Cultura

Capirotes asesinos

No hace mucho vi una foto de un establecimiento tradicional donde se vendían figuritas de nazarenos de todas la cofradías, con un cartelito en inglés que ponía: “No son el KKK”. Ya saben, el Klan por antonomasia que sólo sale bien parado en la clásica “El nacimiento de una nación” de Griffith.

Las cosas como son, no me extraña la caraja que tienen en Hollywood con nuestras tradiciones, pues lo mismo quemamos monumentos que corremos delante de los toros por las calles, y les juro que esos herejes sin cocer se creen que lo hacemos arbitrariamente y día sí, día también y tojunto. Esta fama la encontramos hasta en la visita de Astérix a Hispania, donde no hace más que pasar por todas localidades en fiestas… ¡de una Semana Santa avant la lettre! Semana Santa que, es cierto, si uno no es católico, apostólico y romano, y más si es Viernes Santo y es de noche, con todos esos capirotes mudos y con hachones encendidos no lo neguemos, ¡acojona!

Imaginarse que en este contexto, los crímenes puedan darse como humo de cirios en la Madrugá, es lo menos que nadie puede pensar, si se quiere poner uno malpensado. Para aquellos que le pasaron tales ideas, y para lo que se le pasarán a partir de ahora, recupero un par de títulos para que le den a la torrija, entre crímenes y asesinatos.

Abril Rojo (Premio Alfaguara 2006) de Santiago Roncagliolo (que tiene casi nombre de camarlengo, para qué negarlo), nos lleva hasta Ayacucho, en el Perú, en plenas celebraciones de Pascua, donde no nos encontramos con uno, sino con una serie de asesinatos salvajes, de los que parece que la sangre salpica desde las trémulas páginas de esta bien montada novela. Suspense a ritmo que se dice cinematográfico, del que no cabe duda que bebe de forma simbiótica, pues el ambiente acaba proyectado en tu mente de manera en que veremos más que gráficamente, ese Perú sanguinolento de Sendero Luminoso, y en donde seguiremos a un asesino inspirado por la imaginería de la tradicional Semana Santa local, a la que asistiremos como marco, excusa, y tal vez…

No hace falta cruzar el charco para el siguiente asesinato que nos narra Crimen de Semana Santa (Simplemente Editores, 2011) de Antonio Rojas Gómez, un thriller, una policíaca de toda la vida, con su detective heredero de Philip Marlowe (pues no hay manera de imaginarme algún otro diferente por más que la acción transcurra en la actualidad y nadie te pregunte si sabes silbar, aunque eso sea de otra peli), dándole la réplica el inefable y metiche periodista, ambos buscando solucionar una muerte violenta que nos hará ir del pasado al presente, queriendo resolver desde dos puntos de vista diferentes, lo que unió a tan dispares protagonistas. Palomitas garantizadas, si a alguien le diera por comer palomitas mientras lee.

Al fin y al cabo, no todo va a ser abstinencia, recogimiento, saetas, torrijas (de vino, por supuesto) y penitencia. Aunque estos muertos que aquí procesionan no resucitarán el Domingo.


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