Nadie sabía cómo definirla. Era muchas cosas juntas.  Hasta que ella misma puso las comillas. “Soy una Nancy Sinatra gansta”. Larguísimas uñas, abundante cabellera roja, piel blanca, ojazos azules, pestañas interminables y una figura de espanto vestida a veces con vaqueros de American Apparel, en otras con conjuntos de traje y chaqueta a lo Jackie O. y vaporosos vestidos de los cincuenta.

Es Lana del Rey, una neoyorquina nacida en 1986 que saltó al estrellato por su voz sexy y un no se sabe qué a lo David Lynch en Blue Velvet. Hay algo en ella confeccionado para que guste a modernos pero también al vulgo acostumbrado al Pop de Gaga.

Su nombre es una combinación de Lana Turner, la actriz de la época dorada de Hollywood, y de un modelo de coche: el Ford Del Rëy, una berlina de lujo de los años ochenta. Así luce esta chica: diva vintange en la era de Internet.

Todo empezó con un vídeo colgado en YouTube. Se trataba de Video games. Fue todo espontáneo, dice ella: "Simplemente subí la canción a Internet porque era mi favorita. Ni siquiera iba a ser un sencillo. Es un tema que significa mucho para mí, me hace llorar cada vez que la canto”.

Un tema de corazones rotos y mujeres solas. Un sonido a lo Anthony and The Johnsons, a veces; también algo de un Cat Power, pero menos atormentada, dicen periodistas especializados como Iñigo López Palacios. ¿Quién y qué es esta chica? Pues parece que un buen producto.

Elizabeth Grant, Lizzy, la primera hija de tres hermanos de una familia adinerada de Adirondacks, creció cantando en coros al norte del Estado de Nueva York. Entonces sólo como Lizzy Grant sacó Kill kill, un álbum grabado con David Kahne, que ha colaborado con No Doubt, Springsteen, The Strokes o Paul McCartney. El disco fue un fracaso.

Al segundo intento, ya como Lana del Rey y con una imagen mucho más pulida, estrenó Video Games, que llegó a tener 16 millones de visitas. Después de cinco años viviendo en una caravana en New Jersey –dice ella que se marchó de su casa para cumplir sus sueños-, la hija del millonario y emprendedor Robert Grant, la chica había pegado el pelotazo. Uno no muy espontáneo, sospechan otros.

Empezó firmando un contrato con el desconocido sello Stranger Records, pero pronto una filial de Universal la quiso para sí. Born to die, su primer álbum, salió en enero de 2012. Vendió 3 400 000 de copias en todo el mundo.

Para algunos, esta chica es una Frankenstein del Indie, un raro experimento. Sus influencias, dice, envuelven desde Britney Spears, pasando por Nirvana, Elvis Presley o hasta el mismísimo Leonard Cohen. "No tengo tanto que decir. No soy tan cool”, dice ella, nívea diva pelirroja con la que nadie, de momento, se pone de acuerdo. Actuará este 9 de mayo, a las 21.00, en La Riviera.  


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