Cultura

Cómo viajar a seis pueblos que (no) existen

Son, digamos, versiones. Trasuntos de otras ciudades a las que la ficción ha conferido entidad y sustancia: desde Macondo hasta Región, de Benet. He aquí una ruta: qué hay en ellos, cómo llegar, desde cuándo existen.

Existen; algunas en la realidad y otras solo en la literatura. Son el gesto de otro lugar: el eco impreso en la página del pueblo que las inspiró o las muchas otras ciudades que la imaginación juntó para crear una nueva: el Macondo de García Márquez; Región, de Juan Benet; Comala, de Juan Rulfo; Santa María, de Onetti…Todas son localizables: en páginas y páginas de novelas, pero también en mapas; municipios; países y lugares concretosde los que alguien ha echado mano para levantar un pueblo propio.

Comala, la ciudad terrosa y fantasmal en la que transcurre Pedro Páramo, no es solo una invención de Juan Rulfo; hay otra. Al menos una con igual nombre, porque se parece mas bien poco a la primera. Se trata de un municipio en el pequeño Estado de Colima, en México, a unos 160 kilómetros al sur de Guadalajara y a poco más de 50 del océano Pacífico. No luce el áspero paisaje polvoriento que narra el novelista mexicano, al contrario: está rodeada de higueras, hules, arroyos y una vegetación verde.

En 1983, según cuenta Jesús Marchamalo en su blog, Juan Benet editó en Alfaguara el primer tomo de Herrumbrosas lanzas, una edición que contenía un curioso mapa de Región, esa tierra imaginaria, que él mismo había creado. Es, según relata Marchamalo, un mapa en toda regla. Su es escala es 1: 150.000 y en él están indicados ríos, carreteras, pueblos, montes y cotas tan realistas que “convencerían al mejor de los geógrafos”.

En la lectura que hace el periodista y escritor del mapa, descubre cómo la topografía benetiana incluye homenajes a sus amigos. Por ejemplo: una zona en la quehabita la tribu García, al lado de un pueblo, Hortelano, que recuerda a Juan García Hortelano. Un poco más abajo, las Salinas de D. Pedro, en referencia a Jaime Salinas, editor de Alfaguara, que vivía en la calle Don Pedro, en Madrid. Como esas, el siempre atento y observador Marchamalo consigue y desglosa muchas otras menciones y homenajes dedicados a sus amigos: desde Mansura, la novela de Félix de Azúa convertida en pueblo, hasta Casaldáliga, personaje de Javier Marías también incluido en el mapa.

Uno de los autores que también se inventó un mundo fue el Premio Nobel de Literatura William Faulkner. Se trata de Yoknapatawpha, un condado inventado con su capital, Jefferson. Trasunto del estado de Mississippi, en Yoknapatawpha levantó el escritor no sólo un territorio, también una historia que retrata el Sur estadounidense, donde nació el escritor. En sus novelas y cuentos, Faulkner desarrolló la historia del condado, marcado por la esclavitud, el racismo y la derrota en la Guerra Civil. En la realidad, aseguran, se supone que sería el condado de Lafayette.

Dos fervientes lectores de William Faulkner se inventaron sus propias ciudades. Acaso como homenaje al estadounidense . Se trata del uruguayo Juan Carlos Onetti y el colombiano Gabriel García Márquez. Del primero es Santa María y del segundo Macondo. Por Santa María, dice José Caballero Bonald, pasa el río del mundo, turbio y caudaloso del mundo.

Se trata de un lugar tiznado por la soledad, la locura y la muerte: calles arboladas que se extinguen en un muelle; el prostíbulo, el bar del Plaza, parques y restaurantes que dan cobijo a personajes como Larsen, Díaz Grey, Angélica Inés, Petrus, Moncha Insurralde, que se imponen con su carga de desolación. El Instituto Cervantes ha dedicado un bellísimo estudio a esta ciudad que unos aseguran se trata de Montevideo. Aunque hay quienes insisten que es una mezcla de la capital uruguaya y Madrid.

Macondo, creada por García Márquez y protagonista de su Cien años de soledad,puede que sea la ciudad imaginaria más conocida de todas. Fundada por los primos José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, Macondo es una metáfora tan sentimental como política: un pueblo aislado, en el que ocurren cosas como la peste del olvido pero también la guerra –trasunto de los Mil días y otras contiendas civiles-, la fiebre del banano o el rápido paso de un ferrocarril que carbura un progreso venenoso.

Todo cuanto ocurre en aquellas páginas parecía surrealista; en parte lo era y en parte no. Narrando lo que en ella ocurría, García Márquez conseguía apresar una cierta lógica, la velocidad de un mundo real: los pueblos latinoamericanos donde lo oral y la leyenda confieren identidad y territorio. Está anclada, sin duda, en Aracataca, un municipio colombiano del departamento de Magdalena, donde nació el Premio Nobel.

Para cerrar el recorrido queda una más, a la que por cierto, en una ocasión dedicamos una ruta.Se trata de la Vigàta delitaliano Andrea Camilleri. Muchas ciudades coinciden en ella, pero domina en su geografía el espíritu de Porto Empedocle, donde nació el escritor, un pequeño pueblo de costa, en Agrigento. En ella se desarrolla buena parte de su serie de novela negra protagonizada por el comisario Montalbano, pero también otros de sus libros ambientados en la Sicilia del siglo XIX.

¿Dónde exactamente estaría Vigàta? En muchos lugares a la vez, dicen algunos.  Está ubicada en la imaginaria región de Montelusa, a decir de unos cuantos, un trasunto de la provincia de Ragusa, al sureste de Sicilia. El ambiente de Vigàta toma el espíritu de esa zona. Y en ella introduce Camilleri –acaso como aderezo vital: la comida, los restaurantes-lugares de Porto Empedocle. Porque Vigàta hace lo que la seda o los colores preparados: refleja en su mapa un lugar hecho de la fundición de varios.


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