Macro Matters

El león de Judá (I)

Las noticias de lo que parece el fin de la escalada bélica siria abren un nuevo panorama para Israel, que es, casi desde su creación, el epicentro en que confluyen las fuerzas en conflicto de un Occidente pos-cristiano, que intentó una eugenesia democrática en Oriente, y que, a fuerza de renunciar a sus propios valores, ha terminado infligiéndose en una especie de eutanasia sistémica, de momento indolora.

Esa posición central en la confluencia de fuerzas históricas hace de Israel el centro del mundo, pero esta vez como enclave de Occidente y en ese sentido es como si fuera nuestro canario en la mina, un canario que lucha como un halcón; por esa razón, por las oportunidades económicas que se han abierto, vamos a dedicarle cierta atención, centrándonos hoy en temas demográficos y en los cambios económicos traídos por una nueva generación de gobernantes.

Visión personal

Israel posee como pocos una sociedad dinámica, vital, expansiva, del todo ajena al catetismo que nos asfixia, con unos actores económicos punteros, refractarios a complicaciones artificiales y prejuicios ideológicos o religiosos, respetuosos con la esfera privada, donde se vive una tolerancia verdadera muy distinta de la indiferencia perezosa, enfocados al progreso y al desarrollo de la persona y sus talentos. Su enorme parecido geográfico con el Levante español y la familiaridad de sus habitantes lo hacen a uno sentirse como en casa, y para un español que pensaba que nos tenía manía, fue realmente abrumador tener que rechazar tantas invitaciones a vivir allí. Siendo un desconocido, Israel es el país donde mejor me han tratado con diferencia.

E pluribis unum, o no

Aunque los hay de todos los orígenes y colores, en Occidente suele clasificarse a los judíos en sefardíes y askenazíes (olvidando a los mizrajíes), pero en Israel es común verse según la condición religiosa, es decir: ateos, agnósticos, liberales, conservadores, ortodoxos y ultra-ortodoxos. Esta calcificación no tiene porqué corresponder a una posición política; por ejemplo, Netanyahu, siendo un conservador en política que estudia las escrituras, es un liberal en lo religioso.

Como los judíos tienen la virtud de poner en evidencia las contradicciones del orden establecido, les han salido al menos dos grupos discordantes que son los siguientes:

Los ultra-ortodoxos, con fuertes tendencias sectarias y cuya imagen es utilizada por la propaganda anti-judía como estereotipo del sionismo (cosas de la ignorancia), cuando en realidad muchos son contrarios al Estado de Israel, tienen con gran diferencia la natalidad más alta y se niegan rotundamente a hacer el servicio militar desafiando abiertamente al Estado.

Un segundo grupo, muy minoritario, son los llamados judíos mesiánicos, a quienes el estado de Israel no reconoce su condición de judíos (yo diría que lo son) y que, muy resumidamente, podríamos decir que interpretan la Trinidad judía igual que los cristianos, consideran al Nuevo Testamento tan valido como el resto de las escrituras sagradas tradicionales dándole un tratamiento parecido al que le dan lo cristianos bíblicos.

Podría haber un tercer grupo, los rusos, que han llegado en gran cantidad desde los noventas, son cerca de un millón de los casi ocho millones de ciudadanos, mantienen su cultura rusa y cuando los ven algunos se preguntan si en realidad son judíos, pero se les pasa rápido el purito étnico. Adicionalmente, un 20% de la población es árabe (80% musulmanes) y un 5% cristianos no árabes y, por toda esa diversidad, que además incluye una importante comunidad judía latinoamericana hispanohablante, hay quien piensa que de no ser por las amenazas externas los enfrentamientos internos serían muy duros. La suma de todos da una población cercana al 2,2% de quienes se declaran, abiertamente o no, sus enemigos jurados. 

Cambio generacional

A Israel, como a todos, se le puede estudiar desde una teoría generacional que hemos usado en este blog, la de Howe y Strauss, pero también con otro enfoque: el de los nacidos en Israel. Hasta 1983 la política israelí estuvo dominada por el espíritu de la diáspora y por políticos que en su mayoría habían nacido en el antiguo imperio ruso y en Polonia, que se ganaron la hegemonía cultural a fuerza de ilusión, alegría (¿Nagila?) y esperanza (Hatikvah) por la tierra prometida, con un mesianismo estatalista de inspiración marxista, deudores ideológicos de la liberación por los soviéticos del exterminio nazi y cuyo mascarón de proa fue el partido Mapai.

El Mapai, y luego su heredero el Partido Laborista, tuvo éxito en la consolidación de Israel afrontado enormes retos, había que hacer renacer un territorio muerto, construir un Estado, defenderse dentro y fuera, ganar guerras, construir infraestructuras, desarrollar la energía nuclear, la educación, crear una economía para los inmigrantes y un largo etcétera. En su etapa laborista se fue moderando pero eso no evitó que llevara el sistema a sus límites, produciendo una crisis de hiperinflación que ponía al país al borde del colapso.

En 1983 el partido Likud (derecha) cambia el primer ministro pero, como diría San Esteban, “los judíos no suelen verlo a la primera” y los electores traen al viejo Laborismo en 1984 por dos años; sin embargo, el cambio ya se había dado: una generación de nacidos en Israel llegó a la política tanto en el Laborismo como en el Likud, pasándose del tradicional mesianismo político, hasta cierto punto lógico y comprensible, a un pragmatismo realmente sorprendente que mantiene de lo viejo todo lo que cree útil. En 1985 aplican un duro plan de ajuste, se controla la hiperinflación (línea morada, gráfica anterior), se sigue creciendo (línea negra) aprovechando bien los ciclos y se consigue absorber de forma sana el aluvión inmigratorio.

Esa nueva política da sus frutos y permite que se desarrolle la Economía de forma que el endeudamiento público (línea marrón, gráfica siguiente), tras la recesión del 2001-2002, bajara en una década del 100% del PIB al 70% actual al tiempo que se reducía el peso del sector público (línea azul clara, gráfica siguiente), con unos ratios mejores que, por ejemplo, los franceses, que utilizamos como caso promedio europeo.

Tareas pendientes

Por supuesto que tienen muchas, pero en su organización y gestión económica queda entre Francia y Turquía y no se compadece en absoluto con su potencial político, sus capacidades académicas y técnico-científicas, con las de su elite empresarial y directiva o simplemente con las virtudes cívicas del israelí medio.

Se puede entender que por los imperativos de discrecionalidad de sus necesidades de defensa y seguridad, por la importancia de la industria de armamento, donde hay tantos arreglos turbios, y por su enorme población recién llegada haya un cierto grado de corrupción y restricciones a la libertad, pero no a esos niveles.

En estos malos datos influye sin duda su condición de república parlamentaria con sistema electoral proporcional (similar al nuestro), sin división de poderes y no representativo, donde los partidos pequeños, al estar sobre-representados, tienen mucho poder prestándose al mangoneo político y otras mamandurrias, que decimos por aquí. Ya que miran tanto a Estados Unidos deberían asimilar su sistema al completo o si no el parlamentarismo representativo británico, mejorándolo y librarse de su modelo a la UE.

Hay otros temas de interés, que nosotros no dejaremos pendientes, como son su sector exterior, su desarrollo industrial, nuestros imitadores fraudulentos, aspectos geopolíticos, el descubrimiento de gas y petróleo y por supuesto el valor del Shekel, la divisa israelí, pero eso lo veremos la semana que viene.


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