Gastronomía

La necesidad de impartir nutrición en los colegios

Últimamente no dejo de oír hablar de la urgente necesidad de impartir a los niños clases de gastronomía y nutrición. Un alegato a favor de fomentar el conocimiento sobre la alimentación, dentro del ámbito de la formación reglada, con el fin de solucionar un problema latente que, de no ponerle solución, promete ser de gran envergadura.

La necesidad de impartir nutrición en los colegios
La necesidad de impartir nutrición en los colegios Gtres

Algunas pandemias alimentarias como la obesidad y diabetes comienzan a manifestarse entre los niños, y la voz de alarma ha dado pie a que se fomenten todo tipo de ideas para reconducir los hábitos alimentarios de nuestros infantes. Sin duda, acercar el mundo de la gastronomía y la nutrición desde el ámbito académico puede ser un punto de partida interesante para forzar algunos cambios, pero ¿es ésta la opción más acertada?

Según lo veo, hay formas mucho más interesantes, naturales y efectivas de hacerlo. Mi madre, una de esas mujeres de la transición, no contaba con ningún manual de instrucciones para saber qué debía darme de comer. De forma más o menos intuitiva, junto a los conocimientos que le podía transmitir el pediatra y el entorno más cercano, las madres de entonces sabían darnos todos los nutrientes necesarios para crecer de forma sana y sin riesgo alguno de padecer ningún problema de orden alimentario.

Es posible que entre aquellas madres comenzase también el fenómeno de la dieta, como término asociado a una restricción para tener mejor apariencia. Nuestras abuelas jamás se alimentaron bajo el paradigma de la dieta sino del hambre, su realidad exigía privaciones por otros motivos que no eran para nada opcionales. Aunque con cierta distorsión,la cocina de la abuela es excelsa, generosa, nutritiva y tiene un marcado componente nostálgico. Sin embargo, la cocina de nuestras madres tomó prestados algunos conceptos dietéticos novedosos y absurdos, como que el aceite de oliva y el pescado azul eran malos para la salud, pero en general su forma de alimentarnos no sufría presiones nutricionales.

Hay niños que no saben de dónde viene la leche

El caso es que, los padres de hoy en día tienen mucha más información sobre dietas y nutrición de lo ha tenido jamás ninguna generación. No sólo es un contenido disponible sino que es una realidad palpable, la gente de cuarenta años está muy interesada en comer bien, hacer deporte y en general llevar una forma de vida muy saludable. Sin duda alguna y de forma genérica, se puede afirmar que nunca una generación de humanos estuvo tan preparada y surtida para llevar a cabo la labor de alimentar a sus crías.

Una de las cosas que más me sorprenden cuando se argumenta sobre la necesidad de formar a los niños sobre los alimentos, es que dicen que muchos niños no saben que la leche viene de la vaca, que en su mundo figurativo no asocian ambos conceptos. No quiero cuestionar cómo cada uno educa a sus hijos, pero creo que si un niño, -con la cantidad de información que consume en forma de cuentos, dibujos y películas-, no se le ha explicado que las vacas son los animales que, -además de hacer “mu”-, dan la leche que toma cada día en el desayuno, alguien está haciendo las cosas rematadamente mal.

Antes los padres pasaban más tiempo alimentando a sus hijos

No deja de parecerme curioso ese tipo de alegatos de desconocimiento de conceptos básicos por parte de los niños, cuando la realidad es que se les atiborra de contenidos irreales que reproducen mundos inexistentes de los que se aprenden todos los nombres y costumbres de unos locos y sorprendentes personajes imaginarios. Hemos apostado por que nuestros niños crezcan en mundos creativos de fantasía y magia donde no hay vacas que den leche, ¿es posible que sea por motivos como éste que no lo aprendan?

Sin duda, los hábitos sociales y familiares han cambiado mucho, pero la pedagogía con la que las madres como la mía nos enseñaron a comer ha sido una fórmula de éxito. Pasaban mucho tiempo con nosotros, gran parte de él alimentándonos, algo que muchas madres y padres actuales no se pueden permitir.

Son muy interesantes las conclusiones del zoólogo especialista en humanos Desmond Morris, que plantea que ciertos aprendizajes, incluido el de la alimentación, han de producirse en la intimidad, cotidianidad y seguridad del seno familiar. Algo que explicaría porque algunas recetas de nuestra madre son literalmente insuperables, a través de sensaciones como amor y confort incondicional. 

¿Hay que academizar la alimentación?

Si tenemos en cuenta que en el mejor de los casos una familia con niños puede comer junta tres veces al día, nos encontramos con un inmejorable escenario en el que los padres de ahora, con tantos conocimientos a mano, puedan hablarles a sus hijos de conceptos relacionados con alimentación, agricultura, ganadería, gastronomía o nutrición. Siempre de forma que lo puedan entender y puedan configurar su propio mundo con garantías realistas, porque con los niños siempre se corre el riesgo de infantilizar el contenido y se le acaben sirviendo las verduras con forma de payaso sonriente, cuando ese no es un argumento didáctico.

Es posible que academizar la alimentación y que forme parte de las asignaturas regladas sea una solución a alguna parte del gran problema que supone nuestra forma de comer, pero dudo que un sobresaturado sistema educativo, al que se le reprocha su ineficacia, sea una solución realista. Imaginemos que se oficializa la asignatura de alimentación en la formación reglada, lo primero sería determinar qué dogma alimentario se impartiría en los colegios. En la actualidad contamos con diferentes “escuelas” alimentariasque predican consejos y normas para llevar una vida saludable, lo terrorífico es descubrir que muchas de ellas están patrocinadas por marcas de productos conocidas precisamente por ser poco saludables o poco nutritivos.

Los profesores servirían de mucha ayuda con sus explicaciones sobre la materia

Vivimos en un momento en el que la información sobre la alimentación está totalmente distorsionada; dietas disparatadas, pseudociencia alimentaria,alergias inducidas, restricciones alimentarias de tipo político… tenemos opciones de todo tipo y todas parecen tener avales tan sólidos como para que mucha gente las siga, ¿dejaríamos entonces la educación alimentaria de nuestros hijos en manos de extraños sin saber qué criterios tienen, más allá del que indique el temario?

Pienso que los centros educativos tienen que apoyar el conocimiento alimentario, pero sería ideal que lo hiciesen dentro de las áreas académicas que ya existen. ¿Quién mejor que un profesor de química para explicar el proceso de fermentación de un queso? ¿O un profesor de biología para explicar cómo crece un tomate? Es posible que este tipo de conocimientos combinados con los que los niños adquieran en casa, dejándoles participar en la elaboración y explicándoles todo tipo de detalles sobre el proceso de los alimentos hasta cocinarlos, sean suficientes para algo tan vital, primario e intuitivo como que comer de forma sensata vuelva a ser la norma.

Reflexión gastronómica


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