Cultura

Figueres: Mucho más Dalí de lo que aparenta

Cada mañana, al levantarme, experimento un supremo placer: ser Salvador Dalí. Con este ánimo empezaba cada día el pintor, lo que no es mala filosofía vital. Pero claro, jugaba con ventaja porque despertarse en el Empordà ciertamente ayuda a sentirse bien con uno mismo.

La gente que llega con la intención de seguir las huellas de Dalí traza el perfecto triángulo establecido por el sota, caballo, rey de los escenarios dalinianos: su casa de Portlligat, el castillo de Púbol y el museo de Figueres. Pero sin salir de Figueres se puede hacer un completo recorrido cronológico por su vida, desde la casa que le vio nacer un 11 de mayo de 1904 hasta la cripta del Teatro-Museo donde descansa.

Si conseguimos levantar la vista del mapa que va tras las huellas del pintor, descubriremos una ciudad que nos brinda estupendos ejemplos de las diferentes arquitecturas que dotaron de soluciones habitacionales a la burguesía catalana: barroca, neoclásica, ecléctica, modernista, novecentista o racionalista. En el modernismo nos fijamos para llegar hasta el número 20 de la calle Monturiol, en la conocida como Casa Puig que vio nacer al artista. Vivió allí hasta los dieciocho años y cursó estudios en el instituto Ramón Muntaner, donde Dalí creó la revista Studium junto a otros compañeros.

En la ciudad hay dos museos que la gente suele pasar por alto pero que nos aportan muchos datos de la infancia y de otras facetas creativas de Dalí. Hablamos del museo del Joguet de Cataluña, que muestra una exposición acerca de la juventud del artista compuesta por objetos como juguetes o álbumes de fotos, y del espacio Dalí-Joyas que alberga una colección de treinta y siete joyas y más de veinte dibujos de los diseños que realizó durante tres décadas.

Casi todos los cafés y restaurantes que frecuentó Dalí han desparecido o han sufrido cambios radicales, pero algunos todavía conservan la esencia de los días en que era simplemente Salvador y pasaba horas charlando con sus vecinos. Al café Astoria le han quitado la marquesina y le han modificado el interior, dándole un aspecto más aséptico, más moderno, menos Dalí. Pero por suerte aún mantiene la barra sobre la que se apoyaba el pintor. En su interior se pueden ver fotos en las que aparece sentado en alguna de las mesas. El popular Ca la Teta, hoy hotel-restaurante Duran, fue uno de sus restaurantes preferidos. El hotel fue la casa de Dalí y Gala antes de que ocuparan la torre Galatea.

La iglesia de Sant Pere tuvo protagonismo en varias etapas esenciales: el bautismo, la comunión y el funeral. Pero sin duda la estrella daliniana, el motivo por el que cientos de miles de personas se desplazan hasta esta pequeña ciudad gerundense, es el Teatro-Museo Dalí. Allí podemos ver una amplia colección de obras del pintor y de algunos otros artista por los que profesaba admiración.

Si el edificio es original por fuera, fiel reflejo de la vida y obra del artista, el interior es un verdadero templo del surrealismo. Dalí dijo: ¿Dónde si no en mi ciudad debe perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra? Las razones por las que escogió ese espacio fueron tres. En primer lugar porque se consideraba un pintor teatral, en segundo porque estaba delante de la iglesia donde fue bautizado y él era católico, apostólico y romano; y por último porque en el vestíbulo del teatro expuso su primera muestra de pintura.


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