Cultura

Supervisores musicales: cuando las canciones de una serie son las estrellas

En la época del cine mudo, las orquestas que tocaban en los fosos de los teatros no sólo tenían la función de acompañar las imágenes y completar el proceso de entretenimiento, sino también la menos glamurosa de acallar los ruidos de otros componentes técnicos, como el proyector. Desde entonces hasta nuestros días, el recorrido ha sido tan grande, que hoy nadie entendería una película o una serie separada de la banda sonora que la acompaña.

Esto no tiene que ser siempre el negociado de un compositor. Aunque en muchos casos, también lo sea. Gary Calamar es posiblemente un autor norteamericano completamente desconocido para la mayoría de las personas. Acaba de sacar un disco más que interesante, de nombre You are what you listen to. Pero el trabajo que le da dinero -y reconocimiento-, aunque el público no sepa su nombre, es el de supervisor musical. Y si hablamos de las canciones que suenan en series de televisión tan famosas como House, A dos metros bajo tierra, True Blood (Sangre Fresca) o Dexter, seleccionadas por él, alguno empezará a creer que realmente sí le conoce.

Simplemente el final de la serie A dos metros bajo tierra, con la canción Breath me interpretada por Sia es uno de esos hitos que la propia cantante considera fundamental en toda su carrera. Pero como decimos, el nombre de Calamar no es de dominio público, más allá de los miembros de la industria técnica o de los enterados o ultra fans de estas series.

Una figura en pleno auge

La figura del supervisor musical comenzó a estabilizarse a principios de los 80, desde el momento en que muchas producciones de Hollywood, en lugar de crear sus propias bandas sonoras, apostaban por incluir canciones ya existentes que pudieran ser, o que ya lo hubieran sido, éxitos populares, licenciando directamente su uso con los poseedores de sus derechos. Para ello, la figura de un supervisor musical, aquella persona que seleccionara los temas más adecuados, era fundamental.

Y al final, con el paso de los años, películas como Pulp Fiction, por ejemplo, resultaron esenciales para demostrar la unión de imágenes y sonidos ya existentes. El propio director Quentin Tarantino, junto a la supervisora Mary Ramos, son los causantes de la vuelta a las listas de ventas de canciones más que históricas. ¿Alguien ha olvidado el You never can’t tell de Chuck Berry? ¿O al menos su baile asociado?

Lo más complicado es conseguir la sincronización entre las escenas de la película y las canciones

Evidentemente, lo complicado no es, o al menos no lo es solo, elegir las canciones, sino conseguir la sincronización perfecta de éstas con las escenas que está proyectando la película. Pero la labor de los supervisores musicales se ha revelado realmente significativa en los últimos años, con el auge y éxito masivo de las series de televisión. Y personas como Thomas Golubic, que también trabajó con Gary Calamar en A dos metros bajo tierra, son auténticas estrellas en su profesión. Ser el profesional que se ha encargado de la música de The Walking Dead o de una serie histórica como Breaking Bad no es algo baladí. La escena final de ésta con el Baby Blue de Badfinger en los altavoces fue uno de los momentos con más impactos en redes sociales de la historia.

Evidentemente, series como la propia House, Lost o The Wire no tienen un único supervisor, lo que hace que los acérrimos seguidores de las mismas buceen en busca del nombre en cada capítulo para posteriormente seguir sus andanzas como locutores de radio o prescriptores de listas de canciones.


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