Cultura

Con la muerte en el guion

Un hombre célebre debería morir como Sócrates, veneno en mano, rodeado de sus discípulos, con toda la dignidad histórica que le otorga ese momento. No existe muerte justa ni merecida, algunos de los grandes han muerto de la manera menos esperada y otros de la forma más trágica. Magallanes, a solo una cuarta parte de completar su vuelta al mundo, se metió en medio de un ajuste de cuentas entre indígenas y ahí acabó sus días. La bailarina Isabela Duncan murió estrangulada por su propia bufanda. Albert Camus se estampó contra un árbol mientras viajaba en su coche y al propio Gaudí se lo llevó un tranvía. Los famosos tienen, a veces, derecho a muertes horrorosas y aunque no sean del todo ciertas, el cine nos ha mostrado las más sorprendentes, curiosas y absurdas formas de desaparecer. Porque hasta para morir siempre tiene que haber alguien que llame la atención.

William Wallace, el personaje que encarna Mel Gibson en Braveheart, se rebela contra el rey y, como sucediera en el mito de Antígona, este acto la acarrea su muerte. Tras humillar en varias ocasiones a la monarquía británica, el libertador es capturado a traición de la nobleza escocesa que acabó por entregarlo. Solo tenía que pedir perdón pero su negativa firmó su propia sentencia de muerte. Maldita sea William, “¡clemencia!” No es tan difícil decirlo. ¿Clemencia? Wallace gritó “libertad”. Y así murió decapitado, con la visión de su fallecida en la retina y la música de James Horner en nuestros oídos.

Con violencia y por sorpresa, así fue acuchillada Marion Crane en el Motel Bates de ‘Psicosis’.

Gladiator es una peli del género peplum que nos muestra un combate a vida o muerte. De una parte Maximus, general del ejército de Marco Aurelio a quien transfiere todo su poder. De otra, Cómodo, aspirante al trono que no acaba de aceptar la voluntad del emperador. El filme nos trajo un combate cuerpo a cuerpo pero en desigualdad de condiciones que acaba como cualquier peli de romanos, con una muerte en la arena.

Con violencia y por sorpresa, así fue acuchillada Marion Crane en Psicosis, al poco tiempo de empezar el filme una silueta la apuñaló con saña en el lúgubre Motel Bates. Hitchcock nos trajo la muerte a la ducha. A golpe de látigos y sangre lo hizo James Caviezel en La Pasión. Buscaba el perdón de la humanidad y se despidió del mundo de los vivos, como mandan las escrituras, crucificado. Un villano, un detective, una mujer fatal, dinero fácil con el que comprar los días y un final que acaba en tragedia en Chinatown. Si la vida no es justa tampoco lo es la muerte y menos cuando vemos a Evelyn Mulwray desaparecer mientras el tirano de turno se va de rositas.

Del ciudadano Kane a Charlize Theron

Hay tantas formas de morir como guiones tienen las películas: pese a su importante fortuna, más sólo que la una murió el famoso magnate Charles Foster en Ciudadano Kane mientras pronunciaba su última palabra, “Rosebud”. El caballo Artax pereció engullido por el cieno en La Historia interminable, Dicaprio congelado en las aguas del Atlántico y a Samuel L. Jackson se lo comió un tiburón en Deep Blue See. Nada dulce fue el noviembre que se llevó a Charlize Theron mientras dejaba a medias una bonita historia de amor, pero la vida o, en este caso, la muerte también juegan sus cartas.

No hay luto que consiga aliviar la muerte de Guido (Roberto Benini) en La vida es bella. Sonriendo hasta el final se enfrentó a la temida hora sólo para seguir el juego que le había mostrado a su hijo, más que ganas debía tener para seguir haciendo monerías de camino al paredón. Haley Joel Osment no ha sido el único que ha visto muertos, ni siquiera hemos precisado de un Sexto Sentido para hacerlo, porque los espectadores de este filme estuvimos viendo un fiambre durante toda la peli aunque no nos enteramos hasta el final. No se fueron precisamente de rositas quienes ojearon allá por el siglo XIV la Poética de Aristóteles en El nombre de la rosa. Pero no fue el libro el que mató a los monjes que se acercaron a él, sino el veneno impregnado en sus páginas. Un ejemplo de que el saber no ocupa lugar pero también se cobra vidas.

A golpe de guante, en medio de un ring, murió Billy en la cinta ‘Campeón’ de Franco Zeffirelli.

No sé cuántas vidas tiene la muerte, pero Siete Almas salvó Will Smith a cambio de sus días. Donde unos las dan, otros las quitan porque también siete, una por cada pecado capital, fueron las vidas que arrebató John Doe en Seven. Hugo Weaving, el extraño que portaba la máscara en V de Vendetta se llevó todas las que pudo por delante, incluida la suya propia, y todo por defender sus ideales. Y a golpe de guante, en medio de un ring, murió Billy en la cinta de Franco Zeffirelli mientras su hijo angustiado le gritaba ¡levántate, campeón!

Llega sin fecha, sin tiempo y sin avisar y aunque dicen que no se atrasa ni un minuto, lo mejor es que no sea puntual. Pero cuando uno ve pelis de muertos lo único que le importa es saber que está vivo y pensar si algún día sería posible viajar de excursión hacia la muerte y volver cargado con fotos o con postales.


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