Cultura

La ruta del Delibes cazador

Esta nueva ruta literaria y turística incluye Boecillo, Esguevillas de Esgueva, La Mudarra, Medina de Rioseco, Puente Duero, Quintanilla de Onésimo, Renedo de Esgueva, Sardón de Duero, Simancas, Viana de Cega, Villanubla, Villavaquerín y Zaratán.

Delibes comenzó su afición por la caza desde muy joven. (Foto: Archivo RTVE)
Delibes comenzó su afición por la caza desde muy joven. (Foto: Archivo RTVE)

 Miguel Delibes tenía 10 años  cuando, un buen día de 1930, en Valladolid, abatió de un cantazo a una golondrina que picoteaba el grano sepultado en unos cagajones de equino junto a la Academia de Caballería. La hazaña le convirtió en cazador, pero además le dejó clavada una espina de culpa.

"Eliminar al pobre animal de una pedrada constituyó para mí, un niño muy religioso, una pesadilla que se repitió noche tras noche durante largos meses", escribe en Mi vida al aire libre (1989), libro que ha servido de inspiración para diseñar la tercera ruta turística que la Diputación de Valladolid presentó la semana pasada.

Numerosas y divertidas anécdotas de la vida privada del escritor  jalonan esta nueva ruta literaria y turística que tiene sus hitos en catorce municipios, incluida la capital, Valladolid: Boecillo, Esguevillas de Esgueva, La Mudarra, Medina de Rioseco, Puente Duero, Quintanilla de Onésimo, Renedo de Esgueva, Sardón de Duero, Simancas, Viana de Cega, Villanubla, Villavaquerín y Zaratán.

A la herencia francesa, por línea paterna, debe esta afición al aire libre, la naturaleza y el medio ambiente que Delibes transmitió a su vez a su familia: "Yo asumí esta inclinación para llenar mis ocios, pero mis hijos hicieron de ella un medio de vida", ya que "cuatro biólogos y un arqueólogo salieron de una camada de siete hermanos", anota en el libro.

Ese modismo cinegético para referirse a su prole abunda también en Mi vida al aire libre,  que subtituló con el irónico lema de "Memorias deportivas de un hombre sedentario", y que abrió con sendas citas, una de ellas de Rousseau, que le retrató: "No puedo meditar sino andando; tan luego como detengo, no medito más; mi cabeza anda al compás de mis pies".

De aquellas primeras caminatas infantiles como morralero de su padre, emergió luego la figura de un cazador que pudo superar sus "dolorosos escrúpulos ante la muerte inútil", gracias a lo que él mismo denominó una "vanidad cinegética", la cual mitigó en parte sus sentimientos humanitarios.

Estas rutas literarias, que la Diputación señalizará en cada municipio aludido mediante un monolito con textos alusivos extraídos de sus libros, están basadas en Las perdices del domingo, Diario de un cazador, El último coto, Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo, Con la escopeta al hombro y Mi vida al aire libre.


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