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Con 2 huevos… de oca: Otra forma de ver la dehesa

Tengo un amigo que instaló media docena de ocas en el jardín de su casa para vigilar su propiedad. Feliz y contento encargó una caseta de madera para protegerlas de los duros inviernos de la sierra segoviana y un estanque para que puedan asearse y cuidar su plumaje. Le habían prometido que las seis eran “puras damiselas que no habían conocido barón” y que no tenían intención de mancillar su virtud.

La llegada de las ocas al jardín de su casa fue brillante. Primero atacaron al jardinero filipino provocándole una baja laboral las dos semanas previas a la fiesta de cumpleaños de la niña pequeña. Luego fue la cocinera quien recibió numerosos pico-mordiscos mientras tendía un cesto de ropa recién sacada de la lavadora. Sin embargo, la peor parte se la llevó un simpático West Highland Terrier que un día intentó jugar con sus nuevas vecinas de jardín…

Para colmo de desgracias uno de los seis animales era un vigoroso macho “alfa” que quería demostrar en todo momento quien era el líder de la manada. Las tardes de amor a la orilla del estanque  hicieron más violento al grupo. Por suerte, cuando menos se lo esperaban, un par de maravillosos huevos aparecieron en las cercanías de la caseta. La cocinera, dolida todavía por los mordiscos de la jauría, decidió convertir los huevos en un delicioso plato para la cena sin decir nada a su jefe.

El destino, la suerte y una insana condición de cotilla llevaron a mi amigo a ver los maravillosos huevos de oca en la cocina. Ni corto, ni perezoso esos huevos fueron a la sartén, fritos con amor   hasta conseguir    ese punto ideal que sólo algunas personas saben lograr. Además luego se aromatizaron con unas ralladuras de trufa,  que no hacen mal a ningún plato.

¿El resultado? Desde entonces mi amigo sólo toma huevos fritos de oca. Como no quiere problemas en casa ha creado un pequeño corral donde sus seis ocas viven felices sin ocasionar más accidentes. Él prefiere usar la tienda on-line de www.gansoiberico.com

La idea es genial. En plena dehesa andaluza se crían miles de animales que pasan meses y meses paseando entre encinas, y robles aprovechando el producto de la tierra. El pasto, la bellota y el ramón son la base para alimentar a estos animales todavía poco conocidos en la cocina ibérica.  Un producto ecológico, sano y que ayuda a la  gestión de un espacio natural único.   Primero fueron los huevos, luego la pepitoria, más tarde el escabeche y ahora una colección de patés que alegra cualquier despensa.  El jamón de oca se ha convertido en algo obligado  también en mi dieta.  Además su sobrasada es tan generosa en aromas que superar cualquier expectativa.    Lo dicho, para disfrutar de la oca no hay que tenerlas en casa. Nos lo llevan en menos de 48 horas y a precio razonable. Con dos huevos.


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