Macro Matters

La yihad de Obama

Dicho así suena un poco fuerte porque, aunque parece bastante claro que parte de su familia keniata se dedica al lucrativo negocio de promoción de la versión wahabita (saudí) del Islam, cuando se analiza la política de cambios de régimen del presidente Obama en el Mediterráneo esa parece ser la conclusión. En Macro Matters no hemos tenido ningún problema en señalar sus aciertos económicos pero hoy toca, aunque sea telegráficamente, unir los puntos de su política exterior en Oriente Próximo y la figura que sale es un desastre en desarrollo, que además ya afecta la economía mundial y a la sociedad americana.

¿Política exterior implosiva?

Que entre sus víctimas americanas tiene la de su embajador en Libia, por el que está al borde del impeachment (destitución por el Congreso) y las que podrían venir el 11 de septiembre tras una manifestación de un millón de musulmanes en Washington, a la que le han montado una contramanifestación de moteros con el fin de “defender los valores propios de América” y cuya mascota es un cerdito en una chopper. ¿Cómo empezó esta locura?

A New Beginning

O Un Nuevo Comienzo, ese fue el título, que además tiene concomitancias simbólicas islámicas, del discurso de Obama en la Universidad del Cairo, la de mayor influencia entre los árabes suníes (no está entre las 500 primeras del mundo) y centro de la elite de los yijadistas Hermanos Musulmanes (creadores de Hamás), discurso que fue para algunos un intento de reconciliación con el Islam (sería el suní) y para otros una claudicación del líder de Occidente; aquello dio alas a los más radicales como una oportunidad para su ideario.  

El Presidente Obama no parece entender que el fanatismo, sea nacionalista o religioso (ambos en este caso), no agradece favores, pues los considera unos presentes que les son debidos; de hecho, lo más probable es que el benefactor sea despreciado, como hizo Irán por anticipado, por ser poco diligente y desprendido.

Wesley Clark y el GOM.

El general Wesley Clark, uno de los pocos líderes americanos que entiende lo pernicioso del sistema electoral de listas de la UE y que hubiera sido mucho mejor presidente (tocaba afroamericano), suele recordar como ya en 1.991 se pensaba cambiar Oriente Próximo a bombazos, aunque luego, afortunadamente, se tomó la vía tradicional y pragmática de un plan para el Gran Oriente Medio, consiguiendo, por vía diplomática, que el sátrapa Gadafi eliminara su armas químicas.

Esas declaraciones de Clark tienen muchas aristas de interés, pero solo resaltaremos una: el estamento militar y de inteligencia estadounidense respeta escrupulosamente la cadena de mando y hacen lo que les ordenan aunque sea absurdo, cierto es que aún no se han forzado los límites al máximo. A partir de 2009, con Obama, aplican ese plan con otros medios (los fines pueden ser incluso peores), fructificando dos años después con la primavera árabe libia aprovechando el éxito revolucionario en la corrupta Túnez en diciembre de 2.010, convirtiéndolo en un proceso de guerras civiles donde la infantería la ponen, entre otros, los Hermanos Musulmanes y Alqaeda y, si va mal, EE.UU. o la OTAN hacen de fuerza aérea.  

¿Dictadura o Totalitarismo?

Una vez más surge el cuestionamiento de si un mandatario elegido puede llevar un Estado al totalitarismo; en ese sentido, el golpe de Estado egipcio ha sido casi el resultado natural de una revolución que marchaba por las tres etapas clásicas: caos, terror y agresión exterior, y los militares egipcios, que han luchado en varias guerras (por el canal, con Israel, en Yemen del Norte, terrorismo islámico) y padecido sus horrores, veían que, además de las masacres internas, un presidente antijudío terminaría llevándoles a la guerra con Israel.

Egipto es el único país árabe con un tratado de paz con Israel y una razón principal es que, si a Israel se le abre un frente en el norte, su mayor temor desde los tiempos del rey David, y  Egipto les ataca, solo tienen que volar las presas de Asuán para neutralizar su fuerza. A la Hermandad Musulmana eso le da igual e incluso lo aprovecharía para responsabilizar al ejército y “depurarlo”.

