Cultura

6 alternativas a los clásicos coñazos navideños

Vaya por Dios. Es Navidad y toca sentarse a ver otra vez ¡Qué bello es vivir!, Solo en casa, De ilusión también se vive… Pues no, ya basta, no nos gustan los polvorones y punto. Desde aquí te ofrecemos esos ‘otros’ grandes clásicos navideños que nadie se atreve a reivindicar como tales, pero que -no nos engañemos- seguramente nos gustan incluso más que las anteriores.  Las hay que han ido cobrando fuerza durante los últimos años, otras son inmundas y friquis, y alguna ya era muy conocida, pero por alguna razón no la asociábamos con el Adviento. Todas ellas tienen algo en común: nos van a ayudar a vencer el sueño tras la correspondiente comilona mucho mejor que los clásicos oficiales.  

Alternativas a las clásicas películas navideñas.
Alternativas a las clásicas películas navideñas.

Los fantasmas atacan al jefe (1988)

Entre una y otra entrega de Arma Letal (miren abajo, miren), el director Richard Donner cogió por banda a Bill Murray, entonces en la cima de su popularidad cómica, para lo que un crítico insoportable cualquiera llamaría ‘un innecesario giro contemporáneo de Cuento de Navidad de Dickens’. El cínico Frank Cross, director de una cadena televisiva sensacionalista (su programa especial de Navidad se titula La noche que murió el reno, con Lee Majors), está a punto de recibir la lección de su vida de la mano de tres fantasmas puñeteros. La película se ha ido revalorizando según pasan los años, sobre todo gracias a esa segunda vida artística que ha vivido su protagonista desde Lost in Translation. Pero es que además es rematadamente buena: atención a su desenlace, con Murray dirigiéndose directamente a la audiencia. “¡Ahora los hombres de verdad!”

Gremlins(1984)

¡Cuidado! No son lo que parecen. El espíritu antinavideño de la fábula producida por Spielberg pilló desprevenidos a casi todos, y podría resumirse en una sola secuencia: aquella en la que el personaje de Phoebe Cates  narra la traumática experiencia de (¡Oh my God!) descubrir el cadáver de su padre vestido de Santa Claus. La MPAA, que elabora la clasificación por edades de las películas, tuvo que modificar su escala debido a las numerosas denuncias de padres escandalizados por el humor negro y la violencia soterrada del filme, aunque quizá había algo todavía más molesto por debajo de todo. Al fin y al cabo, Joe Dante, su director, había cogido por banda el clásico navideño americano por excelencia, ¡Qué bello es vivir! (incluso el pueblo ficticio Kingston Falls parece un remedio de Bedford Falls, el de la película de Capra) y alterado su significado convirtiéndolo en una película de monstruos y serie B, un vehículo perfecto para realizar un agrio comentario sobre el consumismo e hipocresía en las que todo había degenerado. Con una lógica aplastante, en la secuela Gremlins 2 llevó el asunto al territorio de una autoparodia casi metaficcional. Paradojas de la vida: sólo 30 años después, las dos películas son ya clásicos por sí mismas.

Jungla de Cristal (1988)

Los aficionados al cine de acción de verdad, es decir, el que tuvo lugar entre mediados de los ochenta y de los noventa, saben a qué nos referimos. Cada vez que en el hilo musical del Alcampo se escucha Let’s snow, un latigazo nos recorre la espina: los terroristas están a punto de irrumpir en el pasillo de congelados. La película del visionario John McTiernan tiene un guion perfectamente escalonado, redefinió el concepto de héroe y es en sí misma una sucesión de planos perfectos y gran lenguaje cinematográfico. Pero es que además desprende atmósfera navideña por todos sus sudorosos poros. La segunda parte no se quedó atrás, con toda esa nieve sobre las pistas del aeropuerto de Dulles, en San Francisco, un recuento de muertos brutalmente alto y un ambiente todavía más viciado y tremendista.

S.O.S ¡Ya es Navidad! (1989)

La tercera de la serie National Lampoon’s dedicada a las vacaciones de los Griswold estuvo dedicada a los avatares navideños de la familia media americana. El personaje de Chevy Chase, siempre deseoso de agradar, tiene que soportar bajo su techo a los familiares friquis de su mujer, ese primo insoportable que aparece de improviso y, en general, todo el paquete completo de las vacaciones de fin de año. La memorable escena del trineo barnizado o la destrucción del minino son algunas de sus mejores escenas y la convierten casi en una buena secuela de Las locas vacaciones de una familia americana. Hasta hace pocos años, o quizá todavía, era imposible de evitar en la programación navideña.

Arma Letal (1987)

Pocos asocian todavía la película que lanzó a la fama a Mel Gibson con estas señaladas y ‘buenrollistas’ fechas, pero así es. La primera Arma Letal se desarrolla en la calurosa Navidad de Los Ángeles, fechas ideales para la redención de su violento protagonista. Y de hecho, la canción de sus títulos iniciales (sí, antes de que la pobre Amanda Hunsaker se quite la vida) es el poderoso villancico Jingle Bell Rock. Casi todos los guiones que ha escrito desde entonces el estupendo Shane Black, el creador de ésta, la buddy movie por excelencia del cine moderno, se desarrollan en Adviento, desde la infravalorada Memoria Letal hasta la reciente Iron Man 3.

Noche de Paz, Noche de Muerte (1984)

La saga Silent Night, Deadly Night es la bandera de todo un subgénero de terror navideño que incluye títulos como No abrir hasta Navidad (1984), Navidades Negras (1974) o las más recientes El verdadero Santa (2005) y Rare Exports (2010). En la primera parte de esta saga se nos pone en antecedentes con el trauma del pobre Billy, un niñito que vio a un hombre vestido de Santa Claus asesinar a sus padres. De mayor y ya como maníaco homicida plenamente establecido, se dedica a dar su propia versión de lo que es un regalo de Navidad enfundado en el traje rojo. Estamos ante el paradigma de película de horror barata y mala de videoclub condenada por la censura y la crítica, pero precisamente por eso memorable. Sus numerosas secuelas se alejan progresivamente del argumento inicial, aunque ha sido la segunda de ellas la que ha logrado trascender gracias a este momento de gran cine.   


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