Charlton Heston, Sofia Loren o John Lennon son algunos de los míticos nombres que sucumbieron al atractivo de los SL de Mercedes, conocidos por el sobrenombre de Pagoda por las formas de su peculiar capota rígida desmontable similar a una pagoda china. Un modelo que se ha ganado a lo largo de estas cinco décadas el reconocimiento como uno de los roadster más bellos, y que salió al mercado en 1963 como sucesor de los anteriores 300 SL y 190 SL. Fueron tres las versiones que se comercializaron entre 1963 y 1977: 230 SL, 250 SL y 280 SL. El segundo de ellos es la versión que hemos podido disfrutar en una jornada en compañía del más moderno SL 350. 50 años entre uno y otro pero con algo en común, hacer disfrutar de la conducción a cielo abierto por las más solitarias carreteras.

Una unidad, hablamos del 250 SL, perfectamente restaurada y cuyo valor en el mercado puede ascender hasta superar los 80.000 euros. A su lado, el SL 350 tampoco es precisamente barato, 112.000 euros. Una restauración respetando al máximo el modelo original, y que resulta especialmente brillante en lo que al interior se refiere. Salpicadero, asientos, radio o el sistema de capota funcionan a la perfección. Quitar o poner la capota a mano requiere apenas un minuto, hoy en día mucho tiempo si lo comparamos con los poco más de 15 segundos que puede tardar el SL 350 en efectuar la misma tarea pulsando un botón… pero perdiendo el glamour de manejar piezas prácticamente hechas a mano.

Arrancamos el motor y ya el sonido alegra el oído cuando pisamos el acelerador, mucho más intenso que el del moderno V6 del SL 350. Su larga palanca de cambios de sólo cuatro marchas contrasta con las siete velocidades del cambio automático, insertando cada una de ellas con más rapidez de la esperada. Inserciones precisas para hacer ganar velocidad con facilidad y rapidez al 250 SL, cuya entrega de potencia en bajos resulta toda una delicia. Eso sí, se echa en falta enseguida una quinta velocidad para poder mantener cruceros más elevados sin necesidad de ir sufriendo por el alto régimen de giro al que somete al motor. A su lado, el SL 350 es todo dulzura en la conducción, pero sin el carácter que hace del Pagoda una continuación de nosotros mismos. Quizás donde mayores diferencias se dan es en los consumos, por encima de los 15 litros en el Pagoda a pesar de contar ya con inyección electrónica, prácticamente el doble de lo que puede llegar a gastar el más moderno SL 350.

El gran volante se maneja con facilidad dado que ya entonces contaba con asistencia en la dirección, manejándose con facilidad tanto a baja como a alta velocidad y permitiendo suficiente confianza para abordar las curvas casi como si de un moderno cabrio se tratase. Las suspensiones garantizan confort y firmeza a partes iguales, una eficacia sin duda que en su momento le distinguía como uno de los roadster más sólidos en su comportamiento. Sus grandes butacones acaban por reforzar un confort de conducción muy elevado, permitiendo disfrutar al máximo del paso de los kilómetros. Un coche, el Pagoda, sin duda adelantado a su época, que aún en día ofrece todo lo necesario para sentirse no antiguo, sino simplemente clásico.

ficha

  DATOS COMERCIALES:  Versión: 250 SL (1963) / SL 350 (2013)  Precio: 80.000 / 112.200 euros

  DATOS TÉCNICOS  Motor: 6 cil. en línea / 6 cil. en V  Cilindrada: 2.496 / 3.498 cm3  Potencia máx.: 150 CV a 5.750 rpm / 306 CV a 5.500 rpm  Par máximo: 197 Nm a 4.200 rpm / 370 Nm a 3.500 rpm  Tracción: Trasera / Trasera  Caja de cambios: Manual de 4 vel. / Autom. de 7 vel.  Dimensiones: 4,28 / 1,76 / 1,30 m // 4,62 / 1,88 / 1,31 m  Peso: 1.405 / 1.685 kg  Depósito de combustible: 83 / 75 litros

  PRESTACIONES  Vel. máxima: 200 / 250 km/h  Acel. 0 a 100 km/h.: - / 5,9 seg  Consumo medio: 16,0 / 7,5 l/100 km


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