Cultura

Hoeness y su 'dopaje fiscal' entran en la historia más oscura del deporte alemán

Uli Hoeness, toda una leyenda futbolística en Alemania, puede estar seguro de que ha dejado huella en su país. Pero no sólo por sus goles cuando era delantero de la selección de la República Federal de Alemania en los años 70, ni por haber conquistado el Mundial-1974, ni por su excelsa gestión del Bayern Múnich, el club donde entrena Pep Guardiola y que ha presidido hasta hace unos días. Y es que a la Hacienda pública teutona, Hoeness dejó de pagarle casi 30 millones de euros en impuestos, algo que le llevará directamente a la cárcel.

Su caso ha causado conmoción, y hasta el Frankfurter Allgemeine Zeitung, uno de los periódicos más serios del país, reconocía que “el juicio de este directivo del mundo del fútbol ha desplazado la atención de los titulares de la crisis en Crimea”. Según se leía en páginas de este diario, el juicio a Hoeness ha sido el que ha causado mayor “sensación en las últimas décadas”. Con el mediático juicio de Hoeness, parece caer en desgracia otra figura del deporte alemán de los años 70. Precisamente, de los años de Guerra Fría, han quedado en la historia del deporte germano grandes escándalos de dopaje en la extinta República Democrática de Alemania (RDA).

De la mano del entonces líder del a RDA, los atletas de la Alemania Oriental se convirtieron en “embajadores con ropa de gimnasia”.

Ahí está el ejemplo de Andreas Krieger. Hasta 1997, este hombre no era otra que Heidi Krieger, lanzadora de peso de la RDA que ganó un oro en el Campeonato de Europa de atletismo de 1986, disputados en Stuttgart. El régimen de dopaje impuesto por los responsable del deporte de la RDA, a base de inyecciones esteroides desde la adolescencia, cambiaron su vida –incluso su sexo– para siempre. Ahora vive cerca de Berlín y está casado con Ute Krause, también deportista de elite en los años setenta y víctima de las sistemáticas prácticas dopantes de la RDA.

La dictadura buscó brillo internacional en las grandes citas deportivas hasta su extinción en 1989. De la mano del que fuera presidente de la RDA, Walter Ulbricht (1893-1973), los atletas de la Alemania Oriental se convirtieron en “embajadores con ropa de gimnasia”, según los términos de este líder comunista.

Records “envenenados”

Ni siquiera estrellas míticas del deporte alemán, como Marita Koch, ganadora de un oro olímpico en los Juegos de Moscú de 1980, y de tres títulos mundiales en el Mundial de Helsinki de 1983, se han zafado completamente de la sombra del dopaje. Su récord todavía vigente de 47,60 segundos en los 400 metros, firmado en 1985, es de esas marcas que invitan a muchos a dudar, especialmente sabiendo del contexto del atletismo en la RDA. Ines Geipel, otra ex atleta del equipo olímpico alemán, se ha llegado a referir a esa marca como un “récord envenenado”, aunque Koch siempre se ha defendido frente a quienes cuestionan la limpieza de sus resultados.

Se han visto salpicados por la sospecha otras figuras como Waldemar Cierpinski o Karin Enke.

También se han visto salpicados por las sospechas de dopaje otras figuras del deporte de la Alemania Oriental, como Waldemar Cierpinski, que consiguió dos títulos olímpicos en maratón, en Montreal 1976 y Moscú 1980. Lo mismo le pasó a Karin Enke, patinadora de velocidad que consiguió tres oros en los Juegos Olímpicos de invierno de Lake Placid 1980 y Sarajevo 1984. Entre estos deportistas que se han visto cuestionados, hubo quien se atrevió a llevar el asunto a los tribunales para defenderse de las acusaciones, y perdió. Le ocurrió a Heike Drechsler, estrella de salto de longitud en cuya carrera defendió los colores de la RDA y de la Alemania reunificada, consiguiendo, entre otros logros, dos títulos olímpicos, otros dos oros en mundiales y un par de oros en Campeonatos de Europa. La justicia, sin embargo, confirmó la veracidad de las revelaciones hechas por Brigitte Berendonk y Wermer Franke, una pareja que ha estado desde los primeros momentos del ocaso de la Alemania Oriental investigando en los documentos oficiales de la RDA sobre el dopaje a deportistas. Se ha probado que, entre 1982 y 1984, Drechsler estuvo usando sustancias dopantes.

Dopaje a ambos lados del muro

También hubo deportistas de éxito en la RDA que acabaron teniendo una vida más plácida, sin tanto embrollo. Lo prueba el ex ciclista Täve Schur, quien después de ganar dos títulos mundiales a finales de los años cincuenta, luego tuvo tiempo de hacer política en el régimen comunista para después abrir a principios de los años noventa una tienda de bicicletas con su hijo, Jan. Éste último se hizo con un oro olímpico en la prueba de ciclismo en ruta en Seúl 1988, los últimos juegos antes del colapso de la RDA y del mundo soviético.

Investigadores de dos universidades han confirmado que en la RFA también se incurría en prácticas dopantes.

Tras el ocaso comunista, algunos campeones de la RDA siguieron compitiendo con éxito, como el aún hoy popular en toda Alemania Henry Maske, boxeador y también oro olímpico en Seúl 1988. Llevó el cinturón de campeón de la Federación Internacional de Boxeo en su categoría, los semipesados, entre 1993 y 1996. Aun así, lo cierto es que el dopaje sistemático en la RDA ha empañado muchos éxitos de deportistas alemanes. Sin embargo, en la RFA también se incurría en prácticas dopantes, tal y como revelaron el pasado verano investigadores de la Universidad Humboldt de Berlín y de la Universidad de Münster con un imponente dossier de casi 1.000 páginas.

Franz Beckenbauer, otra gloria futbolística que pasó por el Bayern Múnich, señaló al respecto el año pasado que, en la década de los setenta, no se sabía “lo que era el dopaje”, pues “la palabra ni siquiera existía”. El fraude fiscal, sin embargo, es un delito tan antiguo como las haciendas de los países, circunstancia que habrá contribuido a que Hoeness se haya quedado sin defensa ante los jueces. A estas alturas, tiene asumido que su “dopaje fiscal” –si se puede llamar así su condena por evasión de 27,5 millones de euros en impuestos– le llevará a la cárcel. Le han caído tres años y medio de prisión por incurrir en una variante de ese mal que aún persigue a muchos en el mundo del deporte y que consiste en hacer trampas.


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