Maneras de vivir

Piolets y manos blancas en Podemos

La democracia interna de los partidos es un viejo camelo. Toda organización humana tiende al liderazgo, que se ejerce en condiciones de oligarquía; es decir, que el grupo que detenta el poder configura las normas y las costumbres para conservar su posición. Además, las presuntas reglas democráticas con las que se organizan suelen limitarse a un mínimo gesto de elección directa o indirecta de personas, bajo la influencia coercitiva del reparto de cargos, presupuestos y favores; o simplemente por algo tan humano y habitual como votar contra alguien.

La arbitrariedad de las oligarquías en los partidos es mucho mayor que en el régimen –que ya es decir-, el control democrático no existe y el clientelismo es la norma. En el caso de Podemos, el “partido de la gente”, ese que busca dar la vuelta al Estado desde abajo dando “la voz al pueblo”, el engaño es muyo mayor. El ejercicio del viejo “centralismo democrático”, sí, el de Lenin y Stalin entre los bolcheviques, aumenta según crece o se diversifica su organización. La clave de Iglesias y su séquito es atar a los cabecillas, hambrientos de dinero público y cargo, sin perder el poder.

Uno de los problemas de los partidos-movimiento creados a partir de innumerables grupúsculos es la satisfacción de las correspondientes oligarquías por parte del líder

Uno de los problemas de los partidos-movimiento creados a partir de innumerables grupúsculos es la satisfacción de las correspondientes oligarquías por parte del líder. Evidentemente, ese hambre se sacia a través del reparto de puestos y posibilidades de notoriedad; porque el socialismo del siglo XXI es muy vanidoso y necesita mucha tele. “Visibilidad”, lo llaman. Así, Alberto Garzón, auténtico responsable del fiasco electoral de Unidos Podemos en las elecciones del 26-J con su campaña de corazoncitos comunistas, no necesita nada más que una cámara que lo enfoque. Está satisfecho con el viraje izquierdista de la formación –ese mismo giro que molesta al transversal Errejón-, y la defensa del “derecho de autodeterminación”. Garzón solo protestó al líder porque no había recibido el cargo que creía merecer: la portavocía de Hacienda. El carácter democrático en la elección de puestos en el partido de la gente es un chiste.

Pero también es preciso castigar a los cabecillas que se salen de los cauces reglados para el logro de cargos: la petición al líder supremo. Contaba el novelista C. P. Snow, que en una cena de madrugada en el Kremlin, Stalin reunió a varios literatos del grupo de Gorki. El escritor Leonov, ya en la ronda del vodka, apuntó que Dostoievski, censurado por el régimen porque había enseñado al pueblo ruso a aceptar los sufrimientos, siempre sería necesario. Stalin, que no solía hablar en estas reuniones, se levantó de un salto y le espetó a la cara: “¿Qué derecho tienes para decir eso?”. Gorki intervino y salvó la vida a Leonov. Muchos otros talentos rusos desaparecieron en las purgas progresistas del “Padrecito de los Pueblos”.

Tania Sánchez, la del “No y punto”, ha sido cabeza de turco en la gran guerra civil que se avecina en el populismo socialista español. Iglesias la ha separado de su cargo de portavoz en la Comisión de Defensa. El delito ha sido pasarse al bando errejonista. La batalla estará entre quienes defienden un discurso más izquierdista, heredero de Julio Anguita, que aboga directamente por desmontar el capitalismo, salir de la “Europa de los mercaderes”, y el obrerismo de trazo grueso; y el que se empeña en el uso de fórmulas populistas, típicamente transversales, suaves, que conviertan al partido en un catch-all, y que se sirvan para acercarse, no espantar, al PSOE. Los primeros son seguidores de Iglesias, imbuido en su papel de mesías del pueblo oprimido, y los segundos de Errejón, conscientes de que la sociedad española está harta de los fallos del régimen del 78 pero que no quiere aventuras al borde del precipicio. Cuidado: no se trata de radicalidad frente a moderación, sino de tácticas para llegar al poder.

Madrid, que gracias a Pedro Sánchez y al silencio cómplice y ambicioso de Carmona, es el gran laboratorio de Podemos, va a contemplar la guerra civil entre pablistas y errejonistas

Y Madrid, que gracias a Pedro Sánchez y al silencio cómplice y ambicioso de Carmona, es el gran laboratorio de Podemos, va a contemplar la guerra civil entre pablistas y errejonistas. Tania, Rita y los de Iñigo son ya una oligarquía que quiere desalojar a otra oligarquía –todos podemitas- para detentar el poder en su organización. Su plataforma llamada “Proceso Adelante” –nombre de reminiscencias bolcheviques- se enfrentará a la del apparatchikRamón Espinar, acumulador de cargos públicos, denominada “Podemos escucha”. Entre medias está “Uniendo Podemos”, que dice que no va a participar en el “reparto entre familias”. Ya.

Ante tal panorama, Iglesias insiste en que “manos blancas no ofenden”, como se dice que respondió el ministro Calomarde a Luisa Carlota de Borbón tras ser abofeteado. Pero no deja de ejercer de líder de la oligarquía del “partido de la gente”: otorga cargos, cesa a otros, bendice candidaturas, y prepara los piolets, esos mismos que otro Ramón, Mercader, llevó en su excusión política a México. Historias de comunistas.


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