Cultura

Vente a España, Pepe: 44 años después, ¿landismo reloaded?

El cine español tira de comedia, un género que ha dado de sí -y mucho- con 'Ocho apellidos vascos' y regresa con 'Perdiendo el Norte'.

Vente a España, Pepe: 44 años después, ¿landismo reloaded?
Vente a España, Pepe: 44 años después, ¿landismo reloaded?

Hace 40 años ocurrió lo mismo. Pero quizá en cuarenta más vuelva a pasar, y así. El director y guionista Nacho García Velilla no ve en todo un motivo para cortarse las venas, sino para partirse de la risa. Esa es la premisa de Perdiendo el norte, una comedia coral que apuesta por el humor para afrontar los fantasmas de la emigración y el fracaso, de ahí el homenaje implícito que hay a la cinta Vente a Alemania, Pepe (1971).

Dirigida por Pedro Lagaza, aquel largometraje narraba la historia de un hombre, Angelino, quien visita su pueblo tras marcharse durante años a trabajar a Alemania. Convencido de los beneficios de emigrar al país centroeuropeo, Pepe (Alfredo Landa) se dispone a imitar a su convecino. Sin embargo, una vez instalado en Múnich, comprueba que las condiciones de vida no son, ni mucho menos, las que esperaba.

El argumento entre la comedia más reciente, la de García Velilla, y la de Lazaga es más que similar. Perdiendo el norte cuenta la historia de Hugo y Braulio (Yon González y Julián López), dos jóvenes sobradamente preparados que viajan a Berlín ante la falta de expectativas laborales en España; pronto, sus ilusiones se desvanecen y la dura realidad les muestra un futuro que es terriblemente parecido al pasado.

Sacristán –el actor que da vida a Angelino en la película de Lagaza– interpreta ahora al vecino de los chicos, un jubilado que no ha vuelto a España tras emigrar a Alemania en los años 70. El golpe de timón entre una España y otra está, justamente ahí, en la aparente desdramatización o la puesta en perspectiva de una España que no es ni tan pintoresca como la del Landismo ni tan severa como ésta.

“De creernos que éramos ricos habíamos sido pobres y todo eso se ha ido perdiendo (...)”, dice en la película un José Sacristán que encarna a un hombre aquejado por Alzheimer. Pero no es la única metáfora. Además de Hugo y Braulio, en la historia aparecen Carla (Blanca Suárez) y su hermano Rafa (Miki Esparbé), que conviven con Marisol (Malena Alterio) y su marido, un turco dueño de un restaurante que les da trabajo.

La obsesión de Carla es correr y terminar la maratón de Berlín, toda una metáfora que da lugar al principal conflicto y a todo un entramado de enredo, encuentros y desencuentros amorosos. Los padres están interpretados por Carmen Machi y Javier Cámara. Además de las breves y mediáticas apariciones de Alberto Chicote y Arturo Valls. Aunque García Velilla es consciente de que el fenómeno Ocho apellidos vascos es puntual, no echa en saco roto sin embargo un interés del público por reírse, acaso, de los malos tiempos que vive España.


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