Cultura

La anti-lista de libros para sobrevivir a la Semana Santa

No todos estos libros son novedades, aunque las hay. Tampoco se incluyen en esta recopilación uno o dos géneros, sino que hemos intentado incluir la novela, el ensayo, la biografía, el relato breve...

Vienen días libres, perfectos para hacerse con un buen contingente de libros.
Vienen días libres, perfectos para hacerse con un buen contingente de libros.

Es una anti-lista, en primer lugar, porque no hay enumeración. ¡Esta vez no! Ni los cinco, ni los diez, ni los quince libros. Nada es definitivo en esta selección: no todos los títulos son novedades en sentido estricto; tampoco pertenecen a un mismo género. Se trata, más bien, de libros que se distinguen -por encima de todo- por su calidad, pero también por su heterogeneidad, su valentía y, por supuesto, por su capacidad para hacer que el tiempo transcurra de una manera distinta.

El orden no alude a la calidad, ni mucho menos a una valoración específica. Una agrupación tan arbitraria como variopinta. Todo con tal de sobrevivir, dignamente, a los días que se nos echan encima con su olor a mirra... o bronceador.

La fiesta de la señora Dalloway (Lumen, 2014). Virginia Woolf. Es una joya, una verdadera confitura literaria. Dejando de lado el prólogo de Bimba Bosé -¿era necesario?-, esta edición ilustrada por la estadounidense Yelena Bryksenkova reúne siete relatos centrados en la idea de la fiesta, un concepto que Virginia Woolf trabajó mientras escribía La señora Dalloway (1925) y que cobra forma en estos magníficos cuentos. Woolf construye así pequeñas entregas que giran alrededor del encuentro social como campo de batalla: las expectativas, los prejuicios, las máscaras, las imposturas; ese resquicio que saca a relucir lo mejor y lo peor de cada uno.

Niños en el tiempo (Seix Barral, 2014). Ricardo Menéndez Salmón. Está dividido en tres grandes apartados.El final de un matrimonio narrado a través de la muerte del hijo, el relato de una posible infancia de Jesús y el viaje a una isla de una mujer que ha de tomar una decisión trascendental. Descrita como una novela en torno al amor como asombro y como catástrofe, pero también como una historia acerca de la capacidad que  posee la literatura para exorcizar el dolor, Niños en el tiempo plantea un relato complejo sobre el amor y la pérdida, pero también sobre la reconstrucción y la salvación. La crítica se ha referido a esta como una de las mejores novelas del narrador asturiano.

La rubia de los ojos negros. (Alfaguara, 2014). Benjamin Black / John Banville. Benjamin Black es el pseudónimo con el que el escritor irlandés John Banville se dedica desde hace ocho años a escribir novela negra. Y ha sido a través de este alter ego -y  apetición de los herederos de Raymond Chandler- que ha resucitado a Phillip Marlowe, el mítico detective privado creado por el escritor estadounidense en 1934. Lo hace en La rubia de ojos negros, una novela ambientada en década de los cincuenta –Banville fantaseó, pero desistió, en traerla al presente- en la que el esclarecimiento de una desaparición será el primero de un rosario de sucesos desconcertantes. Antes de que se dé cuenta, Marlowe se verá enredado con una de las familias más ricas de Bay City y podrá comprobar lo lejos que están dispuestos a llegar con tal de proteger su fortuna. Aunque algunos le reprochan haber creado a un Marlowe demasiado sentimental, Banville tiene muy claro que ha rescatado una versión del detective que Chandler nunca dejó salir a la luz.

Las inviernas (Anagrama, 2014). Cristina Sánchez-Andrade. Galicia, años cincuenta. Dos hermanas –Dolores y Saladina- regresan a Terra Chá después de una larga ausencia. Las une la sangre, un hecho oscuro ocurrido en el pasado, un apodo –las inviernas– y una afición: el cine. Con este libro, la autora de Ya no pisa la tierra un rey (Anagrama) se revela como una narradora distinta, dueña de una voz y una prosa que se separan a codazos del necio sonsonete que confunde historia con historicismo. No es una historia sobre la guerra civil y la posguerra, ni mucho menos. Es, sencillamente, un libro honesto, hermoso y de lectura amable –que no inocentona-.

