Cultura

Kitty, Daisy & Lewis, la reválida definitiva de unos jovencitos veteranos

Durante este mes de enero se pondrá a la venta el disco The Third, que como su nombre indica, supone la tercera referencia de un trío de hermanos procedentes de Londres que atienden por el nombre artístico de Kitty, Daisy & Lewis y por el apellido familiar Durham. Los tres son multi instrumentistas y entre ellos se reparten voces, guitarras, pianos, banjos, lap steel, armónicas, ukeleles, baterías, xilófonos, acordeones… Y son jóvenes, muy jóvenes: 22, 26 y 24 años respectivamente.

Durante este mes de enero se pondrá a la venta el disco The Third.
Durante este mes de enero se pondrá a la venta el disco The Third.

Y a pesar de tan corta edad, deben sentir la presión de las muchas miradas depositadas sobre este disco que, seguramente, se convierta en el que les permita continuar asombrando a crítica y público o bien pasar la página que la historia parecía tener reservada para ellos. Canciones como la adelantada Baby Bye Bye, con los puros ritmos del ska jamaicano, prometen redención, aunque por su parte No Action no augura tan buenos momentos. Pero es que la presión nació antes, mucho antes.

La niñez con gusto retro

Kitty, Daisy & Lewis tenían 12, 16 y 14 años cuando publicaron su primer single. En su casa siempre escucharon música, ya que su padre, Graeme Durham, es guitarrista e ingeniero de sonido; y su madre, Ingrid Weiss, fue baterista de la banda punk inglesa The Raincoats. Así que siempre recibieron el apoyo de sus progenitores en su incipiente carrera. Pero lo llamativo es que los tres desarrollaron un gusto exquisito, y prácticamente exclusivo, por todos aquellos sonidos retro que remitieran directamente a los años 50 en Estados Unidos.

Desde el swing a los primeros compases del rock and roll, pasando por influencias del country, del blues, del bluegrass o de la música hawaiana. Su indumentaria iba acorde con sus gustos, los instrumentos que utilizaban parecían directamente congelados en aquella época y poco a poco fueron construyendo su propio estudio en su casa, únicamente con elementos de grabación analógicos. Incluso publicaron sus trabajos en ediciones limitadas de vinilo a 78 rpm.

Numerosos fans

 Su primer y homónimo disco de larga duración combinaba canciones propias más que interesantes con lecturas de clásicos como Johnny Horton y Charlie Rich, llamando inmediatamente la atención no sólo de amantes y seguidores de añejo rhythm & blues o rockabilly, sino de nombres consagrados como los de Amy Winehouse o Jools Holland.

Sus actuaciones contaban con el apoyo directo de sus padres sobre el escenario, y comenzaron a extenderse por grandes festivales como Glastonbury, Primavera Sound o como grupo de apoyo abriendo los conciertos de la gira de Coldplay por los Estados Unidos, presentando su disco Viva la Vida.

Vamos, vivieron lo que se dice un éxito por todo lo alto que empezó a mostrar alguno de los lógicos talones de Aquiles de propuesta tan joven, como era su falta de consistencia y cierta incoherencia en directo, más allá de la supuesta novedad de su propuesta.

La sombra del hype, la moda sin sustancia, comenzó a volar sobre ellos, y su disco de 2011 Smoking in heaven no contribuyó precisamente a disipar dudas, con resbalones del corte de la canción Messing with my life, a pesar de incluir no pocos aciertos. Quedan por tanto las espadas en alto ante la recepción que pueda tener este nuevo trabajo y la presión acarreada, aunque de momento los hermanitos parecen aguantarla como auténticos veteranos.


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