Cultura

Chillida Leku: el universo cerrado

Pido de antemano perdón por si mi tono se volvió medio triste, como decía el cantautor gauchesco. Pero el hecho de que el Chillida-Leku, el ‘Museo de Chillida’, para entendernos, permanezca cerrado desde el 1 de enero de 2011 me resulta bochornoso para Guipúzcoa (en particular), España (en general) y para el ámbito de la cultura (en lo universal).

Porque, además, Chillida, don Eduardo, nacido y muerto en su tierra, era vasco de pura cepa, pero universal: “Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura”. Creo, sinceramente, que el maestro no estaría muy de acuerdo con el modo en que se han llevado las negociaciones entre sus herederos y las pacatas instituciones políticas y que, rotas definitivamente, han condenado al ostracismo a su obra y a su sueño.

Una desearía ser arquitecto, o escultora, o, en fin, tener un oficio relacionado con el arte monumental de Chillida para que ese oficio le proporcionase el pase especial a la intimidad del Caserío de Zabalaga para estudiar, investigar y sobre todo admirar y tocar las obras que allí reposan. Pasear entre ellas en un silencioso homenaje a su autor que soñaba “con encontrar un espacio donde pudieran descansar mis esculturas y que la gente caminara como en un bosque”.

Lamentablemente, no es así. Me tengo que conformar con ver parte de su arte en viejos catálogos de exposiciones o con el fotografiado en alguna monografía. Por ejemplo, Una colección de arte de Telefónica de España, editada en Lisboa, o Aena, colección de arte contemporáneo (Madrid, Aena 1998), o en Ateliers (Barcelona, Polígrafa, 2000).

Y me tengo que conformar con esa contemplación plana del papel (mi querido papel, sobreviviente exhausto de esta época digital), porque la monumental obra de Chillida  está repartida por todo el mundo: EEUU, Irán (sí, han leído bien), Finlandia, Suiza, Japón, Francia, Suecia, Alemania (de manera especial) y España. El recorrido, como ven, es impensable para quienes tenemos el presupuesto y el tiempo limitados. Pero no todo es tristeza, en nuestros pagos madrileños podemos admirar: Lugar de Encuentro II, en acero, sita en la Plaza del Rey; el Homenaje a Rodríguez Sahagún, en el Parque dedicado al malogrado político, también en acero;  Lugar de Encuentro III, en hormigón, en el Paseo de la Castellana y  Lugar de Encuentro VI, en acero ante la Fundación Juan March. En la Imperial Toledo podemos disfrutar de su Lugar de Encuentro V, que forma un espectacular conjunto con la histórica Puerta de la Bisagra toledana. Después hay que viajar, casi siempre a su tierra vasca, pero también a Barcelona, Palma de Mallorca o, incluso a la inmortal Hispalis.

Chillida pensaba que todos somos propietarios de la obra de arte en el momento en que estamos frente a ella. Pues prometo visitar todas las que pueda y como postre, ir a San Sebastián, degustar las delicias de Subijana en el Aquelarre del monte Igueldo y plantarme ante el Peine de los Vientos. Si todos esos momentos de propiedad temporal fueran evaluables en dinero, prometo que lo donaría para que, de nuevo, se abriese el Caserío de Zubalaga, para que se abriese el Universo. Que lo han cerrado. Palabra de honor.


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