Cultura

5 razones por las que sería imposible un remake de 'La tonta del bote'

En Estados Unidos hay una fiebre enorme por el remake. Los Goonies, Los Cazafantasmas o Los Gremlins son tres de los títulos sobre los que se está trabajando en un nuevo reinicio de la saga o en una nueva versión, según el caso. 

En España también se han hecho remakes, como por ejemplo Cristina Guzmán (1943 y 1968), Marcelino Pan y Vino (1955 y 1991) o La tonta del bote (1939 y 1970) -de cuya película original protagonizada por Josita Román no se conserva ningún fragmento, tan solo fotografías promocionales-.

Aunque la historia de Marcelino, el niño que habla con un Cristo de madera, o Cristina Guzmán, la profesora de idiomas, podrían volver a producirse en celuloide a día de hoy, lo cierto es que pensar en una nueva adaptación cinematográfica de las aventuras de Susana, ‘la tonta del bote’, sería prácticamente imposible, ¿por qué?:

Por la apología de la explotación cuasi infantil.

Susana -Lina Morgan en la versión de los 70- es una huérfana desgraciada que vive recogida por una amiga de su difunta progenitora -que para más inri, era madre soltera-. La señá Engracia (María Asquerino), su mentora, tiene recogidos además a tres sobrinos más, todos huérfanos. Pero como Susana no es de su sangre, la chica debe pagar con su trabajo el haberla salvado de la inclusa y la obligan a cocinar, a ir a la compra… E incluso de manera literal, a coser gomas de bragas ajenas.

Y todo ello siendo prácticamente una cría de edad desconocida. Pero por la forma en la que la tratan, y por no haber conocido varón ni intención, posiblemente fuese un personaje que está saliendo de la adolescencia. Lo normal, tener a una pubescente en tu casa de criada y sin darle un duro gracias a un acto en principio generoso como no dejarla crecer en un orfanato desamparada.

Por la apología de la violencia cuasi infantil

Porque Susana recibe más golpes que un puching ball en una feria. Y es que en la casa tienen la costumbre de que si la chiquilla hace algo mal, puedes tirarle del pelo. ¿Qué se le cae la sopa al suelo? Patada en las costillas o mejor oferta. Después de haber recibido una somanta de palos, le dicen que debieron dejarla en la inclusa. Grande es la escena en la que va a la iglesia, y el cura le recomienda que todas las palizas y pellizcos que le den que los ofrezca por el alma de su madre.

Por la apología de la violencia doméstica

En general, en La tonta del bote la gente se pega y/o se saca la navaja (incluso la pistola) por cualquier motivo. Pero lo más llamativo es todo lo referido a la pareja de Asunta y Narciso (Paca Gabaldón y José Sacristán), donde la violencia física y psicológica es de agárrate y no te menees. Por ejemplo, en una de las primeras escenas él le dice que en cuanto se casen “no te dará marcha más que menda, no atenderás más que a mis cosas y hablarás con nadie más que conmigo”.

En otra secuencia, tras discutir en plena calle, ambos acaban en las manos, y cuando un portero intenta calmarlos, ella le responde que le pega “porque le da la gana, para eso es mi hombre ¿pasa algo?”. Pero no menos terrorífico es el momento en el que, pasados los años, tienen dos hijos y Narciso afirma que está desesperado con la vida doméstica y que “cualquier día la mato, los mato y me mato”. Y eso era cómico, supuestamente, en aquel entonces.

Por antihigiénica

El personaje de Susana es bondadoso, lleno de ternura y preocupada por el bienestar de los demás. Y una de sus buenas acciones consiste en hacer la guarrada del siglo: recoger chustas de cigarro y meterlas en un bote de pimientos morrones (de ahí su apodo de ‘la tonta del bote’) para dárselos a un ciego que toca el violín a cambio de limosna. ¿Sanidad permitiría una película así?

Porque trata mejor a los animales que a las personas

Susana no solo se preocupa por el viejo músico, sino también por su perro, Sultán. Un día en el mercado, la vendedora de churros le regala uno, y ella pide otro para un amigo, y acude a ver al ciego. Lo gracioso es que Susana no le da el churro al viejecito que supuestamente no tiene para comer, sino que ¡se lo da al perro! Vale que al viejo le había traído una manzana pero, ¿de verdad le das un trozo de masa harinosa y refrita al perro en vez de al hombre? Qué generosidad tan extraña y selectiva la de Susana.

Un final alternativo

Como todo el mundo sabe, la película acaba con una reunión de Susana con toda su familia, la que le pegaba y explotaba, para decirles que se casa y que están invitados. De este modo, todos reciben un perdón misericordioso de ‘la tonta del bote’, que demuestra, efectivamente, que de buena es tonta. Un mensaje muy bello el de la indulgencia, pero que a día de hoy no tendría cabida en cines.

Si alguna se hiciese una nueva versión de La tonta del bote en la que se mantuviesen todos estos elementos -a día de hoy chirriantes- de la trama original, está claro que el final debería ser, al menos, diferente. Por ejemplo, con Susana envenenando a todos el día de su boda y culminando una venganza tramada durante años. Aunque eso, posiblemente, sería poco o nada comercial.


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