Macro Matters

La libra y la cuesta británica

La economía británica, que sin lugar a dudas atraviesa un momento difícil, merece el interés de todos, porque aparte de ser un centro de interés para inversores y hombres de negocios y un pilar maestro de la arquitectura económica mundial, es también un caso que ofrece enseñanzas de gran utilidad para evaluar las medidas de gestión pública de unos y otros, aunque probablemente sea el caso más difícil de todos. Veamos por qué.

¿Post-Economics?

Perdón por el anglicismo pero con un caso tan peculiar, último viejo imperio devorado por el siglo XX, antiguo centro cultural, político y comercial del planeta y siendo una sociedad post-industrial madura, casi que habría de abrirle una sección especial en la Ciencia Económica. Como decía Asdrúbal Baptista, uno de mis maestros, “al analizar ciertas Economías, te puedes encontrar con un corredor de maratón que va a todo tren con 42º de fiebre”; él se refería a las economías petroleras, nosotros veremos hoy una de las pocas economías que mantiene parcialmente, tras la reciente rebaja de Moody’s, la calificación triple A.   

La economía británica sufre y/o disfruta de ese enclave financiero que es la City, con su gobierno autónomo y tradiciones propias, algunas muy coloridas, que es una fuente importante de riqueza y aportaciones al erario público, genera el 3,4% del PIB pero sus externalidades alimentan el 11,2% de los ingresos fiscales y es la única plaza financiera (acciones, bonos, seguros, futuros, divisas, arbitrajes, etc) y mercantil (commodities, futuros, etc) en el mundo, tal vez la mayor, capaz de rivalizar con Nueva York. Gracias a ella, Londres, y por extensión el Reino Unido, es un centro gestión, asignación y distribución de los recursos del Planeta, algo que fastidia particularmente a la caprichosa y nada democrática elite de la UE, que quiere corregir eso (¡!), claro, y con quien tienen un conflicto más que justificado.

Estamos pues en presencia de una economía dual que tiene un importante sector que está totalmente globalizado por un lado, de ahí que su índice bursátil (línea roja gráfica anterior) se vea poco afectado por la economía local, y por otro, al resto de la economía británica, primer soporte (el segundo es la City) del sector público británico y último recurso si la banca rompe.

Una financiación de vértigo

En la de la Cuenta Corriente de la Balanza de pagos (línea granate, siguiente gráfica), que también registra las rentas del capital y que, con esa plaza financiera, ya se pueden imaginar los flujos que mueve; también estarían las mercancías y servicios, estos últimos en buena parte globales, en los que casi pasa tres cuartos de lo mismo, quedando solo las mercancías como flujo “real”, afectadas por el deterioro de la balanza energética.

Aparece pues otra peculiaridad estructural que les hace distintos: la desindustrialización.  En fecha tan temprana como el año 2.000 la industria de manufacturas (en sentido estricto) proporcionaba el 18% del empleo y hoy está en el 11%; aún así, el actual gobierno sigue intentando promocionar ese sector y sus exportaciones (enlace a contenido), en un país queposee lo más difícil: excelentes marcas, que están poco explotadas y que tienen un lugar claro en una economía global que casi se podría decir está sedienta de ellas. Pero eso requiere tiempo y un decidido esfuerzo nacional.

Por otro lado está el financiamiento que les viene de la Cuenta de Financiera y del ajuste de sus balances. Lamentablemente, no podemos entrar en un informe sobre ese particular, pues,  si cuando vimos el caso español ya les castigué con un rompecabezas de hormigón que es un juego de niños al lado del informe británico, un informe del que hay quien piensa que pocos gobernadores de bancos centrales lo entendería. En todo caso, es en la Cuenta financiera donde reside el soporte principal de su triple A y de su déficit público (línea morada gráfica anterior)

Fines y medios

En la última fase de todos los ciclos, la mala, el sector financiero es el que más sufre y mientras más largo es el ciclo, peor, pues peores son los excesos cometidos; hoy el Reino Unido padece los suyos, burbuja inmobiliaria incluida (excepto tal vez en Londres, que es otra galaxia), y por su globalidad también los de otros, agravados para una generación por los errores de libro de un individuo concreto que puso en peligro el Sistema Internacional de Cobros y Pagos: Mr. Gordon Brown, sucesor de Tony Blair.  