Mass Media y Think Tanks

Sabido es que la verdad es la primera víctima de la guerra y en Occidente la mayoría de los grandes grupos mediáticos y centros de análisis estratégico, incompetentes en la comprensión de la emersión del Islam, son mayoritariamente partidarios de Obama, renunciado los primeros a ser cuarto poder hasta casi recordar a los pingüinos turcos, que es como llaman allí a la prensa servil al régimen islamista, una afortunada expresión, la de pájaro bobo, que bien podría convertirse en un término de uso global.

Desde su posición dominante, su vacío informativo calla las atrocidades recientes y es casi imposible encontrar un gran medio aconfesional que informe de decapitaciones y crucifixiones por grupos fanatizados que aplican por su cuenta la Sura 5:33 del Corán, como tampoco informan de musulmanes que defienden a sus vecinos de hordas organizadas y desconocidas que llegan a sus barrios a matarlos, sean cristianos egipcios o drusos y kurdos sirios.

El botín sirio

Como se ha visto en el caso del acoso fiscal a la oposición y al Tea Party o en la acción de espiarnos a todos, Obama y sus subordinados, aparte de sus tendencias totalitarias, parecen delincuentes chapuzas por su apresuramiento y empecinamiento en bombardear Siria (¿Bandera falsa en enero?), donde tampoco tienen un plan posbélico, llegando a bordear el impeachment y dando a entender que su presidente necesita premiar como sea a la Hermanos Musulmanes, una vez fracasado su proyecto egipcio. Siria, con su régimen indefendible, por lo menos era casi el único país del árabe donde se vivía una convivencia pacífica interétnica y religiosa y las acciones de Obama van camino de instalar allí una especie de Afganistán (¿con armas químicas?) del Mediterráneo.

Escalada bélica

La guerra civil en Siria, aliado de Irán, Hezbolá y de Rusia como contrapeso de Turquía, empezó por una división del ejército, con lo que muy bien podría ocurrir que los rebeldes tuvieran capacidad de guerra química. ¿Cui prodest? No importa, se le ataca, pero si el régimen chiita sirio se viera acorralado por un ejército suní con apoyo aéreo americano o si un misil Tomahawk volara un arsenal químico, en lógica militar, podría atacar, junto con Irán y Hezbolá a Israel, como ya han anunciado, faltando ya solo que a la armada rusa le diera por derribar Tomahawks para salvar la honra.

Cierto es que Israel tendría una vitoria, pero sería con graves pérdidas, porque esa lluvia de misiles (¿65.000?) no hay cúpula de hierro que la pare ni es efectiva ante armamento químico, que seguro haría mucho daño a Cisjordania; tendría entonces que ocupar, como en 2006, territorio en Líbano donde están nuestras tropas y en Siria. ¿Si Israel es atacado con armas químicas, cuánto aguantaría ese pueblo, ya gaseado en masa, antes de usar su armamento nuclear? ¿Entraremos en el llamado escenario Isaías 17? No puedo creer que esta sea la única forma de evitar la amenaza terrorista con armas de destrucción masiva.

¿Caos económico?

Lo estimo improbable. Más allá de posibles blowbacks y de que los países petroleros que han invertido en el conflicto ya están sacando réditos, llegado al caso extremo EE.UU. podría controlar el Golfo Pérsico en unas seis semanas y, junto con la OTAN, el canal de Suez; sin duda el sector defensa, el dólar y las commodities cotizaran al alza y los índices bursátiles a la baja; mientras, estamos a la espera de la primera reunión del Congreso americano el próximo día 9 y de los contactos del G20 los días 5 y 6 en Rusia. No soy pacifista, pero a los que se animan con los ingenios bélicos y la Economía de Guerra mejor véanse antes las fotos de este enlace.

Para un escenario mucho menos adverso tenemos la experiencia ruinosa de la Primavera Árabe y, utilizando como indicador las exportaciones de servicios de viaje, según la Organización Mundial del Comercio, se podrían estimar las ganancias y pérdidas económicas en distintas áreas. Pero, quienes se alegran de la mejora turística en nuestro país, como nuestro gobierno, olvidan que la factura petrolera agrava aún más la caída del consumo por los temores del conflicto, empeorando a su vez el empleo y la recaudación fiscal justo cuando Europa empezaba a recuperarse.


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