Cultura

Sexo y cine español, una combinación muy caliente

La relación entre el cine español y el sexo siempre ha sido muy fructífera. Desde la época del destape hasta la actualidad, el sexo ha ocupado un lugar muy importante en la gran pantalla. Hoy repasamos algunas de las películas más sexuales de las últimas décadas.

Hugo Silva y Ana de Armas en una escena de Mentiras y gordas.
Hugo Silva y Ana de Armas en una escena de Mentiras y gordas.

Puede que pensemos que la sociedad española, por causas históricas, sea menos revolucionaria y más políticamente correcta que la de los países que nos rodean, pero si miramos con detenimiento, ni los demás son tan libres, ni nosotros tan puritanos. Mientras Francia ondeaba la bandera de la libertad y dejaba que fenómenos como Emmanuelle se convirtieran en clásicos, España tomaba carrerilla y trataba de vencer las barreras ideológicas y religiosas que habían constreñido al cine durante demasiados años. Con el tiempo, la situación se fue tranquilizando y apareció una generación de directores que no tenían ningún pudo a mostrar el sexo en la gran pantalla. Hoy repasamos algunas de las películas de las últimas décadas que han hecho del sexo su seña de identidad por muy diversos motivos. Desde luego, no están todas las que son, pero sí algunas de las más mediáticas.

Me siento extraña

Las escenas de sexo y desnudos durante la Transición fueron múltiples y muy variadas. La sociedad española llevaba muy tiempo reprimida y acogió los aires de libertad con ganas. Entre todas, destaca por su novedad, sus protagonistas y la repercusión que ha tenido a lo largo de los años, la escena lésbica entre Bárbara Rey y Rocío Durcal en Me siento extraña. Durcal interpretaba a una pianista que, tras abandonar su hogar, conoce a Marta (Bárbara Rey), una vedette de televisión y cine que requerirá de su talento al piano para preparar nuevos números. La relación entre ambas mujeres se va estrechando hasta que, al final, terminan compartiendo cama. Rocío Durcal dejó el cine tras esta película y nunca más quiso volver a saber nada de él. Bárbara Rey, en cambio, siempre ha declarado estar muy orgullosa y en 2010 recibió el premio honorífico del Festival de cine gay y lésbico de Andalucía. Enrique Martí Maqueda, 1977.

¡Átame!

Durante una época, Victoria Abril fue la personificación del sexo en el cine. La actriz se atrevió con todo y con todos, convirtiéndose no solo en una presencia imprescindible, sino en un reclamo para la taquilla -los espectadores sabían que Abril les iba a sorprender-. ¡Átame! fue la primera colaboración Pedro Almodóvar, y aunque la escena de sexo en suspensión de Tacones lejanos es difícil de superar, el encuentro entre Marina (Abril), una actriz de películas porno y de terror, y Ricky (Antonio Banderas), un joven obsesionado con la actriz, fue tan de alto voltaje que cuenta la leyenda que la pasión no terminó en el set de rodaje. Pedro Almodóvar, 1990.

Amantes

Si Pedro Almodóvar supo sacar toda la sensualidad que se escondía en el cuerpo de Victoria Abril, Vicente Aranda la convirtió en su musa. Cambio de sexo, La muchacha de las bragas de oro, El Lute o Amantes fueron algunas de las colaboraciones cumbre entre el director y la actriz. En esta última, Abril encarna al deseo transformado en mujer y seduce a un joven Jorge Sanz, que a partir de ese momento, se debate entre su novia de toda la vida (Maribel Verdú), que le da cariño y le cuida, y su amante, una mujer rica y sexualmente muy experimentada. La película consiguió reunir a Abril con otro de los sex symbols de la España de los 90, Maribel Verdú, que desde su desnudo en La estanquera de Vallecas, tenía al público revolucionado. Vicente Aranda, 1991.

Jamón, jamón

Penélope Cruz declaró, años después de terminar el rodaje de Jamón, jamón, que las escenas de sexo de la película la dejaron tan traumatizada que le provocó un fuerte rechazo a todo lo que tuviera que con lo sexual o lo sensual, que se cortó el pelo a lo chico y no quiso hacer ninguna escena de amor durante mucho tiempo. Y aunque esta reacción de Penélope pueda parecer un poco exagerada -y algo oportunista, ya que la hizo en un periódico americano una vez ya estaba consolidada su relación con Javier Bardem-, para una joven que debutaba con su primera película oficial y con 18 años recién cumplidos, el universo de Bigas Luna podía ser demasiado. La brutalidad del personaje de Raúl (Bardem) y la voluptuosidad de Silvia (Cruz) excitaron a toda una generación. Bigas Luna, 1992.

Lucía y el sexo

Julio Medem se encontraba en lo más alto de su carrera cuando decidió rodar Lucía y el sexo, una fantasía onírica donde el sexo es el principal protagonista. Paz Vega interpreta a Lucía, una camarera que decide dejar Madrid y trasladarse a Formentera para olvidar a Lorenzo (Tristán Ulloa), su anterior pareja, un escritor que, a su vez, está escribiendo una historia muy parecida. Desde el primer plano de una erección del personaje de Ulloa al desnudo de un misterioso hombre recubierto de barro, pasando por el famoso striptease de Paz Vega, todo en esta película huele, como no, a sexo. Julio Medem, 2001.

Cachorro

Los primeros minutos de una película, igual que las primeras páginas de una novela, son claves para enganchar al público. Eso debió pensar Miguel Albaladejo cuando decidió contar la historia de Pedro (José Luis García), un dentista soltero y homosexual que debe hacerse cargo de su sobrino de 9 años mientras su hermana se va de viaje a la India. En la primera escena, mientras pasan los títulos de crédito, vemos como Pedro mantiene una relación sexual con otros dos hombres. La historia se complica cuando la hermana debe quedarse en la India y Pedro tiene que hacerse cargo de su sobrino -uno jovencísimo David Castillo, el Jonathan de la serie Aída-. Albaladejo aborda situaciones socialmente delicadas sin perder de vista que el sexo es algo fundamental, tanto en el guion como en la realidad. Miguel Albaladejo, 2004.

Mentiras y gordas

Mentiras y gordas pretendía ser una película generacional -como lo fue en su momento Historias del Kronen-, que retratara la juventud de la década de los 2010. Para ello, los directores Albacete y Menkes reunieron a algunos de los actores jóvenes más famosos del momento -entre los que destacaban Mario Casas, Yon González, Ana María Polvorosa, Ana de Armas o Maxi Iglesias, todos muy conocidos por el público gracias a las series de televisión- y crearon una historia con bien de drogas, alcohol y sexo. El problema fue que, seguramente, la juventud actual, a diferencia de la de los 90, tiene demasiados productos audiovisuales con los que sentirse identificados y no necesitaba una película. Aún así, gracias al guion firmado por la ex ministra Ángeles González Sinde, pudimos disfrutar de algunas de las escenas de sexo más míticas de los últimos años, con desnudos integrales de casi todo el cast de actores. Así se las gasta el cine español. Alfonso Albacete y David Menkes, 2009.


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