A Hemingway  le gustaba escribir de pie. Así podía pasar horas en su luminoso cuarto de Finca Vigía, en Cuba. Faulkner, en cambio, tenía la costumbre de rayar las paredes. En su casa de Oxford, en Mississippi, todavía es posible ver delineada en una de las habitaciones la trama de Una Fábula. Sobre todo al final de su vida, Margarite Yourcenar se dedicó a escribir en una libreta en el jardín de su casona en Northeast Harbor, un pequeño pueblo de pescadores en el Estado de Maine.

Cada universo habitado es, a su manera, una obra. La que se escribe en los restos de una vida que le abre paso a la escritura: la Underwood sobre el escritorio; la biblioteca silenciosa; las gafas en la mesilla. Eso son las casas de los escritores, un lugar en los que obra y fetiche se mezclan, como si pudiésemos atribuir a los felpudos de Rohan Guéménée algún poder vital de la obra de Balzac.

Actualmente, en España hay 54 casas natales, museos o fundaciones de escritores con el nombre de algunos de los autores más importantes y relevantes de nuestro país, como Emilia Pardo Bazán, Tomás Morales, Rafael Alberti, Blas de Otero, Lope de Vega, o Max Aub. Desde 1993, todas ellas forman parte de la Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores, Acamfe. Cada año reciben casi tres millones de visitantes y acogen a casi 10.000 investigadores.

Con la intención de arrojar luz sobre estos lugares, hemos diseñado una ruta que comienza en Galicia, concretamente en Vilanova de Arousa (Pontevedra), donde  nació en 1866 Ramón del Valle Inclán. Allí se alza la Casa del cuadrante, una villa marinera  ubicada en el casco histórico, donde creció el autor de Luces de Bohemia y Tirano Banderas. En el mismo pueblo se localiza la Fundación Valle-Inclán, nombrada bien de interés cultural y de interés gallego, mientras que en  A Pobra do Caramiñal (A Coruña) se alza el Museo Valle-Inclán, un monumental edificio renacentista en el que se albergan y conservan objetos y testimonios vinculados a la vida del escritor.

Al lado de la antigua Universidad de Salamanca se alza un edificio barroco, de dos plantas, donde vivió Miguel de Unamuno durante los años que ejerció de rector. En la década de los 50 se convirtió en casa-museo para perpetuar la memoria del escritor y acoger su archivo y su biblioteca personales. Otro museo dedicado al escritor se encuentra en Fuerteventura, donde Unamuno se alojó durante el confinamiento decretado por Primo de Rivera en 1924.

En el actual número 5 de la calle Desamparados se encuentra la pensión que regentaba doña Luisa Torrego, en la que residió Antonio Machado desde 1919 hasta 1932. Junto a la puerta principal del Palacio de Dueñas, propiedad de la Casa de Alba, un azulejo del Ayuntamiento de Sevilla indica, en cambio, que en una antigua vivienda así emplazada nació el escritor de la generación del 98.

La Casa Museo Lope de Vega está situada en cambio pleno Barrio de las Letras de Madrid, más específicamente en el número once de la actual calle Cervantes, un nombre que, suponemos, en nada haría gracia hoy día a Lope, su  acérrimo enemigo. Según los registros,  Lope adquirió la casa en 1610 y vivió en ella durante 25 años, hasta su muerte. Muy cerca, justo en el barrio de las Letras,  Miguel de Cervantes, quien consideraba Madrid una ciudad desapacible y esquiva, tuvo varias casas: en  las calles León, Magdalena, Duque de Alba y Huertas. Sin embargo, la Casa Museo de Cervantes está en Alcalá de Henares.

En pueblo alicantino de Orihuela se levanta la Casa-museo de Miguel Hernández, junto a la sede de su Fundación, precisamente en la calle que lleva su nombre. Ahí se crió junto a sus hermanos el autor de Viento del pueblo y el amargo El hombre acecha.  En Fuente Vaqueros, en Granada, se alza en cambio la casa de labranza que vio nacer a Federico García Lorca. Junto a la casa, un pequeño granero acoge una sala de exposiciones en la que se exhiben sus libros, sus dibujos y sus cartas. Asimismo, cuenta con el legado de Anna María Dalí, hermana del pintor con el que Lorca trabó amistad en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Hay quienes dicen que todavía hoy se escucha el piano sonar entre las paredes de la casa.

En Moguer, Huelva,  en la misma calle con nombre del poeta, se encuentra la Fundación Zenobia y Juan Ramón Jiménez, albergada en la misma casa en la que pasó su infancia. El edificio, construido en el siglo XVIII y de estilo puramente andaluz, fue restaurado por la familia del escritor y desde 1956 se convirtió en casa-museo, cuando el autor de Platero y yo fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En ella se conserva la biblioteca particular de Juan Ramón Jiménez, que cuenta con 3.500 volúmenes y 7.500 revistas. Además, se exponen pinturas realizadas por el propio poeta y por artistas amigos de la familia, como Joaquín Sorolla y Gregorio Prieto.

En Las Palmas de Gran Canaria se halla la casa-museo en la que nació Benito Pérez Galdós. El edificio está distribuido siguiendo el modelo tradicional, en torno a dos patios centrales, y mantiene casi intactas la estructura y los materiales originales. Sus salas alojan mobiliario, obras de arte y fotografías que dan testimonio de la vida cotidiana del escritor.


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