La trabajadora (Random House, 2014). Elvira Navarro.Es una de las narradoras más potentes de su quinta. Tras La ciudad de invierno y La ciudad feliz, Elvira Navarro (Huelva, 1978) regresa con La trabajadora, una novela que retrata, en la vida de dos mujeres, a una España precaria, contemporánea, acaso asfixiante y a su manera enferma. Elisa, su protagonista, es correctora de textos, también escritora. Trabaja para la editorial de un gran grupo que acaba de poner en marcha un ERE. No tiene casi dinero y sufre constantes ataques de pánico. Una rarísima mujer,Susana, es su única certeza: a ella le alquilará una habitación; gracias a ella llegará a fin de mes. A ambas las une un hilo, un grueso hilo: el de los que nada tienen excepto su propio miedo.

Los Extraños (Periférica, 2014). Vicente Valero. Ya lo dijo Tolstói, todas las familias tienen algo en común, acaso sus infelicidades y extrañezas. Individuos a veces distintos, de los que tenemos noticia por noticias turbias o truculentos sucesos. Para acometer semejante empresa, el narrador de este volumen reúne a cuatro raros individuos: Marí Juan (Pedro Marí Juan), el tío Alberto, el artista Cervera (Carlos Cervera) y el comandante Chico (Ramón Chico). Alrededor de ellos se estructura lo que para muchos es un libro extravagante y en el que, sin embargo, Valero se revela diestro en las fronteras de la imaginación y la memoria; la apropiación y la creación. De Perfiérica hay que incluir además la cuarta novela del chileno Carlos Labbé, Piezas secretas contra el mundo, una historia a su manera pesimista, pero confeccionada con especial destreza a la manera de un puzzle, que le certifica como uno de los narradores latinoamericanos más prometedores.

Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral, 2013). Juan Bonilla. Editada el año pasado, esta novela vuelve a la actualidad con el I Premio Vargas Llosa del que se hizo merecedora hace unos días. La historia narra la vida del poeta ruso Vladimir Maikovski, un hombre que se adelantó un siglo en todo cuanto hizo: desde la publicidad hasta el performance. Él era su profesión. Su personaje. Su mejor creación. Un hombre excesivo y arrogante. Una hipérbole. Y si algo hace Juan Bonilla en su libro es retratarlo con las mismas herramientas. Una novela que es poemario, una historia magníficamente contada que se movía como rareza la primavera pasada en las estanterías de las librerías y regresa fuerte, total, cautivadora.

La librería más famosa del mundo (Malpaso, 2014). Jeremy Mercer. Es una leyenda, casi un lugar de peregrinación. Y es sobre ese mito sobre el que Jeremy Mercer escribe en La librería más famosa del mundo (Malpaso, 2014). Se trata de Shakespeare and Company, la continuación que hizo George Whitman de la mítica librería que regentó Sylvia Beach en los años 20 y que se convirtió no solo en el cuartel de los beats en París, sino también en el lugar por donde han pasado los más grandes escritores del siglo pasado –y este–. Es mucho más que eso. Hoy, en manos de la hija de Whitman –a quien él llamó, por cierto Sylvia Beach-, el local se comporta como los lugares de interés general: la rodean curiosos, turistas y fetichistas. Este es el primer volumen de la colección Lo Real, coordinada por Jorge Carrión para la editorial Malpaso, un texto que mezcla crónica, periodismo y acaso literatura de viaje. Al margen del género, se trata de un libro de lectura sabrosa y tranquila; perfecta para bibliómanos -o bibliópatas-.

Trífero (Alfaguara, 2014). Ray Loriga. No es un libro nuevo, pero sí su reedición a cargo de Alfaguara. Escrita en el año 2000, es sin duda la mejor novela de Ray Loriga, quien este año ha estrenado novela con ZaZa, emperador de Ibiza (Alfaguara), un libro agrio, que si bien refleja a un Loriga cansado –que necesita reírse de sí mismo y lo que le rodea– confecciona una historia delirante: un ex camello que termina metido en un plan para independencia balear. Pero volvamos a Trífero, ahora disponible de nuevo tras una larga desaparición. Saúl Trífero, un embaucador y vividor, vive varias vidas en una. Sus pasos le conducen a Escandinavia, donde conoce a Lotte, una patinadora que muere en un lago congelado. La pérdida empuja a Trífero a emprender un viaje interminable a través de sí mismo.

Guerreros y traidores (Galaxia Gutenberg, 2014). Jorge M. Reverte. Un maricón para sus compañeros de las Brigadas Internacionales y los miembros del Partido Comunista Americano; un héroe para los que conocieron sus hazañas; un borracho violento para quienes le vieron agonizar en un hospital neoyorquino de la beneficencia. William Aalto, un personaje cuya vida es contada por el periodista y escritorJorge M. Reverte en Guerreros y traidores. De la guerra de España a la guerra fría (Galaxia Gutenberg, 2014), un libro que documenta las peripecias de un personaje perseguido por el FBI, traicionado por sus compañeros comunistas, también por sus camaradas de las Brigadas Internacionales con quienes compartió luchas enla Guerra Civil de España entre 1937 y 1939. Un libro total, sincero, que no se permite la hagiografía pero no deja de lado la valentía de un hombre acaso inverosímil.

