Cultura

Una muestra sobre arte alemán convierte al Louvre en territorio minado

En su última visita a Francia, la canciller alemana Angela Merkel tuvo el coraje de visitar junto al presidente francés, François Hollande, una de las muestras artísticas que más chispas ha hecho saltar entre París y Berlín. De l'Allemagne, una exposición del Museo del Louvre dedicada al arte germano del Siglo XIX y de principios del XX, ha puesto de relieve que los nervios, a ambos lados del Rin, están a flor de piel.

La muestra debería haber constituido la mayor celebración cultural de los 50 años que se cumplen en 2013 de la firma del Tratado del Elíseo, documento que rige la tradicional y privilegiada relación franco-alemana. No obstante, el Louvre se ha visto envuelto en una polémica que poco puede servir a los todavía vanos esfuerzos de franceses y alemanes en la resolución de la crisis económica del continente.

De l'Allemagne se presenta como “una reflexión sobre los grandes temas que han estructurado el pensamiento alemán entre 1800 y 1939” a través de más de 200 lienzos representativos de la pintura germana, que prestan especial atención a la producción de figuras del romanticismo teutón, como Caspar David Friedrich (1774-1840) o Phillip Otto Runge (1777-1810). También se ocupa el museo parisino de dar cuenta de la obra artística de otros grandes nombres como Paul Klee (1879-1940) u Otto Dix (1891-1969).

Por supuesto, en esta muestra del Louvre, centro neurálgico cultural de categoría mundial, hay mucho más. Franz von Stuck (1863-1928) también ocupa un lugar destacado entre los pintores expuestos, al igual que Lovis Corinth (1858-1925) y Max Beckmann (1884-1950). En último término, en la exhibición también se proyectan fragmentos de la película Menschen am Sonntag, obra de 1930 firmada por el guionista y novelista Curt Siodmak (1902-2000), y del documental Olympia (1938), de la cineasta Leni Riefenstahl (1902-2003).

Fecha maldita

La muestra indaga, sobre todo, en el ambiente cultural en el que se gestó la moderna identidad nacional germana. Esa construcción intelectual fue la que inspiró la creación de la Alemania imperial en 1871. Pero al haber elegido 1939, año en que el nazismo dio alas a su voluntad expansionista con la invasión de Polonia en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, los responsables del Louvre se expusieron, sin saberlo, a la hipersensibilidad de los observadores de lo cultural en suelo germano.

Así, en el prestigioso diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung se ha podido leer que “lo que muestra la exposición es problemático”, porque se da la “impresión que los alemanes, tras un breve periodo de fascinación por la Edad Antigua, volvieron a sus bosques” para “volverse locos en 1909” antes de “caer en el nacionalsocialismo”. Esos términos son de Niklas Maak, crítico avezado de ese periódico, que ha considerado que el museo galo ha hecho “bricolaje con la historia de Alemania” para consolidar el estereotipo francés sobre un vecino germano “sombrío, romántico y peligroso”. Por su parte, el semanario progresista Die Zeit también manifestó su desaprobación con la labor de los comisarios de la muestra parisina, señalando que en De l'Allemagne se hace una “interpretación” de la historia germana que, “por etapas, lleva a la catástrofe”.

Campo de batalla intelectual

Ante las arremetidas mediáticas contra la exposición, el Louvre puso a sus responsables en primera línea de fuego, pero con la misión de calmar las hostilidades. “Para nosotros, el arte alemán es de todo menos algo sombrío”, ha dicho el conservador jefe del Louvre Sébastien Allard, mientras que Danièle Cohn, miembro del equipo de especialistas encargado de De l'Allemagne, se ha visto obligada a recordar que “una exposición sobre Alemania no implica que haya que decirlo todo sobre Alemania”. Henri Loyrette, director del museo, se dirigió a Die Zeit para señalar que la intención de la muestra carece de “intención polémica”, pues quiere ofrecer una visión de cómo el arte alemán se ha relacionado con el “pasado, la naturaleza y lo humano”. De l'Allemagne, según Loyrette, dispone de tres ángulos de lectura del arte alemán para el periodo abordado para evitar, precisamente, que se pudiera ver “una eventual continuidad entre el romanticismo y el nazismo”.

El Museo del Louvre, que llevó a cabo esta operación de comunicación antes de que Merkel y Hollande vieran la exposición juntos a finales de mayo, terminó desminando su muestra, convertida en campo de batalla intelectual. De hecho, De l'Allemagne sirvió como actividad cultural a ambos líderes en la última cumbre franco-germana que tuvo lugar en París y que sirvió para ofrecer al resto de socios continentales “el lado bueno de una familia que se tambalea” por la crisis que vive la Unión Europea, según apuntaba el pasado fin de semana el diario parisino International Herald Tribune. Para Anne-Cécile Robert, profesora del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de París VIII y miembro del consejo editorial del mensual galo Le Monde Diplomatique, es “sombrío” el clima en el que se está celebrando el 50 aniversario de la firma del Tratado del Elíseo. En plena crisis, parece que ni la cultura puede reconciliar las austeras posturas políticas de Merkel con las propuestas favorables al crecimiento económico de Hollande.


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