Cultura

Lo que Almodóvar no debe hacer si no quiere fracasar con 'Silencio'

Pedro Almodóvar ha empezado a dejar miguitas de su próxima película. Por el momento sabemos que tiene como título Silencio, que será un drama y que no contará con sus actrices habituales, pero ¿será suficiente para relanzar una carrera que lleva tiempo haciendo aguas? Si la vuelta a la comedia no tuvo el éxito que se esperaba, ¿lo conseguirá con el drama, su terreno más fructífero en los últimos años? Aún nos tocará esperar un poco.

Pedro Almodóvar, junto a Bertrand Tavernier y Marisa Paredes durante el festival Lumiere celebrado en Lyon el pasado mes de octubre (Gtresonline).
Pedro Almodóvar, junto a Bertrand Tavernier y Marisa Paredes durante el festival Lumiere celebrado en Lyon el pasado mes de octubre (Gtresonline).

Cuando se anunció el proyecto de Los amantes pasajeros, los fans de Pedro Almodóvar se hincharon de felicidad. Por fin regresaba a uno de los géneros que mejor había cultivado y que más momentos míticos le habían reportado: la comedia. Nadie ha sabido reflejar el delirio como Almodóvar, hasta el punto de cuajar en el lenguaje social como ejemplo de locura casi inverosímil -¿cuántas veces hemos oído eso de 'parece una película de Almodóvar' ante una situación difícil de clasificar?-. Sin embargo, el resultado no fue el esperado. Ni el argumento consiguió convencer a los seguidores del director, ni los chistes captaron la atención como lo habrían hecho en el pasado, por mucho que el buen hacer del reparto y la pericia de Almodóvar detrás de la cámara consiguieran un producto más que digno -comparado con muchas de las comedias taquilleras de los últimos meses-. ¿Había llegado el fin de su reinado? No precisamente.

Almodóvar se ha tomado su tiempo para orquestar su nuevo proyecto. Ni experimentos, ni vueltas al pasado, ni intentar rescatar ideas perdidas en un cajón. El director vuelve al dramaprotagonizado por mujeres, el terreno en el que parece sentirse más cómodo y el que mejor y más alegrías le ha dado a lo largo de su carrera. Y no podemos más que aplaudirlo. No porque uno tenga que hacer lo que el público espera que haga, sino porque hemos disfrutado tanto con sus historias que ya estamos deseosos de asistir a la próxima -y cruzamos los dedos para no equivocarnos-. Aun así, no lancemos campanas al vuelo sin pensar. ¿Qué debería hacer Almodóvar para recuperar su éxito del pasado? O mejor, ¿qué no debería volver a hacer? Nos quedamos con cinco puntos esenciales:

Repetir con las mismas actrices

Para descanso de todos, el director ha asegurado que, por la temática de la película y el tipo de personajes, no va a poder contar con sus 'actores amigos', y lo agradecemos. Por mucho que sus actrices fetiche nos hayan dado momentos impagables, ya estamos cansados de verle rodeado siempre del mismo elenco. Al menos, debería echar mano de sus viejos contactos y recuperar a Loles León o a Bibiana Fernández, para aportarle chispa al asunto. No más Penélope Cruz, no más Paz Vega, no más Lola Dueñas, por mucho que nos duela especialmente en este último caso. Rostros nuevos, frescos e inimaginables.

Ceñirse a un entorno rural

La desconexión de Nueva York le vino estupendamente a Woody Allen. Gracias a eso escribió y rodó Match Point, que se convirtió, instantáneamente, en una de sus mejores películas. Almodóvar debería probar un experimento así. Dejar España y adentrarse en nuevos territorios -además, sus películas consiguen más repercusión en el extranjero, así que sería una buena forma de darles una palmadita en la espalda-. Nos encantaría verle rodando en París, en Roma, en Berlín, adaptando su particular universo a las características de la ciudad y contando con alguna estrella internacional de renombre. Seguro que sería un éxito.

Moralizar sobre temas propios de su cine

Si algo nos chocó de Los abrazos rotos fue la historia que vinculaba al personaje de Tamar Novas con el mundo de la noche, la drogas y las discotecas. Temimos ver un inicio de conservadurismo en el que fue uno de los directores más irreverentes. ¿A qué venía todo esto? ¿Eran exigencias de un guion que no sabía cómo cerrar o pretendía transmitirnos ese mensaje? Menos mal que ahí se quedó la tendencia y no le vimos repetir en sus siguientes películas -con La piel que habito se redimió de su descalabro moralista-. Por ahí no, Pedro, por ahí no.

Rescatar bromas de otras décadas

Una de los peores defectos de Los amantes pasajeros fue su regusto a décadas pasadas. Nos vimos, de nuevo, con las mismas bromas de los años 90, cuando eso ya lo teníamos muy olvidado. Almodóvar nos había acostumbrado a un refinamiento, exquisito en más de una ocasión, que hizo que los guiños entre los azafatos nos pillaran fuera de juego. Y no es que el director no los hubiese utilizado nunca -todos recordamos la escena de las 'Erecciones generales' de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón-, sino que hacía tanto tiempo que no le vimos con las facultades tan poco desempolvadas. Igual no hacía falta volver a los 80. Igual en 2013 hay que evolucionar al mismo ritmo que la sociedad.

Buscar el aplauso del público

Nos negamos a pensar que Almodóvar se deja guiar tanto por las exigencias del público que decide sus próximos proyectos en función de lo que la sociedad le demanda. Queremos imaginar que todo son ciclos y corrientes que le llevan por un lado o por otro. Los fans tenían ganas de comedia, sí, pero tampoco hacía falta esforzarse para contentarles. Si son seguidores de verdad, aceptarán todo tipo de propuestas sin rechistar. Ahora, tras el escaso éxito de Los amantes pasajeros, nos da miedo que el giro hacia el drama venga impuesto también para conseguir el aplauso del público y nos quedemos, de nuevo, a medias. Pero no fabulemos tanto, que hasta el estreno nos queda, mínimo, un año. ¡Qué largas son las esperas!


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