Cultura

Cinco libros para combatir la resaca

¿Resaca física o metafísica? No es una trivialidad. De eso depende el éxito -o no- de las lecturas paliativas para bebedores impenitentes.

¿Sirven todas las lecturas para todas las resacas? Pues no. (Foto: flickr.com/photos/penmanila CC BY-SA 2.0)
¿Sirven todas las lecturas para todas las resacas? Pues no. (Foto: flickr.com/photos/penmanila CC BY-SA 2.0)

Es escritor, lord y padre de Martin Amis, además, claro, de un bebedor infatigable. Y así lo demuestra en Sobrebeber, una obra cumbre del pensamiento etílico editada ya hace más de un año por la editorial Malpaso, pero que valdría la pena recuperar en estos días previos a la fiestas. Acaso como vademécum literario contra la resaca, convendría tener a mano un Plan B; y eso es lo que el británico Kingsley Amis  nos permite pergeñar en la lectura de estas páginas.

El libro, que  reúne los ensayos que sobre el arte del beber escribió Amis entre 1971 y 1984, reúne tres volúmenes: Sobre el beber, El trago nuestro de cada día y El estado de tu copa. En ellos, el inglés ofrece desde instrucciones para no emborracharse –beber un trago de brandi a palo en medio de una comida grasienta-, hasta una serie de lecturas para sobrellevar la resaca, que él divide además en resacafísica y resaca metafísica-.

Antes de desgranar las lecturas para cada paso -o cada etapa-, Amis parte de una idea: siempre hemos estado equivocados. Nos hemos centrado demasiado en el lado físico, cuando la resaca es más bien una ventana. "Siempre se omiten los aspectos psicológicos, morales, emocionales y espirituales: toda esa superestructura metafísica amplia, vaga e ilustrativa que convierte la resaca en un campo privilegiado hacia el autoconocimiento y la autorrealización”.

Su diagnóstico no puede ser más hilarante. “Cuando esa mezcla inefable de depresión, tristeza, angustia, desprecio de uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro empiece a imponerse, recuerda que lo que tienes es resaca", escribe. "No te estás poniendo enfermo, no has sufrido una leve lesión cerebral, no haces tan mal tu trabajo, tu familia y amigos no han tramado una conspiración de silencio a tu alrededor para que descubras que eres un mierda, no estás viendo por fin cómo es realmente la vida y no hay por qué llorar por la leche derramada”.

Un día en la vida de Iván Denísovich.

Más que una recomendación, esto es una provocación. Se trata de uno de los más conocidos y también más escalofriantes testimonios de la crueldad que sufrieron millones de deportados en los campos de trabajo soviéticos. Escrito por Alexander Solzhenitsyn y publicado en España por Tusquets, Amis recomienda Un día en la vida de Iván Denísovich para combatir la resaca metafísica. "No es demasiado deprimente, pero la visión que aporta de la vida en un campo de concentración soviético te hará el inmenso favor de sugerirte que hay mucha gente que debe aguantar bastante más de lo que tú (o yo) hayas soportado o debas soportar jamás, por lo que no mereces la más mínima compasión, propia o ajena".

El tomo XII de Paraíso perdido

También para la resaca metafísica –la única que importa- Kingsley Amis  recomienda el que puede que sea uno de los poemas narrativos más largos. Amis se reserva el tomo número doce del poema de Milton –vamos, el último- Y si lo hace  es porque la cosa ha ido muy lejos. Tened en cuenta que el único libro escrito en tamaña entrega fue La Eneida. Considerado como un clásico de la literatura inglesa, está conformado por más de 10.500 versos. Estructurado en torno al tema bíblico de la caída de Adán y Eva, Milton elabora una reflexión en torno al libre albedrío, la capacidad de elegir … ¿Moralizante o sólo una forma erudita de decir 'Si bebes, atente a las consecuencias'?

Poemas: de A.E Housman a Chesterton

Resulta especialmente curioso que Amis recomiende poesía para amainar los efectos del alcohol en el cuerpo. Sin ir muy lejos, sugiere los versos de A. E. Housman o de R. S. Thomas. Sin embargo, la apoteosis es ésta: "Pásate ahora a un material que te sugiera que la vida, a fin de cuentas, vale la pena vivirse. Los poemas bélicos resultan muy adecuados: Horatius, de Macaulay, sin ir más lejos. Pero si te parece que esta selección resulta excesivamente británica (dado que las virtudes romanas que ensalza Macaulay apuntan en esa dirección), prueba con Lepanto, de Chesterton. La victoria naval, en 1571, de las fuerzas de la Liga Papal sobre los turcos y sus aliados tuvo lugar sin la ayuda de un solo anglosajón (o protestante). Intenta ignorar la manera en que Chesterton trata de insinuar que se trató de una victoria de los cristianos sobre los musulmanes".

Demorar la risa, un policiaco

"A estas alturas, ya podrías empezar a concebir la posibilidad de que vuelva la sonrisa a tu rostro algún día. De todos modos, demora la lectura de algo realmente divertido. Ponte con una buena novela policíaca, o de acción, que te ayudará a desviarte de la autoobservación y los pensamientos negros", escribe Amis, quien recomienda a Ian Fleming, Eric Ambler, Gavin Lyall, Dick Francis, Geoffrey Household o C. S. Forester (puede que el más útil de todos, dice).

Entonces sí, una comedia.

“Después de eso, ya puedes pasarte a la comedia, pero que sea de humor blanco”, asegura Amis en su vademécum metafísico. Recomienda los libros de P. G. Wodehouse, Stephen Leacock, el capitán Marryat o Anthony Powell . Desaconseja de manera entusiasta a Evelyn Waugh, el novelista británico autor de Retorno a Brideshead . También desaconseja a Peter De Vries. “No pretendo insinuar que estos escritores resulten comparables entre ellos; lo único que digo es que todos convierten la renuncia a la risa en algo más bien pomposo y absurdo”.


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