Maneras de vivir

Las tribulaciones laborales de Sánchez

Juan Carlos Girauta, el número dos de Rivera, ha hecho una declaración, y ha acertado. Salía perplejo, con un César Zafra haciendo de paisaje, mirando los micrófonos, hilando palabras en ese tono lento que da la sorpresa. “No sé qué quiere Pedro Sánchez con su ronda de contactos. No es el rey”. Luego veíamos a Antonio Hernando, el portavoz de Sánchez en los momentos televisivos, explicar la motivación de la maniobra de su jefe: “Es preciso mostrar que el instrumento para salir de la situación es el diálogo”.

Esa “situación” es el descalabro al que ha llevado la errónea estrategia del “no es no” que adoptó Pedro Sánchez. Es más; este nuevo giro de los acontecimientos –ironía del déjà vu-, coloca la ópera bufa de la política española en su momento culminante, en ese en que la percusión preludia la gran escena. El líder del PSOE anunció que iba a iniciar una “ronda de consultas”, pedagógica, en plan educación para la ciudadanía, pero sin la pretensión de formar una alternativa de gobierno, ni cambiar su voto, ni pedir terceras elecciones.

La vuelta del problema al Congreso, y a las oligarquías de los partidos, ha dejado a la institución regia, la Corona, en el mejor lugar posible cuando nadie lo creía

Y Rajoy, especialista en tender puentes de plata a los enemigos, se dejó querer. Hablaron diez minutos. Sí; el tiempo suficiente para compartir experiencias sobre el aumento de temperaturas, lo malo que es el café del Congreso, y volver al despacho. Eso sí; Sánchez le repitió al oído: “¿Qué parte del no no has entendido, Mariano?”. En fin. Tras la perplejidad general, vino la ironía de Errejón sobre nuevas consultas con partidos extranjeros sobre política internacional. Y, claro, el llamamiento de Iglesias al “gobierno del cambio” con las fuerzas independentistas, lo que supondría otro tipo de suicidio político de Sánchez, y la ruptura de la convivencia.

Por otro lado, Felipe VI publicó un comunicado tras entrevistarse con la presidenta del Congreso, Ana Pastor, diciendo lo obvio: que se entiendan los partidos. La vuelta del problema al Congreso, y a las oligarquías de los partidos, de este régimen partitocrático cada vez más cansino, ha dejado a la institución regia, la Corona, en el mejor lugar posible cuando nadie lo creía. Incluso cuando se oían voces llamando a un “independiente” para saltarse la soberanía nacional, la democracia, la sensatez, y armar de argumentos a la oposición antisistema de Podemos.

Pero además, hace dos días, para casi concluir este sainete de verano, el PSOE andaluz pidió a Sánchez “no engañar” sobre la posibilidad de un gabinete que uniera a Podemos y Ciudadanos. Patético; sí, pero patético no solo el líder socialista, sino el Comité Federal que aguanta una política que acabará enterrando al PSOE. ¿A qué esperan los gerifaltes del socialismo cañí para despachar a Sánchez?

El candidato socialista creyó ser un zorro, como ya escribí, adoptando una estrategia similar a la de Rajoy: ganar tiempo, esperar a que los otros cometieran errores, y presentarse como la solución. Pero a los chicos de Sánchez le faltan todas las atribuciones que atesora el PP de Mariano: tener el poder y haber ganado las elecciones dos veces seguidas en siete meses. El jefe del socialismo se enrocó en el “no es no”, y se produjo su linchamiento político y mediático como causante de la repetición de elecciones. A pesar de esto, o quizá por ello, Sánchez siguió con el plan trazado: dar la imagen de dialogante. Pero el espectáculo ha sido grotesco, una nueva burla al electorado, cuya desafección crece día a día. 

La operación de maquillaje ideada por Sánchez, que quería pasar de ser señalado como el hombre que bloqueaba la situación política, al socialista dialogante con todos, ha sido un absoluto fracaso

La operación de maquillaje ideada por Sánchez, que quería pasar de ser señalado como el hombre que bloqueaba la situación política, al socialista dialogante con todos, incluso con el “malvado” Rajoy, ha sido un absoluto fracaso. Si detrás de todo esto se encuentra la única y desesperada aspiración de ganar un poco de tiempo a que se produzca un milagro político, a la irresponsabilidad de Sánchez habrá que unir la falta de respeto a este sufrido país.

Mientras, Rajoy, con las cartas vencedoras aún en la mano, reiteró su oferta de buenismo tecnocrático: el gobierno de gran coalición; una solución envenenada para Sánchez, pero que cada vez tiene más adeptos en el PSOE, no solo para salir de este tedio, sino para acabar con su líder. Lo triste es pensar que el futuro de las instituciones, el compromiso económico con Europa, la unidad territorial, la creencia general en la política y los políticos, depende del incierto camino profesional que tiene Sánchez ante sí.


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