Cultura

Nuevo disco de Tame Impala o la llegada de la psicodelia domada

En 1957 el psiquiatra británico Humphry Osmond presentó en la reunión de la Academia de Ciencias de Nueva York el término ‘psychedelic’, en español ‘psicodelia’, definiéndolo como “lo que manifiesta la mente”. La experimentación con diferentes drogas para la investigación médica le llevó a usarlas con el escritor Aldous Huxley, tras cuyo experimento éste escribió el libro ‘Las puertas de la percepción’. Desde principios de los años 60, el arte psicodélico, ya sea en pintura, cine, escritura o música, entre otras manifestaciones, ha tratado de dar significado a diversas atmósferas tendentes al desvarío mental. Y con periodos de mayor o menor presencia, no ha vuelto a abandonar la cultura popular.

Por tanto, nada extrañó que en 2012 el disco Lonerism alcanzara los primeros puestos en las listas musicales, independientes o no, de medio mundo. La banda australiana asentada en Perth, Tame Impala, había logrado trascender los ámbitos más especializados para aprovechar una ola que convertía de nuevo en tendencia todo aquello que tuviera que ver con la psicodelia. O por lo menos, con una parte de lo que se denomina psicodelia. Y en esa carretera, o investigación mental, continúa, ahora que acaban de lanzar al mercado su nuevo y esperadísimo disco, Currents.

Como ya anunciaban en el anterior, el abandono de los ambientes creados por las guitarras es un hecho, la presencia de teclados y sintetizadores lo abarca casi todo y los ritmos bailables aumentan su importancia. Aún y así, seguiremos oyendo el término psicodelia asociado a una música que de alguna manera, ha abrazado de muy buen grado la cultura dominante.

Lo comercial frente a lo experimental

En el fondo, nada nuevo bajo el sol. Ya desde los Beatles la psicodelia fue capaz de alcanzar las áreas culturales comercialmente más favorables, llegando a eso que se llama mainstream, o las preferencias predominantes en cada momento, más allá de públicos especializados. Durante buena parte de la década presente y la anterior, la música psicodélica ha vuelto a tener un lugar de importancia en los submundos del rock y el pop, aunque casos como el de Tame Impala hacen que abandone sus catacumbas y alcance las listas de éxito.

Kevin Parker, en el fondo única cabeza pensante de Tame Impala, por mucho que se haga acompañar de una banda (sus primeros discos fueron grabados íntegramente por él en solitario), lo sabe de primera mano. Vivió en esas catacumbas como si fuera el ermitaño, el lobo solitario al que alude el nombre Lonerism, pero ya en ese disco cambiaba las tornas y directrices de su música.

La presencia de un productor como Dave Fridmann, viejo conocido en las artes psicodélicas más comerciales, productor de grupos como The Flaming Lips o sobre todo Mercury Rev, los cuales también fundó, supuso todo un espaldarazo para las pretensiones más comerciales de Tame Impala. Esa continua mudanza desde las bases rítmicas creadas por las guitarras a las ensoñaciones más propias de los teclados era en el fondo la clave de su alzamiento comercial, tal y como está hoy montado el entramado de gustos populares, ya sean considerados por unos como simple target de mercado o por otros como desarrollos personales.

Lo que está claro es que un disco como Currents no va a cambiar las tornas. Seguramente les encumbre definitivamente como iconos de las nuevas generaciones indies, y sin duda seguirán siendo objeto de las pullas e invectivas de quienes consideran que en la búsqueda psicodélica lo que prima por encima de todo ha de ser la investigación y la experimentación. Es decir, la manifestación de la mente, sin otras consideraciones comerciales.


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