Cultura

El elogio de la 'locultura'

Perdonen ustedes que empiece parafraseando a Erasmo, pero creo apropiado el término de mi invención: locultura. Y es porque empiezo a pensar que nos hemos vuelto locos con el tema de la cultura. Verán por qué…

Cenando el otro día con varias personas dedicadas a diversas ramas de la enseñanza universitaria, un profesor de Historia del Derecho comentó, entre bocado y bocado de chuletón, que en una de sus clases sobre las Capitulaciones de Santa Fe, otorgadas por los Reyes Católicos a favor del señor Colón, al que nombraban almirante y le concedían pingües beneficios sobre lo descubierto y por descubrir (por cierto, dicho documento puede ser admirado en Barcelona en una exposición sobre la Corona de Aragón y el Descubrimiento de América), uno de sus alumnos le preguntó, sin rubor alguno, que quiénes eran los Reyes Católicos.

Ante el estupor de los comensales, el docente continuó diciendo que la respuesta por él dada, irónica, empeoró las cosas. Le respondió que “de Recaredo hasta aquí, todos”. Si el alumno no sabía quiénes eran los Reyes Católicos huelga comentar el conocimiento que poseía sobre Recaredo. Estamos hablando de un estudiante de primer curso de Derecho. Por lo tanto, tiene aprobada la ESO, el Bachillerato y la Selectividad. ¿Cómo es posible esta situación? Entenderán ahora mi afirmación primera de que nos hemos vuelto locos con el tema de la cultura.

La cosa se complicó un poco más, pues los docentes se quejaban de que, además, cuando los escasos padres que se preocupaban en algo por sus hijos, lo único que preguntaban es si iban a clase y en qué estado, lo que dice muy poco de las presunciones paternas sobre la conducta de sus vástagos. Y la respuesta: esto es la universidad, el control les corresponde a ustedes. Y claro, se derivó en la vieja discusión sobre cultura, formación, instrucción, educación y a quién corresponde impartir cada una. Lógicamente no hubo acuerdo, ni en la semántica ni en el protagonismo de cada una de esas parcelas.

En lo que sí hubo acuerdo es que a alguien, a ese “quien corresponda”, hace tiempo que se la ido de las manos el tema de la cultura-educación-formación en este país.

La situación de los jóvenes

No teman, no voy a entrar en disquisiciones de alto nivel político. En primer lugar porque no lo tengo, y en segundo porque no es éste el foro adecuado. Solo quiero apuntar algunas ideas, creo, lógicas. Vivimos en un país que está a la cola de resultados estudiantiles en comparación con los países de su entorno… y de más allá; donde existe una elevada tasa de fracaso escolar, paliado con la medicina de no importar los suspensos; con una elevada tasa de paro juvenil y donde, en suma, se produce la situación descrita.

Y tenemos un Ministerio de “Educación, Cultura y Deporte”. Es decir, que tiene que repartir su dotación presupuestaria entre el binomio educación-cultura y el deporte (que si bien puede ser considerado por algunos parte de la cultura, no me negarán que va por otros derroteros en lo que aquí importa). Ya solo esa idea de reparto es preocupante pues a cualquiera se le antoja que el deporte va a ganar por goleada, valga el símil, en lo que a reparto presupuestario se refiere, máxime si hay eventos en lontananza como Juegos Olímpicos y similares. Con lo que queda, nos enzarzamos en peleas lingüísticas o en la asignatura esta o aquella, lo que supone un mayor coste para las arcas ministeriales.

Con lo que va quedando, que ya no debe ser mucho, se ha de subvencionar actividades culturales que dan imagen. Esto es, por ejemplo, el cine, de tan alta calidad que es deficitario porque, simplemente, no es atractivo a los espectadores y vive (mal) de las subvenciones. Y con el fondo del cajón, nos dedicamos a hacer algo por ese binomio educación-cultura, la de verdad, la que va a preparar a nuestros jóvenes para el futuro (perdón por el tópico): colegios y profesores, donde adquirirán la base de conocimientos (los Reyes Católicos y tontás parecidas); las universidades y sus profesores, las instalaciones necesarias, las becas para los alumnos que las necesiten, los centros de investigación, sus laboratorios y bibliotecas y las ayudas para que nuestros licenciados no tengan que emigrar a investigar a otros países y se queden donde les corresponde (¿les suena, valga de muestra para ver que esto es ya un mal viejo, un tal Severo Ochoa?).

Ni tengo los datos (fácilmente accesibles por otro lado), ni éste sería tampoco el momento ni el lugar para analizarlos. Pero el resultado de todo lo dicho es la pregunta de un estudiante de primer curso de Derecho: ¿quiénes eran los Reyes Católicos?


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