El Reino Unido entró en la Crisis con un sector bancario excesivamente concentrado (otro error de libro) al que además Gordon Brown le destrozó su sistema de supervisión con la creación la FSA, hoy abolida por el gobierno actual, y cuando le estalló su invento, el bombero pirómano recapitalizó el sistema y estatalizó algunas entidades, haciendo lo correcto y lo que se ha hecho toda la vida. El plan completo, incluyendo facilidades del Banco de Inglaterra (banco central), supuso unos 650.000 millones de Euros, equivalentes al 65% del PIB español.

¿Y luego qué?

A diferencia de la acción británica o los graves errores españoles, desde el principio de la crisis fuimos partidarios de nacionalizar las entidades con problemas, pero exigiendo responsabilidades judiciales a fondo y reestructurando el modelo de negocio del sector evitando una excesiva concentración pasando luego a su privatización; porqué no se trataba de tapar agujeros si no de mejorar la gestión, hacer competitivo al sector y rentabilizar la inversión pública para generar crecimiento pudiendo sanear las cuentas públicas dañadas por la crisis y el saneamiento bancario.

Aunque el Reino Unido lo ha hecho bastante mejor que España y a pesar de tener un buen plan de ajuste fiscal que no castiga en exceso el crecimiento y de que su banco central, El Banco de Inglaterra, mantiene una política favorable al mismo, siguen sin orientar correctamente el sector bancario. Todo esto explica que, tras el año de impulso olímpico y jubilar de la reina, la economía empeora y se dé casi por hecho que haya entrado en una recesión de triple picado, o triple dip; nada que ver con las previsiones fantasiosas del FMI. En este punto, como en los otros, podríamos entrar en muchos aspectos aleccionadores de todo ese proceso, pero lo dejamos para quienes escriben los libros de esta Crisis, los mismos que nos trajeron hasta aquí, amos y señores de ese territorio. Así nos va.

La libra, en el punto de mira

La Libra, que empieza a pesar como un kilo, es junto con el Yen japonés, una de las pocas alternativas como moneda de reserva internacional al Dólar y el Euro, pero claro, cuando se han venido haciendo las cosas mal hay que pagarlo; además, estrenarán este 1º de julio como gobernador del Banco de Inglaterra a Mark Carney, un nómada canadiense (ahí han estado creativos), ex Goldman (aquí no), partidario del dinero fácil, aunque lo que sobra es dinero y lo que realmente falta es orientación del sector bancario; pero oye, ellos sabrán, que son muy listos. Lo hemos dicho varias veces, esta Crisis no perdona errores, ni micro ni macro. Han perdido cinco años.

Cuando empezó la crisis, la Libra venía de una fuerte sobrevaluación por la burbuja financiera y sufrió un duro castigo con el que se hicieron verdaderas fortunas, saltando del FTSE al dólar y abriendo posiciones cortas hasta que hizo el suelo natural del 2.009; en ese momento, tras el típico rebote, venía la prueba de la buena gestión pública y las incertidumbres electorales, sobre las que le hicimos una previsión a Business Insider (que pueden ver en este enlace, penúltima imagen), porque como siempre decimos, todo tiene su tratamiento.

La traicionera configuración triangular de la gráfica anterior, con su forma de bandera, ha tenido de cabeza por semanas a grandes analistas; se mantiene con el dólar (línea roja) pero rompió a la baja la del índice general (azul) y la del Euro (verde). Lo normal sería que hubiera roto  al alza, pero para eso hacen falta buenos datos macro, que la macro importa (Macro Matters) y no se puede subir yendo cuesta abajo.

Vuelta a empezar. Man, you are so bearish (Tío, eres demasiado bajista); puede ser, pero como empiecen a salir malos datos de PIB va a ser divertidísimo ver como todos se suben al carro de la devaluación; no digamos si se pierde por completo la calificación triple A. Será el réquiem de las fantasías económicas engendradas en tiempos del Nuevo Laborismo.


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