Gastronomía

Los turistas son clientes cautivos: ¿Somos buenos anfitriones gastronómicos?

Es recurrente que, siempre que se habla de turismo en España, uno de los sectores económicos más importantes del país, se acabe hablando de gastronomía.

Los turistas son clientes cautivos: ¿Somos buenos anfitriones gastronómicos?
Los turistas son clientes cautivos: ¿Somos buenos anfitriones gastronómicos?

Por supuesto que se incidirá en que es la mejor del mundo, nadie dejará de comentar que es una de las más saludables y que por ello la dieta mediterránea está considerada Patrimonio de la Humanidad, también se hablará de lo diversas, ingeniosas y versátiles que son sus recetas, y como no, alguien acabará rematando la conversación afirmando que, por todas esas cosas, aquí se vive como en ninguna parte.

Lo cierto es que, sobre el papel nos queremos como nadie. Somos fantásticos y lo sabemos, pero ¿qué tal se nos da contárselo a los demás?, ¿proyectamos esa identidad de la que tanto hacemos gala a los turistas que nos visitan?

Cada turista que nos visita tiene motivaciones completamente diferentes, de la misma forma que su presupuesto definirá en gran medida cómo será su visita en España, pero no se puede pasar por alto que todos ellos sufrirán la imperiosa necesidad de comer varias veces al día. La oportunidad de hacer valer nuestra cocina no hay ni que esforzarse en buscarla, porque ésta gente, antes o después, tendrá hambre y necesitará comer.

Los turistas son clientes cautivos

En un mundo tan globalizado, culinariamente hablando, es fácil que cualquier extranjero pueda disfrutar de comida japonesa, mexicana, tailandesa o italiana en cualquiera de nuestras ciudades y sin esforzarse demasiado, pero ¿qué sucede cuando este turista se convierte en cliente cautivo?

Se llama cliente cautivo a aquel que se encuentra en un espacio acotado, como una zona de embarque de un aeropuerto, y que sólo puede consumir en unos determinados establecimientos que tienen unas tarifas sustancialmente más caras. Casi todas estas zonas se encuentran en los ya mencionados aeropuertos o en las estaciones de tren de alta velocidad, lugares especialmente transitados por viajeros y turistas.

Analizar la oferta gastronómica de estos establecimientos suele provocar a la par sonrojo y vergüenza ajena, ya que por estos circuitos transitan obligatoriamente infinidad de turistas que han venido a disfrutar, entre otras cosas, de todas las cosas ricas que les hemos contado que comemos.

La foto que ilustra el artículo, aunque es de 2014, nos sirve de ejemplo de qué tipo de comida se ofrece a los turistas que transiten por Atocha y a qué precio se cobra. De hecho, la imagen gastronómica de España en Atocha la gestiona en su mayoríaAutoGrill(incluido el Burger King situado en el palmeral), una firma italiana vinculada económicamente con la familia Benetton y especializada en establecimientos de restauración en aeropuertos, gasolineras y estaciones de tren a lo largo de todo el mundo.

Una gran empresa internacional que imprime el mismo carácter genérico e impersonal en todos sus establecimientos y que no representa en modo alguno la identidad culinaria española. Así que nos encontramos con que el mensaje comienza a truncarse cuando hablamos de interpretar la cultura gastronómica a través de un negocio de alto alcance.

Las cosas no mejoran si hablamos de la comida a bordo, donde recordemos que seguimos siendo clientes cautivos. A pesar de que tanto Renfe como Iberia cuentan, o han contado, con la colaboración de grandes chefs, intentando poner en valor la creatividad y la vanguardia de la cocina española, estas ofertas no son las que se encuentra el turista que se mueva por el país, especialmente después de haber suprimido los servicios de catering incluido en infinidad de trayectos de tren y avión.

Las comidas en los aviones y trenes distan mucho de nuestras comidas típicas

Consultando las respectivas páginas de restauración de Renfe e Iberia, y si no conociésemos a estas empresas de nada al igual que un finlandés, uno pensaría que cualquier trayecto posible duraría poco sabiendo que sirven las suculentas viandas y ambrosías que describen su web. Todo es sabroso, sano, exquisito, delicioso, auténtico, natural, equilibrado, de temporada, energético, ligero, gourmet y “haciendo siempre un guiño a la cocina de nuestro extenso territorio nacional”.

Una vez que te subes en el tren, o en el avión, y eres cliente cautivo, los adjetivos cambian sustancialmente de tono… La carta de a bordo suele ser un catálogo variado de snacks dulces y salados, que más bien parecen meriendas infantiles, sopas y fideos instantáneos, y bocadillos que requieren ser acompañados, para su digestión, de un litro de agua. Gran parte de todo ello son productos industriales de los que podemos además poner en duda que sean saludables.

Al margen de que la operativa en un tren y en un avión no permita poner una plancha o freidora para que la comida fuese maravillosa, todos somos conscientes de ello, se podía poner un poco más de interés en que las referencias gastronómicas por lo menos sean españolas. Queso camembert, ensalada Nicoise,paprika, muffins, waffles, aceitunas Kalamata, tartar de salmón, setas shiitake, quiche, ensalada César o pasta fresca son algunas de las recetas o ingredientes que se sirven en la actualidad a los viajeros que transitan por nuestro país. Por el contrario, es casi imposible encontrarreferencias genuinamente ibéricas más allá de mollete con tomate y aceite, y la tortilla de patatas.

Quizás no es posible controlar cuál es la oferta gastronómica que se sirve en lugares turísticos en negocios regentados por particulares, pero sería recomendable utilizar el transporte de viajeros (y el alojamiento) para exhibir la gastronomía española y dar el valor añadido que prometemos cuando contamos al mundo cuales son las virtudes culinarias que nos adornan.


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