Cultura

Miguel de Cervantes en cinco calles

A pesar de que Miguel de Cervantes consideraba Madrid una ciudad desapacible y esquiva, vivió en las calles León, Magdalena, Duque de Alba y Huertas.

Madrid es una ciudad literaria hasta los tuétanos. Muy poco -o nada- tiene que envidiar al Dublín de Joyce, el Londres de Dickens o el París de Balzac. En las cinco o seis calles que hoy componen el Barrio de las Letras vivió lo mejor de la literatura en castellano, entre ellas, claro, el hombre cuyos huesos traen de cabeza a media España ahora que –aseguran- han aparecido.

Nacido en Alcalá de henares, en 1547, este soldado, poeta, dramaturgo, novelista, y autor de la que se considera la obra fundacional de la novela moderna -El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha-, llegó a la villa de Madrid en 1566. A pesar de que Miguel de Cervantes consideraba Madrid una ciudad desapacible y esquiva, vivió en las calles León, Magdalena, Duque de Alba y Huertas. Su casa de la calle Magdalena estaba muy cerca de la del tipógrafo Cuesta y el librero Roble, impresor y distribuidor del Quijote a partir de su segunda edición.

cervantes no sólo compartió antipatías con Lope de Vega, también barrio y, casi, sepultura. Resulta curioso ver cómo la calle donde vivió y murió Lope de Vega hoy se llama calle de Cervantes y en la que murió Cervantes calle Lope de Vega, trastadas literarias para dos personajes enemistados. Ambos tuvieron sus funerales en la iglesia de San Sebastián, donde hoy se encuentra la tumba simbólica de Lope –sus huesos fueron originalmente enterrados ahí, pero arrojados más tarde a un osario común-. En esa misma iglesia fueron bautizados Ramón de la Cruz y Jacinto Benavente-, y se casaron Larra, Zorrilla y Bécquer.

A pesar de que le correspondía la misma sepultura que a Lope –la iglesia de San Sebastián-, Cervantes fue enterrado en el convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. El escritor sentía devoción por los Trinitarios porque le debía la vida a esta orden fundada a finales del siglo XII: le habían salvado de la prisión en la Berbería. Por eso quiso enterrarse en esa modesta iglesia recién fundada que no tenía relevancia alguna en el Madrid del siglo XVII.

A causa de las sucesivas reformas que obligaron a mover su tumba, sus restos se extraviaron dentro del propio convento. De momento, los que se han señalado como posibles huesos de Cervantes permanecían hasta ahora en un osario común con los restos de otros 17 cuerpos. Todo esto ocurre en medio de un año especialmente movido:  celebra el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y el año que viene se conmemorarán los 400 años del fallecimiento del escritor.


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