Mucho se ha hablado de la vocación artística de Hitler: sus tempranas inclinaciones pictóricas, su afición al cine  y hasta Mi lucha se erige como ejemplo de sus muchas inquietudes. De haber sido reconducida, su creatividad habría sido, sin duda, menos problemática para la humanidad. Sin embargo, este asunto va más allá. Lo cuenta Patricio Pron en El libro tachado(Turner), un ensayo que construye un especie de lado b de la historia de la literatura –manuscritos escondidos, borrados, extraviados, censurados- y de la que, cual curioso pie de página, saltan estos magníficos hallazgos, entre ellos, los de grandes dictadores del siglo XX que como Benito Mussolini o Sadam Hussein se dedicaron a la literatura.

La de Il Duce es de las más curiosas. Tenía apenas 27 años cuando escribió su primera –y única- novela. Para aquel entonces, un joven Benito Mussolini había sido encarcelado unas cuantas veces  por difundir periódicos e instigar a la violencia contra el Imperio de los Habsburgo. Acaso demasiado tierno todavía como para dedicarse a las fantasmagorías de la literatura, Mussolini dio a luz las páginas de Claudia Particella, l'amante del cardinale Madruzzo, una sátira anticlerical que él mismo mandó a recoger tras su ascenso al poder, décadas después.

Hay varias versiones de lo ocurrido. Sin embargo, una de las más verosímiles –Pron no cuenta esta historia en su libro-, en 1909, el futuro líder de Italia fue secretario de una organización sindical en Trento. Comenzó entonces a colaborar con el director del periódico socialista local Il Popolo y su suplemento semanal La Vita Trentinapara el que escribió una serie titulada  Claudia Particella, l'Amante del Cardinale: Grande Romanzo dei Tempi del Cardinale Emanuel Madruzzo. Al parecer, la historia era muy popular entre los lectores de la revista, pero con el paso del tiempo fue olvidado y no fue sino hasta 1929, después de que Mussolini ocupase el poder durante seis años, cuando fue descubierto y publicado en forma de libro, con ediciones en inglés y alemán que aparece poco después.

La historia de Mussolini involucra a un clérigo de ficción, Emanuel Madruzzo, el cardenal de Trento durante el reinado del papa Alejandro VII (1655-1667), quien protagoniza una desgraciada historia de amor con una joven chica:  Claudia Particella, y el curso de su desgraciada historia de amor. Madruzzo quiere renunciar a los hábitos y formalizar la relación, pero el Papa no lo permite; mientras tanto, los enemigos de la pareja harán todo lo posible para sabotear su amor.

Entre ejecución y ejecución, el dictador  iraquí Saddam Hussein  publicó cuatro novelas: Zabiba y el rey (2000), una fábula que fue llevada poco después al teatro; El castillo fortificado  (2001), Los hombres y la ciudad (2002) y Alejaos, demonios (2004).  La primera de ellas, que ha sido traducida al inglés y el francés,  es, según algunos, una cursi entrega escrita a la manera de Las mil y una noches. En ella se relata la historia de amor entre un rey y una campesina que le hace descubrir al monarca las desgracias que padece su pueblo.

Pero no sólo Hussein, también Muamar el Gadafi ha aparcado el ejercicio del poder, para escribir algunas páginas de prosa. Se trata de La huida del infierno y otras historias, un volumen de relatos publicado en 1993 –desde hacía mas de diez años había sido declarado como terrorista- y en el que escribía: “Amo y temo a las masas del mismo modo que amo y temo a mi padre" .Diez años más tarde escribió otro. Lo tituló Isratin: el libro blanco, en el que –a decir de Pron- proponía la solución pacífica al conflicto entre Israel y Palestina.

Otro dictador aficionado a la creación fue Kim Jong-il, quien escribió una ópera titulada Un mar de sangre–que a él se le daría bien la metáfora- que, insiste el escritor argentino, se representó durante décadas en la capital Pioyang, además de Augusto Pinochet, que escribió varios ensayos.


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