Camarón. El dolor de un príncipe (Libros del K.O). Francisco Peregil. El periodista del diario El PaísFrancisco Peregil tardó 21 años en escribir este libro. Publicado originalmente en 1993, Libros del K.O trae ahora al presente un retrato complejo de uno de los personajes más escuchados y admirados, aunque también uno de los menos conocidos de manera cercana (entendiendo que cercanía no supone elogio, sino sinceridad). Desde sus años de gitanillo rubio que repartía alcayatas en una bicicletas hasta sus inicios en la juerga flamenca –y la fauna en la que entran genios, oportunistas, aduladores y artistas verdaderos–, Peregil traza un retrato de José Monge que comienza desde el final. Un hombre arbitrario y a veces infantil, portador de un genio que, aun sobrepasándolo, lo hizo único e irrepetible. Desde un Paco de Lucía que atribuyó laperfección de Camarón a un mecanismo más cercano al de una máquina que la de un ser humano, pasando por amigos, familia y allegados, el autor traza un retrato cercano, humano, conmovedor pero no empalagoso. Un libro magníficamente escrito, para leer escuchando la voz de uno de los más grandes artistas del Flamenco. 

La alabanza (Random House, 2014). Alberto Olmos. Afortunadamente, este no un libro sobre la crisis… económica. Pero de que en él hay malestar, sin duda: el que sufre la literatura. La alabanza comienza con una estampa: la de un escritor que se enfrenta, con la mayor desesperación posible, a la recuperación de una obra –relato valga acotar- que perdió al cambiarse a la acera del best seller. Todo ocurre en un verano en el que Sebastián, su protagonista, ha decidido encerrarse a escribir en un remoto pueblo. Acompañado por su novia, Claudia, el descubrimiento de un crimen ocurrido hace años pone en marcha una pronunciada pendiente en la relación de ambos.Un libro bien escrito, ácido y crítico a más no poder –vamos, es Olmos, el agitador literario por excelencia- el libro propone una revisión de lo que es literatura, cuál es el lugar del lector y de quién escribe.

Señoras y señores (Alfabia, 2013) Juan Marsé. Se lee en menos de una tarde. Es bueno, sabroso, furibundo. Recupera a un Marsé joyero, que trabaja con cuidado el más mínimo detalle de la prosa. Se trata de una recopilación de retratos de personajes que han atravesado la vida de España en los últimos treinta años -desde folclóricas hasta políticos, tenores o escritores-. Semblanzas que Juan Marsé publicó entre 1978 y 1980 en la revista Por favor y el diarioEl País y que ahora Alfabia edita de nuevo no solo con las correcciones de su autor, sino con dos perfiles nuevos: el de María Dolores de Cospedal y Artur Mas. Unidas entre sí por un tema común –lo público, los personajes que caminan en el filo de ese escalón jabonoso- las semblanzas que hace Juan Marsé de Lola Flores, Sara Montiel, Alfonso Guerra, Ruiz-Mateos o Plácido Domingo imponen algo de estropicio. Al leer las páginas de este libro, tiene la sensación el lector de pasear por una reunión en la que vivos y muertos alzan la copa y sonríen desfigurados por el garrotazo que Marsé les ha propinado al describirlos y que sin embargo les convierte en versiones más fieles de sí mismos.

La mujer loca (Seix Barral, 2014), Juan José Millás. Es un libro raro; y justamente ahí radica su encanto. Un Juan José Millás extrañado de sí mismo y de su propia vocación literaria. Desdoblado en el papel del narrador-protagonista, Millás tiene un cometido: escribir un reportaje sobre Emérita, una enferma terminal que ya no desea vivir y quiere someterse a la eutanasia. Millás, que se siente mayor y casi seco de inspiración literaria, acude a visitarla. En su casa se topará con Julia, una rubia que trabaja en una pescadería –un personaje trastornado, entre comillas– y tiene la creencia, tan paranoica como lúcida, de que el lenguaje la persigue. Y entonces Millás lo ve clarísimo: Emérita es la posibilidad de un reportaje y Julia la de una novela. En esa contradicción se dirime la mejor oportunidad que encuentra el valenciano para reflexionar sobre la naturaleza de la literatura.


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