Cultura

El insospechado y excitante éxito de Guadalupe Plata

Los Premios de la Música Independiente, organizados por la UFI, la Unión Fonográfica Independiente, se han convertido desde su instauración hace siete años en el escaparate perfecto de una escena, comúnmente llamada indie, que acapara conciertos y festivales a lo largo del año. En su edición, la sexta y celebrada con una gala en junio de 2014, el trío jienense Guadalupe Plata se erigieron en los grandes triunfadores, obteniendo los galardones relativos a Mejor Artista, Mejor Álbum de Rock, Mejor Directo, Mejor Fotografía Promocional y Mejor Artista Europeo. Un éxito inapelable.

Guadalupe Plata publica su nuevo disco (Guadalupe Plata).
Guadalupe Plata publica su nuevo disco (Guadalupe Plata).

Guadalupe Plataacaban de publicar estos días su tercer larga duración, que una vez más carece de título, y que se ha visto convertido en uno de los discos más esperados del año. El trío procedente de la localidad andaluza de Úbeda, formado por el guitarrista Perico de Dios, el bajista Paco Luis Martos y el batería Carlos Jimena, se han ido a grabar a Londres, a los estudios Toe Rag y se han puesto en las manos de Liam Watson, quien ya había trabajado con gente como The White Stripes, Pete Molinari, Tame Impala o Madness.

Cabalgando con el diablo

Pues hasta aquí, todo normal. Un grupo de provincias, que obtiene un éxito moderado en los circuitos de la música pop y rock independiente española, que aprovecha su oportunidad para grabar en el extranjero y que presumiblemente copará buena parte de los festivales veraniegos españoles. ¿Qué hace entonces especial a su propuesta? Pues precisamente, su insospechado éxito, dado el terreno musical en el que se mueven. Porque Guadalupe Plata no hace pop, ya sea bailable o atmosférico, ni música con un contenido vital que les acerque a las inquietudes de los sectores más jóvenes. Ni siquiera practican un rock más homologable a ambientes adultos. Lo suyo es una deconstrucción, una reinterpretación,  a partir de sumergirse profundamente en su historia, del blues procedente de los rincones más oscuros de la geografía norteamericana.

Son capaces de beber de las sórdidas aguas que en su día agitaron nombres como Howlin’ Wolf, Charley Patton, Elmore James o John Lee Hooker, para sacudir sus miserias entre el surrealismo castizo de unas letras de iconografía enfermiza y la tormenta eléctrica en la que convierten sus directos, llenos de parafernalia diabólica en lúgubre consonancia con buena parte de la historia del blues, música del diablo por excelencia. Ya desde el propio equipo instrumental de la banda marcan diferencias, utilizando una guitarra electroacústica casera y un bajo de barreño, vetusto artilugio realizado a partir del uso de un barreño metálico.  A todo ello habría que añadir un delicado cuidado del componente estético, tanto en la presentación de los discos como en los vídeos y en las fotografías promocionales.

Su nuevo trabajo no supone ningún cambio drástico en su componente musical, donde la propia apertura con Tormenta desemboca en un rockabilly de alma distorsionada, letras como las de Huele a rata o Tengo el diablo en el cuerpo abundan en su temática lírica más gritada que cantada, como en ellos es habitual, o instrumentales como Filo de Navaja o El paso del gato rastrean en ese rock palúdico a golpe de blues quebrado.

¿Cómo es posible entonces que un grupo con unos mimbres tan poco comerciales como éstos sea una de las sensaciones de la escena española? Sinceramente, resulta difícil de entender, pero no es algo que deba quitar el sueño. La simple presencia de una banda tan singular y excitante como Guadalupe Plata dignifica la música nacional. Y no se puede hacer otra cosa más que celebrarlo.


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