Cultura

Paul Simon en reedición completa: mucho más que Simon & Garfunkel

En una época en la que, a pesar de la nueva pujanza relativa del vinilo, la venta de discos continúa bajo mínimos, las discográficas no hacen más que revisar el legado de grandes artistas lanzando el anzuelo entre coleccionistas y ‘completistas’. En ocasiones da igual que ya existan en el mercado productos similares, aunque también debemos aceptar que este tipo de reediciones muchas veces vienen con una presentación exquisita.

Legacy Recordings, filial de Sony Music, lleva la voz cantante en esta clase de ofertas que no deberíamos llamar “nuevas”, y ahora le toca el turno a la figura del cantautor americano Paul Simon. La caja The complete albums collection está formada por toda su discografía en solitario, catorce discos que incluyen desde su debut con The Paul Simon Songbook en 1965 hasta su último trabajo hasta la fecha, el más que interesante disco de hace un par de años So beautiful or so what. Además de los consabidos bonus tracks,  completa el lote un disco en directo acústico y un libreto con fotografías y diversos comentarios.

De Tom & Jerry a Sudáfrica

Y es que la figura de Paul Simon tiene en solitario una indiscutible importancia en la historia de la música, por más que en España tal vez sea más conocido entre la mayoría del público por sus discos junto a su compañero Art Garfunkel. Una relación que no nació cuando grabaron su primera obra, Wednesday Morning 3AM, que ya incluía una primitiva versión acústica de su mundialmente famoso The sound of silence. Ya desde que tenían once años se hicieron amigos, y como adolescentes grabaron varios singles bajo el nombre de Tom & Jerry. Pero ya durante las sesiones de Bridge over troubled water comenzaron a tener grandes diferencias musicales que les hicieron tomar caminos separados, por más que desde entonces hayan realizado más de una gira de reunión.

Simon continuó con su carrera, con discos tan extraordinarios como There goes Rhymin’ Simon o Still carzy after all these years durante la década de los 70, hasta que en los 80 entró en una especie de tierra de nadie de la que veía difícil salir. Vueltos sus ojos a sonidos que llegaban de la entonces proscrita Sudáfrica, se decidió a grabar en el propio país africano su disco Graceland en 1986, convirtiéndose en un inesperado éxito mundial y en un arrebatador compendio de melodías pop y ritmos basados en la propia tradición del país. Posteriores acercamientos a ritmos brasileños y de otras partes del globo han convertido su figura en esencial para la difusión de las llamadas músicas del mundo. Si bien, en el fondo, Paul Simon no es otra cosa que un delicioso artesano de melodías. 


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