Cultura

Cómo ser Daniel Day-Lewis y no morir en el intento

Es considerado uno de los mejores actores vivos, el único que ha ganado tres premios Oscar como actor principal -Mi pie izquierdo, Pozos de ambición y Lincoln-  y se toma tan en serio su profesión que prepara a conciencia cada proyecto en el que se embarca llegando a hacer las cosas más insólitas en pro de la credibilidad de sus papeles. Ha rechazado numerosos proyectos a lo largo de su carrera; entre ellos el papel que hizo Tom Hanks en Philadelphia y que le valió el Oscar en 1993, y aceptado otros insólitos, como el de protagonista masculino del musical Nine que ignoró Javier Bardem.

Daniel Day-Lewis, londinense de nacimiento pero nacionalizado irlandés en 1993, está casado con la hija del dramaturgo Arthur Miller, Rebecca, con quien tiene dos hijos en común. Además tiene otro, de su anterior relación con la actriz Isabelle Adjani.

A pesar de llevar una vida familiar más o menos convencional, lo cierto es que la personalidad del actor es de lo más peculiar. Su vida está plagada de anécdotas dispares y capítulos curiosos que hoy repasamos.

Sus sacrificios personales para dotar de intensidad a sus personajes

Daniel Day-Lewis tiene fama de 'intenso' entre sus compañeros de profesión. Y es que él vive por y para el cine dejándose la piel en ello. Para interpretar al pintor aquejado de parálisis cerebral de Mi pie izquierdo (1989), papel con el que ganó su primer Oscar, el actor convivió durante unos meses en un hospital con niños que padecían esta misma enfermedad. Durante el rodaje se comportaba como si fuera víctima de esta discapacidad, por lo que había que vestirlo, darle de comer y trasladarlo de un lugar a otro del plató. Su inmovilidad y las posturas que tenía que adoptar durante la grabación le produjeron la rotura de dos costillas pero él ni se inmutó.

Y si hay que irse a la selva a vivir a la intemperie, pues tampoco lo duda. En 1992, para el rodaje de El último mohicano aprendió a cazar y a pescar en la canoa que él mismo construyó y, deambulaba todo el día con un fusil que aprendió a manejar.

Cuando rodó En el nombre del Padre, en 1993, pasó dos días en una celda sin agua ni comida e incluso pagó a varias personas para que le insultasen y le arrojasen cubos de agua fría, con el fin de vivir en sus pieles las vejaciones a las que sometían al personaje de la película.

Años después se hizo carnicero para poder encarnar al personaje de Gangs of New York (2002) de Martin Scorsese, y agarró una neumonía, pues para ser fiel al vestuario del siglo XIX, en el que está ambientada la película, rehusó a llevar prendas de abrigo y tampoco quiso tomar medicamentos que no existieran en esa época. Para cabezota, él.

Aislado e incomunicado

También sacrificó su vida familiar cuando rodó a las órdenes de su propia esposa, Rebecca Miller, La balada de Jack y Rose (2005). Para sentir la soledad en la que se ve inmerso el personaje de la película, un enfermo terminal que vive aislado en una comuna con su hija, se separó de su familia durante unos meses sin mantener ningún tipo de contacto con ellos.

Y tampoco le importó irse a vivir al desierto de Texas con una tienda de campaña para preparar su personaje de Pozos de ambición, con el que ganó su segundo Oscar en 2007. Estuvo dos años estudiando el papel para encarnar a la perfección a Daniel Plainview, el magnate del petróleo protagonista del filme de Paul Thomas Anderson.

Para su último papel en Lincoln (Steven Spielberg, 2012) con el que obtuvo su tercera estatuilla, trabajó el acento de Kentucky para imitar el deje del presidente norteamericano y exigía, durante el rodaje, que todo el equipo se dirigiera a él como “Señor presidente”, por eso de no salirse de su rol.

El aprendiz de zapatero

Pero su excéntrica personalidad también le condujo a abandonar el cine voluntariamente durante cinco años para aprender el oficio de zapatero. Sucedió tras su participación en la película The Boxer que protagonizó en 1997.

El actor decidió, entonces, exiliarse a Florencia con su familia para aprender este trabajo artesanal, de la mano de un maestro, Stefano Bemer, al que conoció tras hacerle un encargo de un par de zapatos de gran calidad. Como un alumno ilusionado más, se dedicó en cuerpo y alma a aprender el oficio, pasando ocho horas diarias en el taller de Bemer, demostrando la misma pasión que pone en sus interpretaciones.

En 2002 -ya aburrido de hacer zapatos- regresó al cine de la mano de Martin Scorsese para interpretar el papel de Bill el carnicero en la película Gangs of New York.

Salió huyendo en medio de una representación de “Hamlet”

Años atrás, en 1989, el actor ya había protagonizado otro episodio de lo más insólito con tintes paranormales. Se encontraba en medio del escenario del National Theatrede Londres, interpretando la célebre obra Hamlet, cuando, en un arranque de terror, abandonó las tablas y se dirigió espantado al camerino. ¿Qué había sucedido? El actor había visto el fantasma de su padre, el poeta Cecil Day-Lewis, que falleció cuando él tenía 15 años. Daniel protagonizó, así, un momento de analogía con el personaje de Shakespeare. Eso sí que es implicarse en la obra.

¿Cómo dejo a mi novia? Por fax o… mejor, que se entere por la tele

En cuanto al terreno sentimental, cuenta la leyenda que en 1994 rompió por fax con Isabelle Adjani, con la que llevaba cuatro años, aunque al parecer ella lo negó, afirmando poco después que se había enterado de la ruptura “por televisión”. Ah, bueno, ¡mucho mejor!

Complejo y apasionado en su vida personal, volcado e intenso en lo profesional, Daniel Day- Lewis es más que un actor del método, él es un método en sí mismo, una máquina de emociones: el actor con mayúsculas. Eso sí, convivir con él debe ser una pesadilla.  


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