Espero que sepan saludar en chino mandarín. Si no, ya lo saben para la próxima vez que entren a tomar pato cantonés o comprar quincalla variada y barata. Para lo que aquí nos ocupa no les pido tanto, ni falta que les hace, pues para leer las 240 páginas de la siguiente novela tenemos la suerte de que Galaxia Gutenberg nos la ha traducido a nuestra no menos bella lengua. No sonará igual, y seguro que las nuevas generaciones tendrán el placer de leerla en su versión original sin subtítulos en un futuro inevitablemente próximo, pero a nosotros nos vale, y mucho, con esta edición del Círculo de Lectores.

Me refiero a Muchacho de oro, muchacha esmeralda de la autora china Yiyun Li. Una pequeña goyería, que está bien (¡pero que muy bien y necesario!) darnos de vez en cuando al bocata de  calamares y al torrezno bien frito, pero también de vez en cuando el desengrasar con unas pequeñas delicatesen -que no las hubiera mejor en Embassy o Lhardy- como esta obra de la cada día más interesante y accesible literatura china. Que yo entiendo que así, de primeras, da pereza. Sí, no nos pongamos estupendos: delante de la ventanilla del multicine de turno, entre Amor bajo el espino blanco de Zhang Yimou o la del blockbuster de turno (sea americana o del Torrente VII), de primeras como que no me digan que se lanzan como posesos a la primera.

Y eso que hemos tenido buenas aproximaciones cinematográficas de literatura china, como Balzac y la joven costurera china del director y escritor Dai Sijie, que él se escribió el libro, él se dirigió su película, con lo que todo quedó en casa. O pelis curiosas como 2046 de Wong Kar-wai, casi un poema visual tremendamente efectista. Pero no nos desviemos, que estamos con literatura. Esa literatura que empezó a hacerse visible a los occidentales, que tan creídos estamos de saber de China por ir de vez en cuando a tomar rollitos de primavera aunque no tengamos ni idea de diferenciar un lumpia de un rollo de huevo, desde la concesión del Nobel a Gao Xingjian.

Como aproximación a esta literatura que creemos tan diferente, de cultura tan dispar (y tan llena de tópicos como guiri que venga a España y compre un presunto sombrero mexicano en Benidorm), esta delicia de Li será ideal porque por el mismo precio no tendremos una historia: tendremos nueve. Pues nueve son los relatos que nos llevan a historias absolutamente cercanas y, sí, entrañables. Que nadie venga con prejuicios o esperando absurdos exotismos como el turista de barrio de riñonera y sandalias con calcetines que acaba comprando en “la semana de… en el cortinglés”.

Esta escritora pekinesa nos va a llevar, tal vez con una melodía general envuelta de melancolía (no siempre la tristeza es mala, siempre que sea exquisita), desde amor desgarrado y hasta desgarrador, a tremendamente tierno hasta la lágrima alegre; desde una sorprendente solidaridad, a otra en donde veremos las más sorprendentes detectives que nunca nos hayamos topado; desde un canto a la amistad sin ambages, con todo lo que ello conlleva, a la esperanza más imposible pero inevitable. Y a más.

Indudablemente, un plato exquisito a las nueve delicias.


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