Mafalda, la niña argentina de seis años y cabello negro, la misma que odia la sopa y ama a los Beatles,  enseñó a generaciones enteras a hacer preguntas incómodas y  a dudar de todo. Sus reflexiones sencillas y demoledoras sirvieron a su creador, el dibujante Quino, para reflexionar sobre una década que se abría paso a empujones: desde la liberación sexual; la guerra de Vietnam; la crisis de los misiles o el estallido de la cultura de masas hasta los regímenes autoritarios que asolaron el mundo. Ha sido ella, sin duda, una de las razonesque convirtió al caricaturista argentino en Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014. Es, por así decirlo, la princesa cincuentona en la corte de Oviedo.

Al margen de los títulos nobiliarios esta niña de la clase media argentina distinguió a Quino por el carácter tragicómico de sus chistes; un rasgo del humor negro andaluz heredado de sus padres.  Joaquín Salvador LavadoTejón, nacido (no se sabe si un 17 de julio o agosto, pero sí el año: 1932) en Mendoza, recibió desde pequeño el mote que lo diferenciaba  de su tío Joaquín Tejón, apreciado pintor y diseñador gráfico, con el que, a los tres años de edad, descubrió su vocación.

En 1962, Quino llevaba ya cerca de una décadadedicándose al humor gráfico, cuando su amigo Miguel Brascó, humorista y escritor que había trabajado junto a él en algunas publicaciones, fue contactado por Agens Publicidad con el fin de crear una tira de historietas para promocionar la marca de electrodomésticos Mansfield, de la empresa Siam Di Tella. La tira funcionaría como publicidad encubierta al aparecer en medios impresos. Brascó recordó que Quino le había comentado «que tenía ganas de dibujar una tira con chicos» y le sugirió realizar una historieta que combinara a «Peanuts con Blondie». La campaña no llegó a realizarse, pero Mafalda ya existía. 

El personaje apareció por primera vez el 29 de septiembre 1964 en el semanario Primera Planade Buenos Aires. El 9 de marzo 1965, con el paso de las tiras cómicas al periódico El Mundo  se inicia el imparable éxito del personaje, que cruza las fronteras nacionales para conquistar América del Sur y luego se extiende a Europa. Lectores de todas las edades aprendieron a leer con aquellas viñetas que igual ironizaban sobre el pentágono o  Fidel Castro, que recién dirigía la revolución Cubana.

Sin embargo, en Mafalda, si hay un rasgo distintivo, es el hecho de que son los personajes infantiles quienes llevan la voz cantante. Los adultos están caracterizados con una cierta abnegación; los niños, valiéndose de un registro más directo y caracterizados casi como adultos, no pierden ocasión de ponerles en aprietos.

Ya sea de pie ante su pequeño globo terráqueo o sentada ante su tocadisco, Mafalda incomoda –especialmente a sus padres- con sus cuestionamientos sobre lo socialmente establecido y sus preguntas relativas al manejo político del mundo. Está convencida del progreso social de la mujer y lo preconiza, aunque no por ello mira  a su madre –ama de casa- con cierta conmiseración. Se imagina a sí misma estudiando idiomas y trabajando como intérprete en las Naciones Unidas para contribuir a la paz mundial.

Al comenzar la historieta, Mafalda tiene cuatro años de edad, y en el mes de marzo siguiente ingresa al jardín de infantes. En los diez años de desarrollo de la historieta parece llegar hasta el tercer o cuarto grado de la escuela primaria. Y ahí se detuvo. En 1973,  Quino decidió no continuar la serie.

Sólo dibujó de nuevo a Mafalda para campañas a petición de organizaciones como UNICEF o el Gobierno argentino. Así lo hizo tras el fallido golpe de Estado de 1987 contra el presidente Raúl Alfonsín –Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 1985–, cuando dibujó a Mafalda diciendo: “¡Sí a la democracia! ¡Sí a la justicia! ¡Sí a la libertad! ¡Sí a la vida!”. Su trabajo posterior ha sido recopilando en su colección de libros de humor ¡Qué presente impresentable! (2005), La aventura de comer (2007) y ¿Quién anda ahí? (2013).

Buena parte del éxito de Mafalda no se debe sólo a sus agudas observaciones. También a un reparto de lujo con los que Quino parodió a la sociedad argentina: Felipe (el soñador tímido y enamoradizo que quiere arreglar el mundo como su ídolo, el Llanero Solitario); Manolito (una caricatura del inmigrante gallego que representa las ideas capitalistas y conservadoras); Susanita (parlanchina, altiva y chismosa. Su único interés es crecer y convertirse en madre. Para ella el futuro perfecto del verbo amar es "hijitos"). También está Miguelito (enérgico, contundente y más filósofo que la propia Mafalda); a Guille (el hermano pequeño de Mafalda y el único que crece a lo largo de la tira, enamorado de Brigitte Bardot); y finalmente a Libertad (casi una metáfora: socialista convencida, es la única del grupo más radical que Mafalda).

En 1984, invitado para integrar el jurado del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, viaja a Cuba, donde comienza su amistad con el director de cine de animación Juan Padrón y firma un contrato con el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) para la realización de cortometrajes con sus páginas de humor. La serie se llama Quinoscopios, dirigidos por Juan Padrón sobre dibujos e ideas de Quino. En 1993 la empresa española D.G. Producciones S. A., en coproducción con Televisiones Españolas produce 104 episodios de Mafalda en dibujos animados de 1 minuto de duración dirigidos por Juan Padrón en el ICAIC. Las caricaturas fueron difundidasen Italiapor la RAI2 y en Argentina en dos oportunidades: primero por el antiguo canal 11 y varios años después por canal Encuentro.


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