Cultura

"¿Has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija?" 'El exorcista' y otros clásicos de terror

El terror es uno de los géneros cinematográficos más codificados. Se sigue afianzando en el estereotipo, en el trazo grueso y sangriento, en el grito, el susto, la muerte agónica, la tragedia. La mayor parte de los personajes son planos porque cuando de lo que se busca es recrearse en el baño de sangre hay poco tiempo para perfilar al personaje. Vampiros, zombis, hombres lobo y psicópatas, todos buscan como recompensa el líquido rojo. Pero Hollywood parece haber encontrado un alijo de maquillaje verde y babas que le ha dado buen resultado y ha querido aprovecharlo cambiando de guion y metiéndonos el miedo dentro del cuerpo.

En 1973 William Friedkin adaptó la novela de William Peter Blatty de El exorcista y dio paso a una saga de películas de posesiones. Desde entonces este tipo de género es uno de los más aceptados por el público pese a su tendencia a repetir la misma fórmula. Hay quien dice que es una de las películas más terroríficas de la historia. Desde luego que debió de serlo para quienes acudieron a su estreno, porque hasta entonces no se había visto nada parecido. El cine mostró a una criatura inocente transformada en un auténtico demonio. Fueron los legendarios padres Merrin y Karras quienes a base de insultos y purés de guisante consiguieron expulsar al diablo del cuerpo de la pequeña, aunque el muy puñetero regresaría más tarde en El hereje o El Exorcista III.

Keanu Reeves, sin salir del todo de ‘Matrix’, realizó una labor de exterminador-exorcista en ‘Constantine’.

Pero no ha sido el de la pobre Regan McNeil, personaje protagonista de aquella historia, el único caso de posesión cinéfila. Keanu Reeves, sin salir del todo de Matrix, aceptó trabajar para el mismísimo dios realizando una labor de exterminador-exorcista en Constantine. Basado en el comic Hellblazer, Reeves encarna a un estadounidense taciturno que acaba quitándose la vida para escapar de unas atormentadoras visiones, pero sin querer resucita y se ve obligado a sacar demonios de los cuerpos de los ciudadanos de Los Ángeles. El film, que narra la lucha entre el bien y el mal, es una historia de ángeles, demonios y posesiones con arcángeles corruptos, diablos pasados de rosca y exorcistas un tanto chuletas sin ningún atisbo de heroicidad.

 “Basada en hechos reales”

Cuando el cine pareció haber agotado algunas de sus fórmulas para seguir sembrando el pánico, la industria encontró en la expresión “basada en hechos reales” una excusa para susurrar al espectador: “esto puede pasarte a ti”, dijeron, y nos hicieron temblar… o al menos lo intentaron. La fórmula seguía siendo la misma: una niña poseída, un idioma desconocido, blasfemias, telequinesis y un sacerdote medio psiquiatra que, a su vez es el más escéptico pero racional del film. Hollywood siguió dándonos miedo con El exorcismo de Micaela y el de Emily Rose.

En ambos títulos la industria quiso abordar el caso de Anneliese Michel, una joven alemana que murió sintiéndose poseída por, al menos, seis demonios. Así que sólo existen dos formas para enfrentarse a estas películas: con las pastillas recetadas por un médico o con el crucifijo que puede portar un cura.

Megan Fox también estuvo poseída en Jennifer’s body. El film es una gamberrada parodiando a los slasher con algún que otro susto contado. Se trata de una comedia negra de instituto con exceso de exhibicionismos y poca sangre. Ni hay un despliegue de psicópatas al uso, ni estamos ante un film con posesiones clásicas. La peli tiene algún toque de satanismo muy de andar por casa que hacen que la protagonista de Transformers meta miedo mientras sigue manteniendo su morbo, quizás sea gracias a la fuerza que imprime en cada escena el escote foxiano. Con bastante mal sabor de boca nos dejó Posesión Infernal, se trata de un trabajo cargado de humor negro con un festín de vómitos, vísceras y mutilaciones que nos sentó como una patada en el estómago.

Hannibal Lecter con sotana

Y hasta una duda metafísica puede servir como hilo conductor de una película. El Rito, presenta al mismísimo Hannibal Lecter con sotana preparado para enfrentarse a los demonios. Es un espectáculo visible y a veces risible, con un guión bastante hinchado y un relato demasiado convencional en el que se echa de menos algún que otro susto de vez en cuando. Parece ser que al guionista le interesan más los asuntos del Vaticano que el miedo que suele reclamar el género.

Y ahora que tengo el cuerpo lleno de sangre, babas y bichos me pregunto que dónde está el miedo, porque si esto da susto, que venga Hollywood y lo vea. Digo Hollywood porque lo que es el demonio no creo que se atreva a pasarse por aquí, dicen que anda pidiendo cita para misa de ocho, necesita un milagro por todos los que dejaron de creer en él. Por si acaso, lo único que espero para cuando vuelva, es que me pille confesada


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