Cultura

Leon Bridges, la nueva voz del soul

Desde el advenimiento de la nueva oleada de música soul y el tremendo éxito comercial que alcanzó la gran Amy Winehouse, dando visibilidad mediática a una música que nunca pasará de moda, parece que la industria anda siempre detrás de la próxima gran voz. La muerte de la Winehouse dejó un trono semi-vacío que cada cierto tiempo pretende ocuparse con alguien que ofrezca carisma, aptitud y actitud.

Son varios los nombres que se han manejado en los últimos tiempos, pero desde el año pasado, el de Leon Bridges ha ocupado portadas y tertulias musicales de la misma manera que anhelos por haber encontrado un digno sucesor de las grandes voces clásicas. Y es ahora, cuando su disco de debut ya está en la calle bajo el nombre de Coming Home, cuando las comparaciones de las que es objeto este tejano a punto de cumplir 26 años alcanzan todo su esplendor, al ser los nombres de Otis Redding y, sobre todo, Sam Cooke, los que aparecen indefectiblemente unidos a su obra.

A la vieja usanza

No se puede negar el buscado aroma retro que desprende todo el disco, e incluso toda la vida de Bridges. Las canciones tienen cadencias frescas pero tranquilas, insinúan mucho más de lo que explícitamente citan, y las orquestaciones remiten directamente a otras décadas, más allá de la tonalidad de su voz. Pero es que incluso en su imagen y vestimenta, Leon Bridges mantiene una actitud más que evocadora, que pareciera situarle de inmediato en la puerta de una máquina del tiempo que le ha traído desde hace seis décadas hasta ahora mismo. Sus guiños a un nombre eterno como el de Sam Cooke pueden parecer excesivos, pero una vez terminada la escucha del disco, queda un poso de personalidad propia, que aún así tiene camino para desarrollarse.

Y su vida también ha sido a la vieja usanza. La del cantante enamorado de la época dorada que, trabajando como friega platos en un restaurante, encontraba huecos y escenarios con micros abiertos, aquellos que permiten que quien quiera de la audiencia suba a cantar alguna canción (y no, no es un karaoke), donde poder demostrar el sentimiento de piezas como Coming Home o Lisa Sawyer.

Es esta última una deliciosa balada llena de suavidad que habla sobre el bautismo en el río de su madre, irreductible luchadora en tiempos difíciles. Vieja usanza que se ve aún más destacada cuando son dos estrellas ya asentadas, los miembros de la banda White Denim, Austin Jenkins y Josh Block, los que le ven en una de estas interpretaciones de andar por casa, y deciden embarcarse con él en la grabación de unas canciones que a modo de demo pudieran abrirle puertas más grandes.

De nuevo la vieja usanza del boca a boca hace aparición, haciendo crecer sus canciones en emisoras de radio repitiendo sin parar sus primeros singles, aunque en este caso mezclado con la modernidad de convertirse en todo un éxito viral en la plataforma de música en streaming Spotify. Así que nada puede extrañar su firma por Columbia Records y las expectativas puestas en un disco que acaricia como la seda. Aunque suene como si fuera de hace años y avance la nueva discusión: ¿un mero calco o una personalidad propia? De momento, queda disfrutarlo.


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