Cultura

Los paseos de Robert Walser en Usera

Una obra de teatro distinta: una estación de metro en lugar de butacas; un aforo de 10 personas y apenas cinco funciones.

Los paseos de Robert Walser en Usera
Los paseos de Robert Walser en Usera

El escritor suizo Robert Walser era un paseante, acaso el fantasma literario predilecto de muchos lectores y escritores -Calasso, Coetzee, Vila-Matas, este último walseriano a más no poder-. Su vida y su obra están dotadas de una cierta fugacidad, una vocación de transparencia y evaporación, ejecutada con letra febril y apretada caligrafía de la que quedan libros como Escrito a lápiz. En su afán de no desear nada y simplemente desaparecer, ingresó voluntariamente en el sanatorio de Herisau (Suiza), aunque nadie sabe acertar si sufría una severa depresión o sólo quería apartarse del mundo y dedicarse a narrar lo mínimo, esa naturaleza que no necesita hacerse importante, porque “lo es”.

Murió el día de navidad mientras daba uno de sus largos paseos por la nieve. Se dice que lo consiguió un grupo de niños, yacía tendido, con la mano en el corazón. El escritor y editor Carl Seeling lo visitaba con regularidad, y algunos domingos emprendían caminatas por Appenzell, un paisaje de colinas por el que solían perderse ambos en largas y contemplativas caminatas, muchas de ellas contadas por Seeling en el libro Paseos con Robert Walser (Siruela, 2000).

Inspirándose en esa figura del que camina sin un rumbo fijo, el director de teatro Marc Caellas regresa con una obra en la que el personaje principal es Robert Walser, al que le saca el jugo más irónico. Caellas hace pasear a Walser...  eso sí, en verano y por Usera. Dueño de un teatro original, inesperado, inteligente y culto, además de muy literario –sus obras anteriores han adaptado libros de David Foster Wallace o Roberto Bolaño-, Marc Caellas ejecuta una vez más ese formato a mitad de camino entre el performance y la puesta en escena.

Definida como una obra de teatro a pie, un grupo de diez espectadores pasean junto a Robert Walser, quien, a medida que avanza la caminata, declama fragmentos de la novela El paseo. Mientras eso ocurre, Walser –y sus paseantes- se encuentra, de manera prevista o imprevista, con un librero, una celebrada actriz, un sorprendido banquero o una cantante en un barrio en que todos los vecinos parecen –o son– cómplices de la propuesta.La obra se presenta en ocasión del Festival Fringe de teatro, en Madrid. Sólo habrá cinco presentaciones los días 22, 23, 24, 25 y 26 de julio, a las 19:30 horas, en el metro Usera.

Justamente sobre este tema hemos conversado con Caellas quien ha desarrollado su trabajo como director teatral entre Barcelona y Buenos Aires, además de otras ciudades de América Latina, entre ellas Caracas o Bogotá. Caellas es además escritor. En 2011 publicó Carcelona (Melusina) una ácida crónica de la Barcelona cultural y política en la que el autor nació y creció.

-Ya se atrevió con Bolaño, ahora con Walser. Por esa línea, y subiendo el volumen, lo siguiente que podríamos esperar es Houellebecq.

-Lo cierto que es hubo una posibilidad de trabajar un montaje a partir de El mapa y el territorio, que se frustró por motivos que no vienen al caso. Pero sí, me interesa Houllebecq como autor y como personaje. Suele suceder así con los escritores que leo y admiro.

-¿No le parece que nos vendría mejor algo de nieve en este paseo? Con suerte y desaparecemos. Pero en verano lo veo complicado.

-La imagen de Walser desplomado en la nieve es muy potente. Walser murió paseando en las montañas suizas. Nosotros proponemos un paseo veraniego por Usera, un barrio madrileño con mucha personalidad y con espacios sorprendentes. La nieve no está prevista.

-Un grandísimo paseante -y también lector de Walser- es Enrique Vila Matas. ¿Le invitó a la obra?

-Sí, le hice una entrevista hace poco para la revista colombiana Arcadia y ahí aproveché para invitarlo. Le propuse que apareciera sorpresivamente en la obra, sin estar anunciado, y conversara, por fin, con Walser. Que suceda o no depende de factores ajenos a mi control, como el clima en la isla de Cerdeña o el humor de Paula de Parma. Hace unos días, en el CCCB, Vila-Matas declaró que el 90% de las veces que alguien le agradeció algo en la vida, fue por haberles dado a conocer a Robert Walser.

-El tipo de teatro que a usted le interesa parece que fuera el que se sale del escenario, sería acaso más performativo.

Me interesa buscar la teatralidad fuera del teatro. Salir de la limitación del espacio de una sala es de algún modo un ejercicio de libertad. Todo el tiempo están sucediendo pequeñas obras de teatro de las que no somos conscientes. Se trata de enmarcarlas o incorporarlas a una dramaturgia, de modo que ficción y realidad se difuminen, creando espacios de fricción que suelen ser estimulantes.

-Pero... hablando en serio, ¿de verdad garantiza que los 10 espectadores regresarán de ese paseo?

-No garantizo nada. Lo bueno de pasear es que se hace sin un objetivo claro, sin la necesidad de llegar a un punto, sólo por el placer de caminar. Los espectadores son convocados en un punto y a una hora determinada (puntualidad suiza requerida). Saben que vamos a pasear ya que, como escribió una periodista colombiana, la obra es del género teatro a pie. A partir de ahí, todo puede suceder.


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