del año que viene, de su nueva gira que debía comenzar en apenas unos días. Y no es nuevo. Ya antes del verano suspendió varios conciertos al parecer por problemas con su diabetes y otros de carácter cardíaco, y en agosto, una vez arrancada la gira, ni siquiera pudo terminar su primera toma de contacto con el escenario, lo que le llevó a un nuevo retiro.

Sin embargo, la personalidad de Lemmy Kilmister queda clara en el comunicado que él mismo ha colgado en su sitio web. Tras afirmar que la gira sólo comenzará cuando su estado de forma le permita entregar a la gente lo que quiere ver -esto es, un auténtico concierto de Motörhead- nos anima a no preocuparnos, porque no tiene ninguna intención de comenzar a promover el veganismo ni las bebidas libres de alcohol.

Integridad para una formación clásica

Genio y figura como lo fue siempre, desde que fue despedido en 1975 del grupo de rock espacial y psicodélico Hawkwind tras ser detenido por posesión de drogas. De inmediato montó una banda que ha superado los géneros en los que se le haya querido encorsetar. Si bien su raíz nace del rock duro y el metal, su reconocimiento se ensancha hacia terrenos punk, hardcore o simplemente rock and roll, como a él le gusta decir. Sus primeros discos, con lo que fue su formación clásica (Fast Eddie Clarke a la guitarra y Phil Taylor a la batería) rompieron moldes durante el cambio de década entre los 70 y los 80, y obras como Overkill, Ace of Spades, No Sleep ‘Ti Hammersmith o Iron Fist, tienen la consideración de clásicas. Diferentes cambios de compañeros derivaron en algunos trabajos más dispersos, pero es a partir de 1992, ya asentado en Estados Unidos y con sus fieles hasta el momento (Phil Campbell a las seis cuerdas y Mikkey Dee a las baquetas) cuando ha alcanzado un equilibrio que le lleva a la publicación de un disco nuevo aproximadamente cada dos años.

Siempre un luchador empedernido por la integridad de su banda, su música y su independencia, su último trabajo, Aftershock, vuelve a ser un ejemplo nato de la fiereza que le ha caracterizado, y solo nos queda esperar que supere estos recientes problemas de salud. Un tipo como Lemmy siempre tendrá su panteón en el mundo del rock, pero esperemos que tarde mucho en utilizarlo.


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