Cultura

Cuando El Prado fue un Museo de Historia Natural

Para celebrar los 194 años de su fundación como pinacoteca, el Prado presenta el proyecto Historias naturales, 22 intervenciones del artista Miguel Ángel Blanco, quien desvela el verdadero origen del edificio de villanueva: un gabinete de ciencias naturales.

Cuando El Prado fue un Museo de Historia Natural
Cuando El Prado fue un Museo de Historia Natural

El Prado abrió sus puertas como museo un 19 de noviembre de 1819. Sin embargo, el primer uso que se dio al edificio neoclásico diseñado por Juan de Villanueva, que hoy aloja a la pinacoteca, fue el de Gabinete de Ciencias Naturales, tal y cómo lo ordenó Carlos III, en 1785. Ciento noventa y cuatro años después, el artista Miguel Ángel Blanco desvela el desconocido origen del Prado como Museo de Historia Natural a través de un proyecto que rinde homenaje a la vez que arroja relecturas.

Un toro berrendo de Veragua junto a Rubens; un diente de narval ante el Orfeo y los animales, de Padovanino; una colección de 75 insectos al lado del tríptico El carro del heno (1516), de El Bosco; un oso hormiguero a los pies La osa hormiguera de su majestad (1776) oel esqueleto de una serpiente enroscada sobre sí misma junto a la Eva de Durero… Son en total 22 intervenciones llevadas a cabo con la intención de unir, en un mismo recorrido, arte y naturaleza.

En Historias naturales -el nombre del proyecto-, las piezas –animales, vegetales o minerales- seleccionadas por el artista procedentes de las colecciones públicas españolas de historia natural como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Real Jardín Botánico o el Museo de la Farmacia Histórica dialogan con los cuadros y esculturas del Prado e “interfieren” en una expedición que redescubre el museo ante los ojos del visitante. Se trata de una intervención insólita en el caso de un artista contemporáneo y español, hasta ahora reservada a artistas como Thomas Struth, Richard Hamilton, Eduardo Arroyo, Cy Twombly o Francesco Jodice.

Hasta ahora estas intervenciones estuvieron reservadas a artistas como Richard Hamilton, Eduardo Arroyo o Cy Twombly.

“Todo esto quiere ser también un homenaje a Pedro Franco Dávila, cuyo gabinete de maravillas compró en 1771 Carlos III, que era amante del arte, pero también, y mucho más, de las ciencias”, comenta Miguel Ángel Blanco. “Aquel tesoro, que iba a ser el cogollo del Gabinete de Historia Natural, se expuso en la actual Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el que fue el primer museo público de España y bajo la inscripción Naturaleza y arte bajo un mismo techo, algo que ahora vuelve a suceder”.

Desde que comenzó su carrera en los años ochenta, la naturaleza ha sido el ámbito del trabajo de Miguel Ángel Blanco (Madrid, 1958).Su proyecto artístico y vital más importante, la Biblioteca del bosque, se inició en 1985 y se compone de libros-caja que contienen, sellados con vidrios, elementos naturales -botánicos, minerales, animales, entomológicos- precedidos por unas páginas que nos con dibujos, grabados o impresiones fotográficas. Para la muestra se ha incluido uno de ellos: Bosque negro.

Premio Nacional de Grabado, Blanco -quien durante años vivió en la sierra de Guadarrama, su lugar de trabajo y reflexión-  recupera también algunas láminas que el sacerdote y botánico José Celestino Mutis dedicó a las hierbas y plantas medicinales, selección que se completa con una muestra del herbario y un paquete de las cascarillas que se vendían en Madrid. La muestra, que se inaugura el 19 de noviembre, podrá verse hasta el 27 de abril de 2014.


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